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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE IN MEMORIAM John Hope Franklin Historiador de la odisea afroamericana Murió a los 94 años en su hogar de Durham, Carolina del Norte, dedicado al cultivo de la orquídea. Fue, probablemente, el historiador más laureado de su época, con más de cien títulos honoris causa POR EDUARDO CHAMORRO n 1995 Bill Clinton le concedió la Medalla de la Libertad, el más alto galardón concedido a un civil, en atención a los méritos acumulados a lo largo de sus entonces 80 años, subrayando el coraje con el que Hope Franklin había abrazado la causa de la integración como una necesidad vital para la nación Diez años después, en una conferencia pronunciada en Carolina del Norte, John Hope Franklin declaró que ni siquiera en aquella época o a aquellas alturas había logrado zafarse del todo de los modales de una sociedad dispuesta a asignar a los hombres unas tareas y unos cometidos definidos por su raza. La noche anterior a la entrega de aquel premio, en un club de Washington, una mujer blanca se dirigió al galardonado para que llevara su abrigo al guardarropa. Poco antes, en el hotel, un blanco le entregó las llaves de su coche para que se lo recogiera en el aparcamiento. Aquel negro del que se requerían los servicios acordados para su raza por una sociedad segregacionista, era ni más ni menos que el primer afroamericano que presidía la American Historical Association, el primer presidente negro de un departamento del Brooklyn College... El primer negro, en fin, al frente de una serie de instituciones como la Duke University de Carolina del Norte, el departamento de Historia de la Universidad de Chicago y la Southern Historical Association. Dos años después de concederle la Medalla de la Libertad, Clinton le seleccionó para encabezar su equipo de asesores en la Iniciativa Presidencial para la Raza. Los representantes de las Naciones Indias protestaron inmediatamente el nombramiento, y a sus protestas se añadieron los sectores mas conservadores de las otras minorías, en una actitud que se mantuvo durante los quince meses de un trabajo cuyos resultados fueron calificados por la oposición como decepcionantes y repletos de perogrulladas Pero Hope Franklin estaba más que acostumbrado a que le protestaran la presencia. Nacido el 2 de enero de 1915 en Rentiesville, Oklaho- E ma, su padre era el abogado Buck Colbert Franklin, que se había visto obligado a abandonar Louisiana, con su mujer, Molly Parker Franklin, para poder trabajar en los tribunales. Cuando su hijo John cumplió cinco años se trasladaron a Tulsa, donde entraron en contacto con los líderes sureños de los derechos civiles. Y fue en Tulsa donde el chaval aprendió a no subirse a los trenes sin vagones para negros, así como a ocupar los asientos reservados a esa raza cuando acudía a las sesiones de la Tulsa Opera House. El despacho de su padre fue incendiado en los motines de 1921 y, años después, la Universidad de Oklahoma rechazó su admisión. En 1935 se graduó en la Fisk University, de mayoría negra, y estaba a punto de emprender los estudios de abogado que le recomendaba su padre cuando Ted Currier, un profesor blanco de la Fisk, le convenció de que estudiara Historia en Harvard, para lo que le prestó quinientos dólares. Y en Harvard se graduó John Hope Franklin en 1941. Dos años después publicaba The Free Negro in North Caroline, 1790- 1860, primero de una larga se- rie de libros dedicados a la descripción gigantesca y pormenorizada del panorama racista en el Sur de los EE. UU. donde el segregacionismo cumplía a la perfección lo observado por Tocqueville en el sentido de que la esclavitud convertía al ciudadano sudista en un dictador desde su más tierna infancia En The Emancipation Proclamation, escrito en 1963, examinaba el desarrollo de las ideas de Lincoln durante las generaciones posteriores a la Guerra Civil, como un intento de llevar la Declaración de la Independencia hasta sus últimas consecuencias. Treinta años después, en 1993, planteaba en The Color Line la dimensión del problema racial en el siglo XXI. La historia es la herramienta para la consecución de la igualdad y de una auténtica independencia declaró en la Biblioteca del Congreso. En 1997 editó la autobiografía de su padre, Buck Colbertt Franklin, hijo de un esclavo en manos de un propietario indio, que, alcanzada la libertad, se hizo cowboy y ranchero. Fue el patriarca de una dinastía americana de líderes de los derechos civiles. Cuando el condecorado fue confundido con el aparcacoches Una noche antes de que Clinton le condecorase con la Medalla de la Libertad, Hope Franklin fue confundido con el encargado de guardarropa en un selecto club de Washington Poco antes, en su hotel le tomaron por el aparcacoches. Todavía cuesta desprenderse de viejos estereotipos