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12 4 09 EN PORTADA Valla en el puente de la frontera entre EE. UU. y México, en Ciudad Juárez. Frontera entre dos mundos condenados a confluir en un mismo mundo mestizo CORINA ARRANZ Ciudad Juárez Donde los niños juegan al narco (Viene de la página anterior) jas janiando (del inglés honey miel) los antaño famosos puticlubs de la zona están cerrados o casi vacíos, y las escasas meretrices en activo parecen reclamos folclóricos puestos por el Ayuntamiento. ¿Y las drogas? Más complicado conseguirlas que en ningún otro lugar del mundo- -cuenta Roberto, un superviviente de la noche juarense- Los pequeños narcos han desaparecido: antes, por temor a las bandas rivales; ahora, por miedo a las patrullas. Quien consigue mota (marihuana) no la saca de su casa, y la consume con vaporizadores o pipas que no producen humo, para evitar atraer la atención de los federales Estamos en La cucaracha el primer bar de México, situado al pie del puente internacional que une Ciudad Juárez con El Paso. Un local grande y bonito, decorado con instrumentos musicales y fotografías antiguas, que sin duda conoció tiempos mejores. Estamos solos con el dueño y unos tragos de sotol de chuchupaste (aguardiente elaborado con agave y la raíz de una hierba) Antes esto estaba lleno de gringos- -recuerda Fernando detrás de la barra- pero dejaron de venir: antes, por los narcos; ahora, porque lo primero que se en- cuentran al cruzar es a un chamaco chaparrito de Oaxaca, vestido de verde y con un fusil al hombro que abulta más que él No hace mucho, se decía que el principal atractivo de El Paso era estar cerca de Ciudad Juárez; ahora, se dice que el principal atractivo de Ciudad Juárez es estar cerca de El Paso. Así parecen confirmarlo las largas y constantes colas que se forman en sus tres puestos fronterizos- -más de dos horas en coche, media hora larga para cruzar a pie- a pesar de que los juarenses cuentan con la mica la visa láser, que les permite adentrarse sin problemas hasta 35 millas (56 kilómetros) en territorio de la Unión. Las calles- -siempre iguales, siempre repetidas- -siguen desiertas. Nos cruzamos con varias patrullas, pero no nos dan el alto. Ce- La gente se acostumbró a la violencia hasta el punto de convertirla en espectáculo. Había padres que llevaban a sus hijos a ver al último decapitado cuenta un portavoz de la Policía Los chavos no están interesados en el rock, sino en la música de la subcultura del narcotráfico- -los narcocorridos- -con todo lo que ello conlleva confiesa un rockero rramos la noche en El Centenario una de las casas de comidas (no se puede llamar restaurante a este rincón mínimo, con una ínfima barra, una cocina y un frigorífico domésticos y unas sartenes que podrían salir a subasta como antigüedades) que se disputan la invención del burrito la tortilla de harina de trigo grande, rellena, enrollada y doblada. El de carne deshebrada está delicioso a esas horas de la madrugada. Algunos camioneros echan un último bocado antes de seguir su ruta hacia EE. UU. Amanece un nuevo día. Por primera vez, los coches de la policía local patrullan las calles en compañía de soldados. Dos municipales, que no portan armas, junto a dos militares y un camión del Ejército como escolta. ¿Quién vigila a quién? Camino del aeropuerto, más retenes de los federales. La cosa está más tranquila ahora- -comenta el taxista- pero estos hijos de la chingada son peores que los otros: si no llevas la documentación en regla, te sacan doscientos pesos de mordida. En eso no ha cambiado nada: sólo han subido las tarifas Nuevo paso por migración y aduana. Nada que declarar. Aún acierto a leer un último cartel: Antes de pedirle a Dios que cambie a Ciudad Juárez, pídele que te cambie a ti Amén.