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2- 3 D 7 LOS DOMINGOS DE pasando de cinco a tan solo uno. Ahora está en la calle. Pero los juarenses llevan dentro el espíritu del trabajo, y José ya ha montado una tienda de abarrotes (el típico colmado o tienda de ultramarinos de barrio) y un taller mecánico. Aunque está cabrón se lamenta. No son los únicos que han perdido su puesto de trabajo. La ciudad está plagada de locales vacíos que en su momento fueron activos negocios, y cuyos dueños decidieron cerrar ante las amenazas del narcotráfico. Un día apareció un tipo y entregó una tarjeta a uno de mis empleados con un número de teléfono- -cuenta Juan Antonio, anterior propietario de un restaurante- Se identificó como miembro de Los Zetas (brazo armado del cártel del Golfo) Llamé desde una cabina pública y, aunque nadie respondió, sentí miedo y cerré el restaurante. Ya había visto morir una noche al valet (aparcacoches) del párking de enfrente, que también se dedicaba al narcomenudeo (trapicheo con drogas) y no quería seguir sus pasos Ángel es representante de repuestos clínicos para odontólogos, pero últimamente su jale (trabajo) está de capa caída. El 70 por ciento de los clientes de los dentistas de Juárez eran estadounidenses, cuyo seguro médico también les cubre aquí. Pero ahora no se atreven a venir dice. Tampoco lo tienen fácil los jóvenes para divertirse en una ciudad de la que, antaño, se decía que bastaba con cubrirla con una carpa para tener la cantina más grande del mundo. La violencia del narcotráfico retrae a la gente a salir de noche- -con el consiguiente cierre de locales de copas y discotecas- y la actual presencia policial y militar no invita a ir de marcha. Aún así, sobreviven cinco o seis garitos con música en vivo y algunas bandas, pero sin la diversidad que se aprecia en otras localidades fronterizas como Monterrey o Tijuana. No hay un movimiento de rock en Ciudad Juárez, ni tampoco hay interés en las autoridades por promoverlo. Juárez ha vivido del narcotráfico durante muchos años- -dice Edgar Huesca, bajista del grupo Ancla- Muchos chavos no están interesados en el rock, sino en la música de la subcultura del narcotráfico y todo lo que eso conlleva Música, la del narcocorrido, que los criminales emplearon durante meses para interferir la propia frecuencia de la policía cada vez que ejecutaban a un agente. La avenida Juárez y sus aledañas forman el centro de la ciudad, completamente desierta al filo de la madrugada. El rock escasea. El sexo, parece que también: ya no salen las cuadrilla a sixtinear en la 16 de Septiembre, ni se ven pare (Pasa a la página siguiente) Negocios a la baja son corruptos. Y ahora hay mecanismos anónimos para presentar una denuncia. La maquila trajo el pleno empleo a Ciudad Juárez. Pero, también, el trabajo fuera del hogar de padres y madres, mientras los hijos se crían... Dios sabe dónde. Los niños se han visto afectados directamente por la violencia; ya no juegan a policías y ladrones, sino a narcos de una banda o de otra. Y en sus pláticas no comentan sobre el programa que vieron el día anterior en televisión, sino sobre la última matanza o el último asesinato dice Antonio Pineda, director de la escuela primaria Manuel Primo Corral, situada en una zona caliente de la ciudad. Hemos reforzado las medidas de seguridad del colegio dice Pineda porque el colectivo de maestros también ha sido víctima de extorsiones La ausencia de parques o de instalaciones deportivas para niños y jóvenes es tan notoria como la presencia desmesurada de coches, tanto en sus calles como en los yonques (del inglés junk yard desguace) muchos de ellos, de los llamados autos chocolate importados ilegalmente de EE. UU. La crisis económica internacional también empieza a afectar a una ciudad acostumbrada a convivir con directivos chinos, franceses o japoneses, pero para la cual el acento del español de España resulta curioso e inusual. Algunas empresas ya han tenido que cerrar, especialmente las vinculadas con la industria del automóvil. José trabajaba en una de ellas, que se vio forzada a cerrar turnos,