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HORIZONTES 22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE Casita de El Pardo E Nuevo brillo para una joya Cerrada desde hace 18 años, los tres últimos para su restauración, la Casita del Príncipe de El Pardo abre de nuevo sus puertas el próximo 3 de abril. Joya única en el mundo por la riqueza de sus telas, fue un ensayo de Villanueva para la construcción del Prado y un casino de recreo para Carlos IV y su esposa POR VIRGINIA RÓDENAS FOTOS: SIGEFREDO POR l 18 de diciembre de 1990, deteriorada por la humedad y huérfana de la estética y el sentido con que había sido concebida dos siglos antes, se cerraba sine die la puerta trasera de la Casita del Príncipe de El Pardo que, paradójicamente, había sido la exclusiva entrada por la que miles de viajeros habían penetrado en sus entrañas durante años, vetado el acceso natural, y principal, que es el que mira al Palacio Real, y al que le unía un paseo. Por eso, volver al casino de recreo del Príncipe de Asturias, que luego reinaría como Carlos IV es, por obra y gracia de un impresionante trabajo de recuperación arquitectónico y artístico, viajar en el tiempo y regresar al siglo XVIII, exactamente a 1784, cuando la monarquía española disfruta del esplendor y la gloria de un reino que es aún primera potencia del mundo- -España y Francia acaban de derrotar a Inglaterra y se ha reconocido la independencia de los Estados Unidos- -y tanta plenitud se recoge en obras plásticas que ensalzan a la Corona como garante de la estabilidad, la paz y protección de todo bien público que se manifiesta en la defensa de las bellas artes, como apostilla el historiador José Luis Sancho. Seguramente, El Pardo fue el Sitio Real favorito de Carlos III, donde vivía de Epifanía a Domingo de Ramos- -la primavera en Aranjuez, el verano en San Ildefonso, el otoño en el Escorial y el invierno compartido con Madrid- y aunque su hijo Carlos fue también aficionado a la caza y a este lugar tanto como él, no despertaba el mismo entusiasmo en la esposa y prima del Príncipe, María Luisa de Parma, que se aburría soberanamente en él mientras su esposo y su suegro se entregaban a la pasión cinegética, por otra parte, tan ligada a los Borbones y a estos bosques de encinas de Madrid plagados de cérvidos, jabalíes y conejos. Precisamente, fue por expreso deseo de la Princesa que se mandó construir en ese glorioso 1784 este pabellón- -las obras de decoración durarían hasta 1791- -sobre una antigua casa gallinero, con el objeto de que si debía pasar allí el día, que al menos fuera sin las formalidades del protocolo de la Corte. Y no sólo, porque para el futuro Rey la edificación de esta casa constituyó un pasatiempo estético- -como lo fueron las Casitas de El Escorial o la del Labrador de Aranjuez- siguiendo la tendencia marcada por sus primos de la familia real francesa. Porque no se trata de hacer casas para vivir, sino de crear escenarios para la felicidad con decoraciones exquisitas, en parajes apartados, pero cercanos a los palacios reales, donde privadamente disfrutar de almuerzos, veladas musicales y festejos. De esta manera, ir al encuentro de la arquitectura de Juan de Villanueva, tal y como concibió la Casa (Pasa a la página siguiente) El Salón de Terciopelos, de paredes y muebles decorados con terciopelo chiné a la rama es único en el mundo