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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE DE MI BITÁCORA Palabras huecas POR EDUARDO SAN MARTÍN ay quien se conforma apenas con un buen comunicado. En vísperas de la nueva cumbre ampliada del G 20, el listón de las expectativas se sitúa en niveles más bien modestos para evitar una frustración como la provocada por la pretenciosa cita de Washington. Once días después de la elección de Barack Obama, y con un anfitrión Bush de cuerpo presente, los líderes mundiales se comprometieron con una panoplia de ambiciosas tareas: mejorar la gobernanza mundial de los flujos de capitales, incluida una eventual reforma del Banco Mundial y el FMI; revisar los sistemas de regulación que habían fracasado estrepitosamente; e impulsar la ronda de Doha sobre comercio internacional contra cualquier tentación proteccionista. Y se daban de plazo hasta el 31 de marzo para acometer las reformas correspondientes. A dos días del vencimiento, nada de nada. Palabras huecas recordaba estos días el editorialista de un importante diario económico europeo. Basta recordar lo que ha ocurri- H do con el último de los compromisos. No sólo no se han reanudado las negociaciones de Doha, sino que, según el Banco Mundial, 17 de los países firmantes de Washington se han embarcado en una carrera de medidas proteccionistas. El nuevo documento incluirá probablemente una nueva mención ritual a la necesidad de acabar con las barreras comerciales, en un momento en el que se empieza a detectar una contracción preocupante en el comercio internacional que puede agravar aún más la crisis. No sobrará esa mención, a pesar de las dudas que pueda suscitar, visto los antecedentes, sobre las buenas intenciones de los firmantes. Si no aparece, entonces no cabrá ninguna duda de lo contrario. A veces las palabras huecas también son importantes concluía el mencionado editorialista. Diferencias no menores M ás allá de la ironía que rezuma el razonamiento anterior, cabe preguntarse si se puede esperar de la cumbre de Londres del próximo día 2 algo más de lo que alumbró el concilio de Washington. A favor de una respuesta esperanzadora conspiran argumentos importantes: cuatro meses de experiencia en planes de rescate y estímulo fiscal de todo pelaje; la sustitución de un pato cojo por un líder indiscutido en la presidencia de Estados Unidos; y la existencia a ambos lados del Atlántico de un diagnóstico compartido sobre la naturaleza de la enfermedad y los remedios a aplicar. Subsisten, sin embargo, diferencias importantes que algunos querrían reducir a una mera discrepancia sobre los ritmos. Estados Unidos está convencido de que la tarea inmediata es echar más paletadas de dinero público en la inmensa fosa cavada por la crisis, mientras que los grandes países europeos prefieren esperar a ver los resultados del dineral que ya se han gastado y, entretanto, poner el acento en una reforma de los sistemas de regulación y en la persecución de los paraísos fiscales, para que esto no vuelva a ocurrir. Washington insiste: cuando un incendio esta tirando la casa abajo, lo urgente es sofocar las llamas y no discutir lo que hay que hacer para que no vuelva a ocurrir, por utilizar la metáfora que empleaba The Economist hace un par de semanas. Pero bajo la epidermis de esa aparente discrepancia menor, laten al menos dos diferencias nada aparentes. La más importante, so- bre la gravedad de la crisis, que Estados Unidos considera espeluznante, y tiene todas las razones para saberlo. Y la segunda, sobre el déficit resultante del dispendio necesario para remediar la situación. Estados Unidos no teme endeudarse hasta las cejas porque su capacidad de recuperación fiscal convierte un descubierto descomunal en un equilibrio contable en poco más de un lustro, mientras que los principales países europeos, especialmente Alemania, consideran esa deuda un peso muerto que puede lastrar sus economías durante al menos una generación. Y esas no son palabras huecas. Contingencias ultramarinas l fin de la expresión Guerra Global contra el Terror ya ha sido codificada por el Pentágono, que ha notificado al personal decicado a la redacción de discursos y comunicados que la sustituyan por Operación de Contingencia Ultramarina La noticia la adelantaba el miércoles pasado en su blog el periodista de The Washington Post Al Kamen y se publicaba en las páginas del periódicoe al día siguiente. Bush se aferró a la expresión en contra de muchos de sus colaboradores, que quisieron suprimirla hace años. ¿Palabras huecas? www. abc. es blogs san- martin E