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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE LO PENSARÉ MAÑANA La moda del decapiting POR E. RODRÍGUEZ MARCHANTE UNCA había estado la prensa tan interesante y tan llena de intriga. Yo creo que debe de ser por influencia de Stieg Larsson y su descubrimiento de Millenium esa revista 10 en la que todos son profesionales, desde los dueños hasta el enano que hay dentro de la máquina del café. De todos modos, El hombre que no amaba a las mujeres y La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina las dos novelas de Larsson que se sirven como tapa para las cañas en los bares de la ciudad, proporcionan mucho me- N nos misterio que nuestra propia profesión; al menos, desde que se ha puesto de moda el decapiting un juego morboso entre la prensa competente, o así. El decapiting mal que nos pese a la purria, tiene su gracia: consiste en coger un manojo de juntaletras, de tipos ya grisáceos y revenidos por los millares de artículos escritos, firmados y sellados con su prescindible nombre, sobre los cuales pasará a cierta altura una guadaña manejada por un señor con un traje de tres mil euros, y ver cuántas cabezas caen y cuántos botes dan en el suelo. No diría yo que el decapiting es el deporte más de moda entre la gente guapa, pero en los últimos días han rodado por el suelo algunas de las mejores cabezas de unos cuantos periódicos que no suelo comprar, pero sí leer. En Barcelona, donde nunca hubo gran tradición en escabechar el pescado, la escabechina ha sido tremenda y sólo superada en impacto visual por esa matanza de focas que los canadienses perpetraron días atrás: las focas caían como periodistas, y los periodistas, como focas. El decapiting aunque es sumamente divertido y está trufado de suspense y de expectación, tiene también algunos inconvenientes: ciertas dosis de grosería y el impertinente riesgo de salpicar de sangre e inmundicia la pureza de cualquier traje, incluidos los caros... ¡Bonita manera de empezar la fiesta, con un traje hisopado de restos y bofes! Por no hablar del inconveniente que supone el ro- dearse de cabezas sin cuerpo y de cuerpos sin cabeza. Habrá que ver, en los próximos días, si esos periódicos que nunca compro se dejan siquiera leer, ahora que algunos de los que mejor los escribían están en la lógica operación de reunir cabeza y cuerpo. Leer a Santiago Fontdevila o a Lluís Bonet (por poner dos del ramo, teatro y cine) en La Vanguardia era, hasta ayer mismo, una obligación en Barcelona, y parece ser que a partir de ahora será un milagro, o un lujo. No sé. Es evidente que vivimos en un mundo en el que hay que doblegarse ante eso que está dentro del traje, pero tal vez no falte mucho para que nos percatemos de que quien realmente ha perdido la cabeza no es la víctima del decapiting sino los que le dejan la guadaña al fulano de turno. Claro que si lo habremos de ver desde el suelo, y al tercer bote, ya no tendrá la misma gracia. Ja. TIRA Y AFLOJA Por César Oroz NO SIEMPRE ES DOMINGO Aprobar suspendiendo POR XAVIER PERICAY ntre las conclusiones aprobadas la semana pasada en Bruselas por el Consejo Europeo en relación con la crisis económica, están las referidas a España. En síntesis, el Consejo le pide a nuestro país que acometa cuanto antes las reformas pendientes- -lo que viene a significar, pues somos arte y parte, que España se lo pide a sí misma- Y el caso es que entre las muchas y variadas reformas que, según esas conclusiones, debemos acometer, destacan las educativas. A todos los niveles. Por un la- E do, hay que reducir drásticamente el fracaso escolar y aumentar de forma considerable el número de bachilleres. Por otro, hay que adaptar con urgencia la universidad a las exigencias del proceso de Bolonia. Y, además, lo mismo en un caso que en otro, hay que hacerlo con una visión de conjunto, sin que ninguna autonomía quede descolgada, como si eso que llamamos España fuera en verdad un Estado indiviso. Es cierto que el Consejo se limita a pedir. Pero no deja de resultar significativo que sus peticiones incluyan la necesidad de una refor- ma del sistema educativo. Si algo hemos tenido en España en los últimos años y en este terreno, han sido precisamente reformas. Tres en dos décadas- -por no recular más en el tiempo- Primero fue la LOGSE en 1990, de gran calado; luego, la efímera y desventurada LOCE en 2002, y finalmente, en 2006, la LOE, versión actualizada de la primera de las tres. Así pues, salvo el breve periodo en que estuvo vigente la LOCE- -que devolvía al modelo de enseñanza algo de cordura- no hemos hecho sino revolucionar los pilares tradicionales del sistema, hasta el punto de que hoy en día, vistos los resultados del proceso, puede afirmarse, emulando las viejas palabras de Alfonso Guerra y confirmando su pronóstico, que la educación en España ha cambiado tanto que ya no la conoce ni la madre que la parió. En esas condiciones, ¿qué refor- ma puede emprenderse para tratar de que los jóvenes españoles- -como ocurre en la gran mayoría de países de la UE y del mundo desarrollado- -finalicen sus estudios obligatorios con bagaje suficiente y una orientación adecuada para afrontar, o bien la enseñanza posobligatoria e incluso la superior, o bien la formación profesional? Pues, ciertamente, no una reforma que abunde en lo ya existente, en esa costumbre de ir facilitando la promoción de curso en curso aunque el alumno no sepa nada, en ese aprobar suspendiendo, hasta que llega el momento fatal- -no importa si en los primeros o en los últimos peldaños- -en que se pierde pie. Claro que, para eso, el Consejo Europeo debería empezar dando ejemplo y no permitiendo que España, en tanto que país miembro, siguiera aprobando y, a un tiempo, suspendiendo.