Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
29 3 09 ACTUALIDAD 1 de abril de 1939 Setenta años del fin de la Guerra Civil Azcárraga El alférez que sobrevivió en Teruel Asegura que luchó junto a las tropas franquistas con menos pasión ideológica que instinto de supervivencia. Para él, la Guerra Civil fue un enfrentamiento contra natura, plagado de arbitrariedades POR MARTA MOREIRA FOTO MIKEL PONCE etrás de la muerte de un soldado no siempre hay grandes ideales. En muchas ocasiones es la inercia la que hace todo el trabajo sucio. Y es que si bien Cicerón dijo que prefería la paz más injusta a la más justa de las guerras, la realidad es que pocas veces se busca la opinión de los jóvenes que engrosan las filas. Ésta es en esencia la enseñanza que Eugenio de Azcárraga extrajo de la Guerra Civil española, una contienda que hizo florecer los ideales románticos de las plumas más excelsas, pero que otros no recuerdan con más pátina que la del polvo que mordieron en las trincheras. Este hombre de 93 años, que defendió con tan sólo veinte la posición nacional en los frentes de Córdoba, Asturias y Teruel, es de los que piensan que la guerra es una salvajada un invento con menor componente ideológico del que se le presupone. Se cumplen ya setenta años del fin de la Guerra Civil española, y a tenor de la virulencia que provoca el asunto en la arena política, parece que apenas ocurrió hace un par. Siempre nos quedarán los versos y la prosa de André Malraux, Hemingway, Orwell y Dos Passos, embaucados todos por el aroma exótico y el drama fraticida de una guerra contra el fascismo y por la libertad A lo que no le quedan muchas oportunidades es al testimonio directo de los superviviventes, algunos de los cuales asisten desde la barrera al debate sobre una memoria histórica a la que ellos contribuyeron. ¿Habita en sus mentes algún signo de arrepentimiento, algún resquicio de odio? ¿Arrastran traumas psicológicos? ¿Han optado por el olvido? Los soldados y milicianos que hoy viven para contarlo andaban entonces por los veinte años, una edad en la que estábamos preocupados por los estudios, el fútbol y las chicas. Sólo una minoría eran D políticos por afición explica este nonagenario de espíritu vitalista. Aunque el paso del tiempo desdibuje el pasado y lo reduzca a la raspa de una historia de buenos y malos, Azcárraga insiste en que los radicales y exaltados eran los menos: Si llegan a convocar un referéndum, no se hace la guerra asegura. En una guerra civil, insiste, la pertenencia a uno u otro bando depende de una pedrea perversa. En una guerra entre ingleses y franceses ya sabes dónde estás, pero aquí el factor geográfico determinaba por quién debías luchar Él mismo fue un soldado sin vocación militar, que recondujo su vida civil en cuanto tuvo oportunidad. Tras la contienda emprendió una próspera trayectoria como empresario del sector del acero, ocupación que le ha brindado la posibilidad de viajar por todo el mundo y afianzar el porte cosmopolita del que hoy hace gala. Siempre abierto a conceder entrevistas para compartir sus experiencias, nos abre las puertas de su acomodada vivienda en el centro de Valencia; un piso amplio que a pesar de su aspecto añejo conserva el aura señorial de sus orígenes. El salón en el que nos recibe está bien guarnecido con retratos de familiares y amigos. Entre ellos nos llama la atención el del presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, con el que se ha batido muchas veces en la cancha de tenis. Soldado sin vocación La guerra reduce tus instintos a la mera supervivencia, te convierte en un fatalista. Te mueves por inercia, eres un número, pierdes tu personalidad Lo peor no fue ver la muerte vestida de caqui, a eso estábamos acostumbrados sino a niños pequeños y mujeres, con su pañuelito, destripados por las bombas Es muy bueno nos confiesa este amante de la vela y la natación, que en su juventud llegó a obtener un récord de 400 metros de crol. Nacido en Jaén en 1916 pero de origen guipuzcoano, Azcárraga ha sido siempre un hombre bien relacionado, circunstancia que paradójicamente puso en peligro su vida en los prolegómenos de la guerra. Su abuelo, Marcelo Azcárraga- -que llegó a ser cuatro veces presidente del Gobierno durante la regencia de María Cristina- -estableció las bases de la rama familiar valenciana cuando se trasladó a la ciudad levantina como capitán general. Allí una de sus hijas contrajo matrimonio con el Marqués del Turia, uniendo así su árbol genealógico al de los Trénor, conocida familia burguesa valenciana con tradición política. Azcárraga no se consideró nunca un fascista furibundo, aunque si había que elegir prefería dejarse seducir por la promesa de unificación y orden que representaba Franco frente al caos de la Repú-