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22 3 09 FIRMAS Basagoiti pide a Patxi López garantías por escrito de que en el País Vasco habrá cambios en Educación y Comunicación TELEPRESS PUNTO Y SEGUIDO Historia de dos sabuesos POR PILAR CERNUDA T iene algo de patético la forma en que la dirección del PNV pretende mantenerse en el gobierno contra viento y marea. Primero dio el espectáculo advirtiendo que no era democrático ir contra la mayoría de los votantes, cuando hasta ahora habían callado como muertos cuando las alianzas se hacían en otras regiones, municipios o diputaciones. Pero lo de patético viene por su forma de mercadear con socialistas y populares. Les han ofrecido todo, pero todo, con tal de no perder el gobierno. Al PSE, cuando lo vieron tan duro, le llegaron a decir que se conformaban con la lehendakaritza, le daban todo lo demás. Al PP, para que no colaborara con los so- cialistas, le ofrecieron la mitad de las consejerías a elegir, la vicepresidencia, y la promesa de que nunca, pero nunca, votarían a Zapatero a lo largo de la legislatura. No cedieron ni los unos ni los otros, y allá andan ahora los equipos de López y Basagoiti hablando del nuevo gobierno. Sin mercadeo de cargos, lo que importa en este caso es el programa que va a aplicar Patxi López, y ahí los populares no se andan con bromas, quieren garantías de que se producirán cambios en la política educativa, en el rechazo a los partidos afines a ETA, y en los medios audiovisuales dependientes del gobierno vasco. Por escrito, por si en el futuro los socialistas caen en la tentación de compadrear con el PNV y vuelven a las andadas. En Galicia se inicia ya la semana Feijóo, una vez de vuelta de Uruguay, a donde fue para cumplir su promesa de agradecer el apoyo a los militantes que le votaron y quedarse de paso unos días más para disfrutar de unas merecidas vacaciones. Feijóo ha empezado a perfilar su futuro gobierno y dará alguna pista a los que llevan días con el corazón en vilo esperando su llamada. Y tendrá que preparar también su discurso de investidura con el programa que piensa aplicar los próximos cuatro años, con dos ejes fundamentales: reactivación económica y creación de empleo y, segundo, como ya advirtió, derogación del decreto sobre la lengua para retomar la situación anterior: enseñanza obligatoria del gallego, pero posibilidad de elegir asignaturas, exámenes y libros de texto en castellano, Rita Barberá consiguió el milagro de que Camps sonriera durante las fallas. La cremá, mascletás y nit del foc fueron apoteósicos y se superaron todos los records de luz, estruendo, ofrenda y visitantes, esto último fundamental para una Valencia que, como el resto de España, vive angustiada por el presente en crisis y el futuro incierto. Camps estaba cómodo, no solo por el afecto y el buen hacer de una Rita a la que no se le pone nada por delante y sabe cómo conseguir lo imposible, sino porque con el transcurso del tiempo se han conocido datos sobre el asunto de los trajes que le han llenado de alivio. Camps parecía noqueado desde el día que se produjeron las primeras acusaciones, pero ahí estaban al quite Federico Trillo y Juan Cotino. Se reunieron en Valencia, se repartieron el trabajo de investigación, se entrevistaron con docenas de personas, acudieron a las tiendas, vieron a empleados y responsables y revisaron con ellos los libros de contabilidad; analizaron las declaraciones de los acusadores del derecho y del revés para estudiar posibles nuevas pistas y destacar las contradicciones, aparte de descubrir que el principal acusador iba a salir muy escaldado del asunto porque aparentemente había cometido irregularidades contables muy serias. Y encontraron finalmente una página de un libro de cuentas que puede demostrar que Camps pagaba sus compras. Trillo y Cotino se pueden ganar la vida haciendo de polis salvadores de su partido. Como investigadores no tienen precio. Y tampoco lo tienen como administradores de la información: manejan los calendarios políticos como nadie. Sin embargo vienen días complicados, porque los socialistas buscan las vueltas a Luis Bárcenas, tesorero del PP, a ver si así ponen a Rajoy contra las cuerdas. El problema es que en Génova no están seguros de que los sabuesos Trillo y Cotino puedan sacarles las castañas del fuego.