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22 3 09 EL LIBRO BIBLIOTECA NUEVA Drieu y la cara oculta de Francia Drieu la Rochelle es un escritor maldito, extravagante, de gran talento, que se equivocó muchas veces, colaboracionista de los nazis en la Francia ocupada. Se suicidó en la campaña de persecución y ejecuciones sin juicio desatada tras la liberación contra quienes pactaron con el diablo. Su errada vida refleja algunas de las páginas más sombrías y ocultas de la reciente historia gala ierre Drieu duerme en un sueño de Luminal, el sueño profundo de la muerte que se ha provocado él mismo con la ingesta de las pastillas y una botella de champán. Aún no ha muerto. Son horas de oscuridad absoluta hasta que llega el alba a las cornisas de los mismos tejados que despidió la tarde anterior. Abren la puerta de la calle. Entra Gabrielle, el ama de llaves, que ha llegado más temprano de lo habitual. Encuentra al suicida sobre la cama. Inconsciente. Tendría que estar muerto pero no lo está. El primer teléfono que Gabrielle encuentra es el de Olesia Sienkiewicz, la segunda esposa del señor. Casualmente, Olesia trabaja como voluntaria en un servicio de ambulancias y acude rauda para llevar al moribundo al Hospital Necker, donde le procuran los primeros cuidados, un urgente lavado de estómago. Sigue inconsciente, está en fase terminal pero conseguirán recuperarlo. Olesia no se ha asustado, Drieu ya venía anunciando que haría una cosa así. No ha muerto, pero está muy mal. Es un sábado tórrido en la ciudad del Sena, las calles de París exhalan un fétido hedor, hace un calor húmedo y pegajoso. Es un día aciago. Doce de agosto de 1944. Olesia tiene que ocultar a su antiguo esposo, su querido Pierre. Los nazis salen de París y la resistencia está tomando las calles al asalto y con violencia. Se acercan los ejércitos aliados. La colaboración es perseguida. Tiene que salir de Francia lo antes posible, al menos de París. Olesia realizará las gestiones inmediatamente. Drieu es muy querido por sus amigos, y los antagonistas o adversarios que lo conocen tampoco le desean ningún mal al esforzado intelectual que lleva una temporada sin acertar con ninguna declaración pública. Pero la realidad es otra, con los odios y las traiciones, las envidias y los rencores. Buscarán la cabeza de Drieu la Rochelle. Tiene que irse. Los colaboracionistas, con la desbandada de sus protectores nazis, son condenados sin juicio previo, sumariamente están siendo buscados y detenidos; no habrá P Título: Pierre Drieu la Rochelle. El aciago seductor Autor: Enrique López Viejo Editorial: Melusina Páginas: 334 Precio: 19,50 Euros Fecha de publicación: 30 de Marzo conmiseración con ellos. Drieu tiene muchos amigos en las altas esferas, en uno y otro lado, es muy querido, pero son más los enemigos que no le perdonarán su imagen pública al lado de los invasores alemanes, de los jerarcas nazis, siendo desconocidas sus verdaderas motivaciones, intenciones y actividad desarrollada al lado de los ocupantes. No se le trataría con justicia, si acaso, con cierta piedad. A él la piedad no le interesa. Había aplaudido a Hitler. Una locura. Su pluma había loado a los jerifaltes nazis y eran conocidas sus veladas entre los cortinajes de los salones franceses, ocupados por los alemanes, bebiendo whisky inglés. El embajador Abetz había sido amigo personal suyo. El castigo será inexorable, se dictarán penas de muerte. Alta traición a la nación francesa. Drieu va despertando, no ha muerto. Tres días después consiguen cama para él en el Hospital Americano de Neuilly. Es un refugio mejor hasta que se recupere y se le pueda ocultar en algún lugar. Todo el mundo se ofrece para protegerlo y cuidarlo, pero serán sus mujeres quienes lo hagan. Se produce una anécdota extraordinaria. Olesia Sienkiewicz conduce la ambulancia que traslada al enfermo del Hospital Necker al Hospital Americano, al norte de la ciudad. En el camino se queda sin gasolina, en el bulevar Delessert que sube del Sena hacia la plaza Alboni. Se quedan parados en medio del caos parisino, en una ciudad con tres millones de habitantes y sumida en un abigarrado tráfico, especialmente agitado por el ritmo de los acontecimientos, con miles de citroën luciendo banderas tricolores y haciendo sonar sus bocinas. ¿Quién aparece en Enrique López Viejo Historiador Brasillach, escritor y periodista, colaborador de los alemanes, es fusilado. Por él han intercedido Valéry, Mauriac, Cocteau y Albert Camus, pero su defensa no ha servido de nada Todo son listas negras, depuración, comités, venganzas. ¿Miedo? ¿Qué se puede decir? Todavía piensa, escribe e insiste en las mismas letanías fascistas y comunistas auxilio del vehículo averiado? Un coche tras la ambulancia resulta ir conducido por Colette Jeramec, la primera mujer del enfermo semiconsciente que va en la camilla. Olesia y Colette, juntas y rivales, salvando a su suicida amado. Drieu, el hombre cubierto de mujeres, está siendo socorrido por sus dos primeras esposas. En el Hospital Americano le exponen la necesidad de que salga sin demora del país. Puede ir a Suiza, donde le esperan buenos amigos, o a España, donde tiene importantes contactos entre los falangistas y algunas autoridades en el régimen; es un país en postguerra relativamente tranquilo para él. Drieu se niega desde el principio. Ha decidido matarse y lo hará tarde o temprano. ¿Para qué el exilio? ¿Para qué las prisiones? ¿Para qué esperar a que lo ejecuten? Se matará él mismo. El suicidio será su particular liberación, la afirmación de su suprema libertad. Lo intenta de nuevo, esta vez muy asustado. Se corta las venas pero las pone bajo un grifo de agua fría y acaba llamando a la enfermera. No ha sido definitivo, pero no quiere que le digan adónde debe ir. Tiene que salir del hospital. No sabe si quiere recuperarse, el impulso le viene del exterior, le obligan a salvarse. Sus mujeres acuden en su ayuda, todas están cerca. Colette Jeramec le refugia en casa de su amigo el doctor Legroux, donde estará controlado y protegido y, una vez recuperado, buscarán un lugar en el campo donde ocultarlo una larga temporada. Olesia Sienkiewicz insiste en sus gestiones para la salida del país. Fue su segunda esposa, la divina polaca hija del único banquero pobre del mundo, como ironizaba Drieu. La amó de verdad, breve pero intensamente. Al final, abandonada por Pierre, se marchó con un amigo médico, el psicoanalista Jacques Lacan, y se divorciaron. Colette, por su parte, siempre había estado ahí, fiel y amiga, protectora y vigilante, y no hacía mucho se había visto correspondida por este loco de su primer marido: Drieu había conseguido su liberación de Drancy, un campo de prisioneros de los nazis. Colette Jeramec era judía, médico y millonaria.