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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE IN MEMORIAM Ron Silver Actor politizado y político de raza Muere a los 62 años el más avezado intérprete del asesor, esa sombra que sigue siempre a los políticos y les va dando consejos. Todo un histrión de doble entrada POR EDUARDO CHAMORRO enía muy poca gracia este hombre. Era un actor sin gracia, sin ese atributo tan fácil de captar y tan difícil de pormenorizar que consiste en una hechicería que podría venir a ser algo así como el espíritu del sexo y el sexo del espíritu. Carecía de ese encanto, pero era tenaz en la composición de sus personajes, y eso hacia de él un actor eficaz, preciso y convincente. No era un intérprete de los que se recuerdan, pero sí era de los que se reconocen. Añadía unas gotas de confianza y costumbre a las tramas en las que intervenía. Dominaba ese tipo de aplomo que consiste, fundamentalmente, en saber poner ante las cámaras cara de tener muy malas pulgas y muy pocos pelos en la lengua. Claro que eso formaba parte de lo que le era más natural. Tenía algo de bicho raro no sólo en los papeles que interpretaba. Frente al tópico americano del universitario especializado en una rama académica, Ron Silver era, más bien, un disperso. En la State University de Nueva York en Búfalo estudió castellano, y en la Saint John University de Queens, de Nueva York, se graduó en estudios asiáticos. Hablaba chino. Dirigió durante casi diez años el sindicato de actores Actors Equity, cuyo izquierdismo no le impidió apoyar el escudo antimisiles conocido como Star Wars Guerra de las Galaxias planteado por el presiden- T AFP El hombre que encarnó a la sombra La especialidad interpretativa de Ron Silver sin duda fue la del hombre en la sombra. Tal es el caso de su Bruno Gianelli, el asesor siempre en las bambalinas de la serie El Ala Oeste. O el de su papel en Enemigos, una historia de amor, donde su personaje se gana la vida como escritor fantasma de un rabino. En la sombra. te Reagan. Era todo lo políticamente complejo que se puede ser para sorpresa de un gusto español, más inclinado a votar con un sentido casi vitalicio del compromiso. Silver trabajó a favor de Giuliani en su campaña para la alcaldía de Nueva York. Y defendió la candidatura de Bill Clinton. Más tarde apoyó al presidente Bush por su decidida ofensiva contra el terrorismo islámico, y después, en plena lucha con el cáncer de esófago que acabaría con él a los sesenta y dos años, dio su voto al candidato Obama. Hijo de un sastre y de una profesora de instituto, Ronald Arthur Silver nació el 2 de julio de 1946 en Manhattan, estudiando arte dramático en la escuela de Herbert Berghot. Soy actor por vocación, pero lo que en realidad más me gusta es la política Su hermano Mitchell Silver, subrayó, al dar la noticia de su muerte, que ninguno de sus colegas actores compartía sus opiniones políticas, aunque quizá las compartieran sus colegas políticos A lo que añadió: Sus dotes interpretativas le dejaban a uno pasmado. Sus espasmos conservadores, también Puede que la versatilidad imprescindible en el actor, añadida a la paradoja del comediante señalada por Diderot, tuvieran mucho que ver con su desarrollo del ideal latitudinario, según el cual si hay salvación fuera de la Iglesia, entonces podía haberla en cualquier parte. Políticamente consiste en la hi- pótesis de que las opiniones no deben ser objeto de hipotecas. Hoy estás a este lado del Congreso o de la Cámara (o, ya puestos, del Paraíso) y mañana estás en el otro, donde ni tu te hubieras imaginado. Winston Churchill lo hizo en el Parlamento británico. Es un movimiento que recibe el nombre de cruzar el pasillo y sus razones pueden ser ideológicas al igual que instintivas. Si bien en el caso de Ron Silver tampoco faltan críticos absolutamente seguros de que le gustaba tanto el arte de la interpretación que nunca dejó ni siquiera de interpretarse a si mismo, en la mayor variedad posible de los papeles a mano Podía ser esto y aquello: síntesis, refutación y dialéctica. Fuera como fuese, su experiencia fue copiosa en el cine, el teatro y la televisión. Con un premio Tony logrado en 1988 con una comedia de David Mamet, y el impacto de sus apariciones cinematográficas como el abogado del Misterio Von Bulow, el entrenador de Mohamed Ali o el psicópata de Acero azul, le abrieron el camino para su impresionante Kissinger en Kissinger and Nixon y el genial y definitivamente latitudinario Bruno Gianelli de The West Wing (El Ala Oeste, serie de Televisión) un asesor tan idóneo en su consejo al presidente demócrata como al candidato republicano. Quizá consiguió ese punto de excelencia en el oficio que consiste en controlar el poder y, mucho más, sus veleidades.