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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE Chad- Sudán La justicia llega tarde a África TEXTO: ALFONSO ARMADA i se define el progreso no como un aumento de los bienes, sino como una disminución de los males del mundo... Las palabras del sabio alemán Hans Blumenberg podrían servir sin forzar su sentido para impugnar dos de los regímenes más perversos de África: Chad y Sudán, donde injusticia a manos llenas es el plato de cada día para millones de almas en campos cauterizados por el sol, como los de Oure Cassoni o Amnabak, al noreste de una sombra de país llamado Chad. La justicia es una planta más rara que el agua en estas tierras de hermosa pesadumbre. Pero se puede hablar de ella con dos europeas adscritas a Oxfam, al atardecer, a orillas del río Chari, que hace de frontera con Camerún, y escuchar su lamento de que la artillada Fuerza de Protección Europea (EUFOR) abandone el martirizado suelo chadiano- -o se ponga en parte el casco azul de la ONU- sin haber resuelto casi nada la seguridad del este del país para la gente y los trabajadores humanitarios, el retorno de los desplazados y refugiados a sus casas en Chad y en Sudán, un atisbo de democracia que reparta mejor los escasos bienes. Judith Sarano y Cinta Pluma no quieren hablar de política, del órdago de la Corte Penal Internacional (CPI) contra Jartum, de los posibles estragos que a veces se desatan con las mejores intenciones. Medio millón de personas dependen de la ayuda y si llegan más refugiados de Sudán no sé qué vamos a hacer. En Chad, los recursos están al límite y no podemos sacar más agua Mientras tanto, el régimen sigue dedicando buena parte de lo que obtiene del petróleo (que empezó a exportar en 2004) a comprar armas y a repartir prebendas para garantizarse fidelidades entre sus muchos enemigos: menos del 2 por Dos dictaduras, una frontera tan árida como porosa, dos países enfrentados y una misión de la ONU que no ha impedido la limpieza étnica Tierras de una belleza triste donde la justicia es un espejismo que desde 2003 su ejército y sus aliados (las milicias árabes a caballo, conocidas como yanyauid han aplicado en Darfur. Han arrasado miles de aldeas, causado la muerte de cerca de 300.000 personas y convertido en refugiados en su propio país o en el vecino Chad a cerca de tres millones de almas. La noticia fue celebrada por los ancianos del campo de Amnabak, que levantaban el puño bajo el cañizo en el que sesteaban, mientras sus mujeres se encargaban, como siempre, de cargar los burros con la comida que repartía el Programa Mundial de Alimentos. Campos de refugiados que parecen condenados a convertirse en ciudades al este de Chad, como el de Amnabak, que parece a salvo tras muritos de adobe. El censo que da cuenta del desastre es muy explícito, pero apenas ayuda a ponerse en la piel del otro, como insistía Simone Weil. Al este de Chad viven, en condiciones paupérrimas, 700.000 personas, de las que 180.000 son desplazados internos, y a las que hay que sumar 285.000 refugiados sudaneses. Han de compartir su cada vez más escasa agua, sus cada vez más ralos pastos. Del lado sudanés es todavía peor, y más desde que, en represalia por haber sido convertido en paria internacional en situación de búsqueda y captura Al Bashir expulsara a todas las organizaciones no gubernamentales foráneas que se ocupaban de paliar los estragos del régimen contra su propia gente. Más de un millón de almas dependían de esas ONG para el agua, la comida y la atención médica en ciudades gemelas de las del lado chadiano, como Kalma, con 90.000 habitantes Los polacos (curtidos en Irak y Afganistán) jóvenes y sufridos, parecen adaptados al desierto pese a los treinta kilos de equipo que llevan a cuestas dentro y fuera del blindado con el que patrullan los secarrales del noreste chadiano desde la base de contenedores, terraplenes, torretas y alambre de espino que han levantado junto a Iriba, ciudad de esbeltos alminares en medio de la nada. Amanece muy temprano en la base, el sol se acuesta a las siete. Antes sólo se oía polaco, croata y francés. Ahora toman posiciones las nuevas unidades de MINURCAT (la misión de la ONU) con más color y acentos. ¿África se ocupará de África? El mayor Darek Kudlewski hace los honores a los visitantes y se encarga de adoctrinarles sobre chalecos antibalas, cascos y el carácter de una misión en permanente estado de alerta. Al entrar en una localidad, de cada blindado salen cuatro hombres que caminan a pie. Para evitar que nos frían en una emboscada Así hacen en Bahai, casas dispersas de un planta con muros (Pasa a la página siguiente) Censo del desastre S El presidente chadiano, Idriss Déby ciento del Producto Nacional Bruto es dedicado a educación frente al 4 por ciento que se llevan los gastos militares. El Chari baja impasible hacia el mar, y los vecinos de las dos orillas hacen su tránsito en esquifes de fortuna, en una estampa tan bella como equívoca. Chad y Jartum llevan tres décadas entrometiéndose en la política del vecino. Todo va rumbo a peor en la región, sobre todo para los pueblos seminómadas (como el zaghawa del presidente chadiano, Idriss Déby Itno) que salpican los 1.360 kilómetros de artificial, porosa y polvorienta frontera común. Aunque Jartum, la capital sudanesa, experimenta un crecimiento inusitado gracias al petróleo que devora el insaciable dragón chino, la región de Darfur (tan extensa como Francia) sigue bajo la bota militar y el olvido del centro La CPI dictó a comienzos de marzo su primera orden de detención contra un presidente en ejercicio- -Omar al- Bashir, jefe del Estado sudanés- -por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad: La política de tierra quemada AFP PHILIPPE HUGUEN (AFP)