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22 3 09 EN PORTADA Camps El chico del Poble Nou (Viene de la página anterior) con la reunión en la que las pasadas navidades revisó el modelo de financiación autonómica con el presidente del Gobierno, Camps optó por ver el lado positivo. Siempre lo hace. En aquellos días, recibió varias llamadas de otros dirigentes populares preocupados por el hecho de que el desmarque de la madrileña pudiera dificultar la estrategia nacional del partido en ese asunto. Les dijo a todos lo mismo: Aguirre había contribuido a abrir el debate, lo que permitía a cada comunidad autónoma reclamar lo que consideraba justo. En la mañana del día de Nochebuena, se entrevistaba con Rodríguez Zapatero para hacer lo propio. Lo de ver la botella medio llena es algo prácticamente congénito en el presidente valenciano. Ese sesgo positivo se observa con especial nitidez en la distancia corta, donde se muestra como un dirigente próximo pese a una cierta tendencia hiperprotectora de su entorno. Aseguran que esa característica fue decisiva para que Bernie Ecclestone se decantara por llevar a Valencia el circo de la Fórmula Uno: una visita al Mercado Central de la ciudad acabó por convencer al magnate del deporte de las cuatro ruedas. A otro personaje de renombre internacional, el científico indio Rajendra Pachauri, le hizo descubrir la belleza de la Albufera. Naturalmente, también la paella, a la que el Nobel cogió una tremenda afición con ocasión de la celebración en Valencia a finales de 2007 de la Cumbre Mundial del Cambio Climático. Camps ha puesto su talento negociador al servicio de su comunidad autónoma, que ha acogido durante su mandato eventos de proyección internacional como el propio Gran Premio de Europa de F- 1, la Copa América de Vela o la salida desde Alicante de la Volvo Ocean Race. Hitos todos logrados mediante la gestión personal, solo o en tándem con la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, con quien gusta decir que forma un equipo insuperable. Hoy, y pese a haber priorizado su implicación en clave de política nacional impelido principalmente por las propias necesidades de su partido, continúa diciendo a quien quiera escucharle que la presidencia de la Generalitat colma todas sus aspiraciones políticas. No se trata de modestia, más bien de una identificación casi simbiótica con lo propio. Mucho más autonomista que Zaplana, conjuga ese sentimiento que tan buenos resultados electorales le ha proporcionado con una demostración diaria de lealtad a un proyecto nacional llamado España. Su pasión por la historia valen- Los otros Camps Camps, durante una visita realizada a las instalaciones de Porcelanosa en Villarreal ciana le ha convertido en el mejor guía del Palau de la Generalitat, un imponente edificio gótico situado muy cerca de la catedral de Valencia. Allí, muestra personalmente el cuadro del Padre Jofré. En él se ve al cura mercedario que creó en Valencia el primer manicomio del mundo proteger a dos enfermos mentales de las iras de una turbamulta dispuesta al linchamiento. La expresiva pintura, obra de Joaquín Sorolla, preside la sala del consejo del Gobierno valenciano. Camps lleva a gala el sello social de la gestión de su Ejecutivo ABC autonómico. Iniciativas como las controvertidas clases de Educación para la Ciudadanía en inglés son igualmente fruto de sus convicciones personales. Luego, hay dos o tres aficiones que le están ayudando a superar una situación, la provocada por los trajes, que ha llegado a definir como marciana La principal de ellas quizá sea el tenis. Intenta jugar siempre que su agenda se lo permite. Lo hace en el Club de Tenis Valencia, algo parecido a su segunda casa. Es Paco, no el presidente, el que acude a ese recinto con los