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15 3 09 HORIZONTES Buenos Aires POR ÁNGEL PEÑA l argentino es un italiano que habla español, piensa en francés y querría ser inglés La frase de Borges ilustra con la mejor ironía porteña el eterno problema identitario de los argentinos. Moradores de algo así como una isla europea en medio de América, pareciera que la partida de nacimiento les incluye un inefable sentimiento de extranjería en su propia tierra. Realidad que la vuelta a la actualidad de uno de sus grandes escritores, Julio Cortázar, pone de manifiesto de la manera más vívida. El 25 aniversario de su muerte invita a indagar en la peripecia de una huida. Paradójico como todo Cortázar, el drama circular muestra hasta qué punto su talento surgía de sus orígenes en una ciudad, que hoy perdona su huida y le rinde homenaje. Las instituciones de Buenos Aires evocan desde el 12 de febrero su figura con seminarios, conferencias, películas, teatro, lecturas, ex- Rayuela de Cortázar En el 25 aniversario de su muerte, la capital argentina mantiene aún intactas algunas de las señas de identidad del escritor y, sobre todo, permite detectar las huellas que la ciudad dejó en su obra. Una relación que no fue siempre fácil y que terminó con una huida en busca de la utopía E posiciones... Pero el mejor homenaje brota espontáneo de las veredas (aceras) bonaerenses, tan eternamente rotas y ajadas como cargadas de magia. La biografía de Cortázar servirá como hoja de ruta, aunque el trayecto demanda esa flexibilidad lúdica, de juego infantil, de la que brota Rayuela la novela que mejor transmitió la seria despreocupación cortazariana de la vida hecha literatura. Nos saltamos, por ejemplo, la azarosa primera infancia: debido al trabajo de su padre, nació en 1914 en Bélgica y vivió en Suiza y Barcelona hasta los cuatro años. El desembarco en Argentina nos da el arranque. El pequeño Julio se cría en Banfield, ciudad dormitorio de la clase media acomodada, tranquilo y verde aunque hoy un tanto deteriorado. Él no lo disfrutó: en un hogar desgraciado por el abandono del padre, los libros fueron su tabla de salvación. Aunque el niño comenzaba a intuir la vida, palpitante, ansiosa por mezclarse Bar Tortoni, santuario de escritores, buque insignia de los cafés de Buenos Aires ABC en la pócima de la literatura, en sus visitas a la capital, donde le esperaba la Boca, tan italiana y portuaria, con sus casas de vivos colores; el bullicioso barrio judío y comercial del Once; los patios de sombra y pereza de San Telmo, la humanidad incesante de la Plaza de Mayo. Todo permanece hoy, con una cierta capa de herrumbre y el envoltorio turístico, pero con la magia aún disponible. Ahí se yergue irreductible, por ejemplo, el Luna Park, donde Cortázar vio sus primeros combates de boxeo. Tras las novelas salvadoras de la infancia, Cortázar creció con el descubrimiento de las librerías del centro, que trufarían sus primeras armas en la escritura con revelaciones portentosas. Así, en La fascinación de las palabras cuenta el encuentro en un paseo sin rumbo con Opio, diario de una desintoxicación de Jean Cocteau: Desde ese día leí y escribí de manera diferente Esa sensación de safari literario puede sentirse aún hoy por toda la ciudad, repleta de librerías con encanto. Desde el esplendor de la Ateneo, un antiguo teatro de la Avenida Santa Fe, a los polvorientos libros usados de los locales de Corrientes. Mientras devoraba libros y escribía sus primeros textos, comenzó sus estudios en la facultad de Filosofía y Letras, cuya sede en 25 de mayo sigue mostrando su elegante solemnidad. El título le abrió la carrera docente, pero pronto su enemistad con los burócratas le llevaría a renunciar. La idea de la emigración se hacía cada vez más persistente. Su carrera literaria ya había arrancado a la sombra de la intensa vida cultural de la ciudad, que culminaba en el café. Orgullo máximo de Buenos Aires, el café va más allá del establecimiento comercial para dotarse de una mitología propia, abigarrada de objetos simbólicos, historias y fantasmas, parroquianos eternos que leen el diario en tardes silenciosas y jóvenes escritores en solitaria creación o en animada tertulia. El buque insignia es el Tortoni (Aveni-