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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE Jonathan Krohn, niño prodigio del Partido Republicano, presenta su libro Definir el Conservadurismo para pasadas, presentes y futuras generaciones El sueño confesado de Jonathan es disponer algún día de su propio programa de radio para impartir doctrina al estilo de su admirado Rush Limbaugh. Lo cual son palabras mayores, ya que Limbaugh, el multimillonario y polémico locutor, está acaparando un protagonismo inusitado durante estos días de introspección para el Partido Republicano. Rush Limbaugh es capaz de convocar cada día a más de 20 millones de oyentes. Su púlpito radiofónico pasa por ser el más popular de EE. UU. como ilustra el contrato de ocho años que firmó el verano pasado por valor de 316 millones de euros. Todo a cambio de tres horas de lunes a viernes, de mucho comentario glandular con voz de barítono, ortodoxia conservadora jalonada por llamadas de oyentes muy cabreados, entrevistas obvias, expresiones ingeniosas, alardes de incorrección política y provocaciones constantes. El estelar locutor, irónicamente con graves problemas auditivos, ni siquiera tiene una licenciatura universitaria pero dispone de una prodigiosa capacidad para sintonizar y motivar a los votantes más inclinados a la derecha. Ya lo demostró en los noventa al actuar como mariscal de campo mediático en la revolución conservadora de Newt Gingrich. Y aunque en la lógica efímera de la comunicación de masas lo previsible es que su relevancia vaya a menos con el paso del tiempo, Limbaugh sigue de furiosa actualidad. Nunca mejor dicho. El hundimiento electoral del Partido Republicano ha impulsado a este hípertertuliano que emite desde Palm Beach, Florida. Para abrir boca, frente a la respetuosa tradición de otorgar a los ocupantes de la Casa Blanca una mínima tregua de cien días, Limbaugh recibió al nuevo presidente demócrata antes de su investidura con un público deseo de que fracase estrepitosamente. Claro que, sólo tres días después de llegar a la Casa Blanca, Obama alimentó la pelea al reprochar a congresistas republicanos que se regocijaran escuchando al divisivo Limbaugh en vez de encontrar soluciones bipartidistas. Crítica que la estrella de la radio- -de 58 años y con una vida privada no exactamente acorde con la ortodoxia conservadora- -aprovechó para presentarse como víctima de una campaña de ataques y manipulación que emana desde el despacho oval La tensa actualidad de Rush Limbaugh, junto al consiguiente incremento de audiencia de su programa retransmitido por más seiscientas estaciones de radio locales, no gira tanto en torno a sus previsibles ataques contra los demócratas como a sus incursiones contra el Partido Republicano. Según presume el resonante locutor, los líderes parlamentarios republicanos le tienen bastante más miedo a él que a Obama. Toda esta locuacidad ideológica ha salpicado incluso al presidente del Comité Nacional Republicano, Michael Steele. Al intentar desmentir la nociva influencia de Limbaugh en su partido, el nuevo rostro afroamericano de los republicanos se atrevió a describir al locutor como un personaje del mundo del espectáculo con un programa incendiario y feo de estilo. A la velocidad del rayo, Steele se ha visto obligado a pedir discul- ABC Con sólo catorce años, Krohn aún no tiene el permiso de sus padres para poseer su propio teléfono móvil, pero ya ha escrito un libro de gran éxito sobre las esencias conservadoras Rush Limbaugh, adorado por millones de oyentes conservadores, presume de que los líderes republicanos le tienen más miedo a él que al propio Barack Obama pas a la estrella de la radio. Y a la misma velocidad, los demócratas y grupos afines encargan de presentar a Limbaugh como el verdadero y siniestro jefe del Partido Republicano. Aunque, según puntualiza el locutor, me avergonzaría decir que estoy al mando de los republicanos ante la patética situación en que se encuentran Si bien es cierto que Limbaugh es un virtuoso de la hipérbole, sus reproches tienen algo de verdad sobre la situación del Partido Republicano en EE. UU. Los congresistas republicanos se han convertido en una especie en vías de extinción en parte del país. Ahora es posible cruzar desde Canadá a México sin pasar por un solo Estado de la Unión con un gobernador republicano. Y la plataforma del partido no termina de conectar con un electorado cada vez más diverso. En su intervención ante el cónclave de CPAC, Rush Limbaugh ha reconocido el gran placer que le produce irritar, provocar y enervar. Sin dejar de ofrecer su propia receta para reconquistar Estados Unidos Según el locutor, los conservadores deben inmediatamente dejar de pensar que son una minoría. Y después, todo lo que necesitamos es nominar al candidato adecuado para la Casa Blanca