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15 3 09 ACTUALIDAD El pequeño conservador y el lobo feroz Jonathan Krohn, un precoz adolescente, irrumpe en el debate abierto sobre el futuro de las esencias conservadoras en EE. UU. que hasta ahora monopolizaba el feroz presentador de radio Rush Limbaugh POR PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL omo todos los años a finales de febrero, el hotel Omni Shoreham de Washington se convierte en la Meca para varios millares de los más fieles militantes del movimiento conservador de EE. UU. El grupo que pasa por ser el mayor y más veterano lobby hacia la derecha del espectro político americano- -la Unión Conservadora Americana- -convoca en los salones cavernosos de ese céntrico hotel una conferencia política de carácter casi obligatorio para el Partido Republicano. Pero este año el cónclave número 36 ha tenido más trascendencia de lo habitual ya que los conservadores se encuentran en pleno examen de principios, mensajes y líderes desde una posición de poder marginal, tras haber perdido la Casa Blanca y el Congreso. Y ante el trance de redefinir lo que significa ser conservador en Estados Unidos C la era de Obama, un adolescente sureño se ha convertido en una inesperada estrella de este maratón ideológico. Acaba de cumplir 14 años, se llama Jonathan Krohn y reside a las afueras de Atlanta, Georgia. Al chico le gusta jugar al golf, hacer funciones de teatro, tocar el banyo y adentrarse con su precoz curiosidad intelectual por la senda de las esencias conservadoras de Estados Unidos. Vestido con corbata, chaqueta y la inevitable bandera de las barras y estrellas en la solapa, su intervención de dos minutos en CPAC (Conservative Political Action Conference) le ha convertido en estrella en alza del firmamento conservador. No importa que ni siquiera tenga todavía permiso de sus padres para tener su propio teléfono móvil. Más allá de lo anecdótico, este paquirrín de la derecha americana ilustra la incierta travesía por el desierto y el complicado futu- Limbaugh, el estelar comentarista radiofónico, en la Convención de presentadores celebrada en Philadelphia ABC ro del Partido Republicano. En su tiempo libre, el muchacho se ha dedicado a escribir un librito de 86 páginas titulado Definir el conservadurismo en el que denuncia el muy mal uso hecho del concepto conservador durante las últimas elecciones. Con una primera edición autopublicada con sus ahorros, Jonathan prepara ahora un lanzamiento editorial más en serio aprovechando su inesperada condición de niño prodigio del Partido Republicano. Los grandes héroes de Jonathan son Ronald Reagan y Barry Goldwater. Y su pasión por la política, según sus propias explicaciones, se remonta a la tierna edad de ocho años cuando quedó fascinado con las laberínticas reglas parlamentarias del Senado de EE. UU. Interés fomentado por sus padres que, al desconfiar de la calidad y valores del sistema público de enseñanza, decidieron educar por libre a su portentoso y único hijo. Formación en la que no faltan clases de latín y de árabe. Con todo, en comparación con sus padres baptistas, Jonathan está mucho más obsesionado con la política y es bastante más conservador. Entre otras cosas tiene muy claro que Obama es el presidente más izquierdista que he visto en mi vida y que EE. UU. avanza peligrosamente por la patética senda del socialismo europeo. Con desparpajo y ortodoxia recién aprendida, insiste en que la definición del conservadurismo americano pasa por cuatro principios: respeto a la Constitución, respeto a la vida, menos intrusismo gubernamental y responsabilidad personal. En poco más de una semana, Krohn ha perdido ya la cuenta de todas las entrevista concedidas. Aunque su familia haya recibido alguna amenaza por lavado de cerebro el chico ya cuenta con su propio club de admiradores en Facebook, el entusiasmado cariño de la Unión Conservadora Americana y hasta ha logrado eclipsar a Joe, el inefable fontanero de Ohio.