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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE IN MEMORIAM Sydney Chaplin El retoño de Charlot, actor y cocinero Su talento para el teatro le hizo ganar un Tony, como los grandes de Broadway. Murió a los 82 años junto al desierto de California, donde montó un restaurante al retirarse echando pestes del cine POR EDUARDO CHAMORRO e dice- -porque lo escribió Tolstoi al comienzo de su novela Anna Karenina -que las familias felices son más bien iguales, y las infelices, distintas. Pero, ¿qué decir o qué averiguar y saber de las familias que cuentan con un patriarca al que la historia acaba por asignar un sello postal para él sólo? Hay que imaginar la escena: uno entra en el estanco para resolver un franqueo, y lo que le dan es el retrato del padre para que le pase uno la lengua por el reverso de su estampita. Ha de ser una experiencia inefable o indescriptible, difícil de comunicar, en cualquier caso. Es la experiencia de Sydney Chaplin, un tipo con cara de buen hombre, hijo de Charles Chaplin- -de quien nadie dijo nunca que lo fuera (lo de buen hombre) Y puede que el hijo no estuviera en demasiado desacuerdo con tan incómoda opinión, a la que siempre podría aportar una explicación tremenda: Hubo un tiempo en el que mi padre tuvo que bailar en las calles de Londres para ganarse la vida. Yo nunca me vi en esos pasos, así que tal vez sea esa la razón por la que yo nunca tuve el intenso anhelo de reconocimiento y respeto que movió siempre a mi padre Puede que también influya en ese punto de vista la probabilidad de que cuando uno aprende música con el violín de Albert Einstein, a ponerse el sombrero con el de Frank Sinatra y a quitárselo con la relatividad de Greta Garbo, acabe entendiendo que todo es relativo. Tan relativo como haber conseguido un premio Tony trabajando con los más grandes de Broadway y terminar dirigiendo un restaurante al borde de un desierto en California. Puede que tuviera menos personalidad que su padre, pero en carácter no le iba muy a la zaga. En cuanto a sus comienzos, tuvo tanta buena fortuna como para aprender a hacer lo que le diera la gana. Se lo enseñaron sus progenitores. Su padre, Charlot, se casó a los 35 años y en segundas nupcias con su madre, Linda Grey, de dieciséis años, a quien dotó de un millón de dólares para que hiciera lo que mejor le apeteciera, y se quedó con el crío, a la sazón de un año, puesto al cuidado de un hermanastro del bailarín de las calles londinenses, llamado Sydney. La madre enfiló una serie de matrimonios y depresiones, y el hijo una no menos notable serie de experiencias con las ulteriores mujeres de su padre, Paulette Godard, fundadora de United Artists, y Oona O Neill, hija de aquel Moisés dramaturgo de cuanta vida americana se le pusiera por delante. Algo aprendió de todos ellos, dado que la crítica nunca fue remisa a la hora de valorar sus cualidades para interpretar papeles protagonistas apoyadas en su cálido buen gusto y su notable talento Su padre, que describió la infancia de su hijo como la de un muchacho incansable, independiente y turbulento pensó en él al escribir el papel del joven compositor que consigue enamorar a Claire Bloom en Candilejas (1952) Cinco años después, Sydney Chaplin lograba un premio Tony por su interpretación del seductor de Holliday en Bells are Ringing En los años intermedios acumuló razones para declarar que no tenía tanto de protagonista y, de hecho, los productores cinematográficos preferían embadurnarme de maquillaje marrón y ponerme a hacer de egipcio o de piel roja Era su modo de homenajear a quienes no dudaron a la hora de Inspiración para Candilejas S bregar con su presencia inquieta y pendenciera en películas como Tierra de Faraones Abdula el Grande y Los Pilares del Cielo El papel de Nicky Arnstein, el jugador casado con Fanny Brice (Barbra Streisand) en Funny Girl estuvo a punto de mejorar su suerte, aunque luego resultó un mal fario. Sus peleas con el director de la obra le llevaron a abandonarla cuando estaba nominado para un segundo premio Tony. Y al llevarla al cine, los productores prefirieron que de su papel se encargara Omar Shariff. Entonces volvió a Europa, donde durante la Segunda Guerra Mundial había servido como bazooka bajo las órdenes del general Patton, para rodar varias películas con Jean Paul Belmondo y Henri Verneuil El Clan de los Sicilianos Así cerró un ciclo cinematográfico que en América había llegado a su final con la última película escrita por su padre, La Condesa de Hong Kong si bien no perdió alguna que otra ocasión de trabajar con aficionados tan prestigiosos como los Circle Players. Y ya a los setenta años puso un restaurante en Palm Spring, un lugar desértico al que de vez en cuando acudían a comer políticos jubilados como Gerald Ford y Ronald Reagan. AP La dura experiencia de encontrar el retrato del padre hasta en los sellos de Correos Todo un desafío para el ego. Uno entra en un estanco a comprar un sello para franquear una carta, y lo que nos dan es el retrato del padre para que le pasemos la lengua por el reverso de la estampilla. Es lo que le ocurrió a Sydney Chaplin, quien en la imagen posa durante la presentación en Los Ángeles de un sello ampliado de Charlot vagabundo imagen de 1998. El hijo debió aprender a ser humilde: Nunca tuve el anhelo de reconocimiento y respeto que movió siempre a mi padre