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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE el todoterreno de Francisco González, de Baldifresa, mostrándole su documentación en regla. La picaresca de estos jóvenes obliga a los empresarios a prestar cada vez más atención. Mamadou es el nombre ficticio de un malí que ha pagado a un compatriota varios cientos de euros por sus papeles para poder hacer la campaña de la fresa mientras él sigue cobrando el paro. Este reportero fue testigo de cómo el dueño de Baldifresa llevó en su propio coche al cuartel de la Guardia Civil de Palos de la Frontera a Gausou Traoré, también de Malí, que había alquilado sus papeles de residente en España por 250 euros a un compatriota. El arrendatario fue expulsado de la finca y Traoré acudió pocos días después para tratar de cobrar los jornales de su compatriota. Con la excusa de que iban a aclarar ese pago, el empresario pudo presentarlo ante la autoridad antes de ser él el acusado de fraude. En los pinares cercanos a la carretera que lleva de la playa de Mazagón a Palos y Moguer se levantan algunos asentamientos donde se han instalado estos inmigrantes. Esto está muy jodido comenta Sukou Fainedou, malí de 32 años que llegó en 2002 en patera a Fuerteventura. Desde entonces la construcción en Madrid ha sido su escudo. Cáritas calcula que son unos 500 en toda la provincia los que viven en estas condiciones. Frente a esta situación, considerada normal en comparación con campañas anteriores, sí que se ha comprobado desde esta organización que entre los españoles hay más necesidad por el paro, aunque no podemos hablar de exclusión extrema como explica su portavoz, Gonzalo Revilla. Notamos que hay gente apurada, que no llega a fin de mes, que buscan ayuda para pagar la luz o para comer Las previsiones para 2010 no son optimistas. Por eso la contratación en origen se modulará con la crisis augura la delegada de Empleo de la Junta de Andalucía. El presidente de Freshuelva, asociación que agrupa al 95 de productores y exportadores, reconoce a su pesar, y sin ánimo de causar alarma, la cruda realidad. Siendo objetivo y si todo sigue así, en 2010 bajará por primera vez el número de contrataciones en Marruecos José Manuel Romero no puede ni siquiera asegurar que todas las mujeres que aún tienen que llegar en 2009 a Huelva desde el reino alauí vayan a poder hacerlo a la vista del mal comienzo de la campaña. A pesar de todo, nada parece frenar al sector fresero. Las hectáreas plantadas en Huelva han crecido un 4,5 por ciento este año y alcanzan ya las 6.510, que producirán unas 250.000 toneladas de fresas, según estimaciones de Freshuelva, el banco del oro rojo Caída de la construcción El encargado de finca Diego Reina pasa el domingo junto a algunos de los extranjeros contratados nuncia Francisco Villarán, un parado agrícola de 53 años, refiriéndose a terrenos dedicados al olivo. Es normal que nosotros estemos antes que ellos para trabajar se queja Faustino Sánchez refiriéndose a los contratados en el extranjero. Los empresarios mienten dicen varios, cuando aseguran que dan prioridad a los autóctonos. Almonte siempre ha sido solidario con los de fuera, pero con la actual situación se deberían reorientar los poquitos recursos disponibles a los de aquí afirma José María Roldán, operador de grúa en paro. Mi perspectiva no es ir al campo, pero si tengo que ir, iré Para otros el campo se ha convertido en una forma de vida aprovechando que los españoles cada vez lo quieren menos. Es el caso del malí Deira Harouna, que tiene bien marcado su calendario: Primero la fresa en Huelva, después otras frutas en Lérida, unos cuantos hacemos la uva en La Rioja y después, aunque coinciden casi a la vez, la naranja en Valencia o la aceituna en Jaén Los hay que tienen papeles, como Deira, pero no tanta suerte como él, al menos en esta campaña de la fresa. Desde primera hora de Yamoussa Keita, un malí de 30 años, junto a su novia Margarita, rumana la mañana los caminos de Palos de la Frontera y Moguer son un reguero de jóvenes de origen subsahariano que piden trabajo de empresa en empresa. Casi todos son veteranos de la patera. Llegaron a España como clandestinos a lo largo de esta década, regularizaron su situación, encontraron su sitio en el sector servicios, construcción o el campo y ahora, sacudidos por la crisis, se han quedado en paro. Los guineanos Sekou Sangare, de 21 años, e Ibrahim Camara, se acercan al reportero al confundirlo con un empresario. Otros rodean