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8 3 09 HORIZONTES Estambul POR FERNANDO PASTRANO FOTOS: PILAR ARCOS Torres y alminares Son una constante arquitectónica en el paisaje de la urbe más poblada de Turquía. Símbolos del poder y de la fe. Perenne ambivalencia de la más oriental de las ciudades occidentales (y viceversa) i la Tierra fuera un sólo estado, Estambul sería su capital Napoleón Bonaparte. Mezquitas con enormes alminares que se perfilan sobre el color azufre del atardecer Pierre Loti. Mano antigua cubierta de anillos tendida hacia Europa Jean Cocteau. Tres formas de definir esta ciudad entre las infinitas posibles. Desde la rotundidad del emperador y el apasionamiento del romántico, hasta la ambigüedad del polígrafo y cineasta. Oriente y Occidente, dos puntos cardinales. Asia y Europa, dos continentes. Mármara y Negro, dos mares. Costantinopla y Estambul, dos nombres. Torres y alminares, dos símbolos del poder y de la fe. Eterna dualidad de una ciudad eterna. Constante ambivalencia de la más oriental de las ciudades occidentales (y viceversa) Estambul es una mixtura sin divisiones claras. Una imprecisión mil veces definida por propios y extraños. Y entre los propios destaca el escritor Orhan Pamuk, premio Nobel en 2006, cuya obra refleja la yuxtaposición de las tradiciones orientales con las occidentales, la añoranza por un pasado perdido y anhelo por la modernidad inalcanzada. Otro ejemplo es el cineasta Fatih Akin, director y guionista de Cruzando el puente una lúcida aproximación a la música y la sociedad actual turca que como el S EUROPA RUMANÍA BULGARIA Estambul Mar Negro RUSIA GEORGIA Mar Caspio Izmir N Bursa Ankara TURQUÍA Efeso 400 Konya Kayseri Adana Diyarbakir IRAK I R ÁN Seis siglos separan la Torre de Gálata y la del hotel Mármara Pera Mar Meiterráneo ABC 0 Km SIRIA mismo Akin- -un kanak nacido en Berlín de padres turcos- -es la fusión de dos culturas. No debe extrañarnos, pues, que la capital de los sultanes otomanos vaya a ser el año que viene la capital cultural de Europa. Como a nadie extraña que Anatolia (Çatalköyük) el corazón de Turquía, haya sido una de las cunas de la civilización occidental. Mezcla respetuosa y enriquecedora que queda patente en la mezquita de Kariye, antigua iglesia de San Salvador de Chora, un macizo edificio bizantino que el gran visir Atik Ali Pacha salvó de la quema y al que mandó añadir un alminar. O en la Mezquita Árabe, antigua iglesia de San Pablo. Y qué decir de Santa Sofía, símbolo de la ciudad, antigua basílica cristiana construida en el siglo VI por el emperador Justiniano I, y que los turcos, nada más tomar la ciudad en 1453, convirtieron en mezquita sin apenas tocarla y con la adición de cuatro alminares. Porque torres y alminares son una constante en el paisaje estambulita. Las torres representando el alma occidental de la ciudad, los alminares, la oriental. Y entre las torres de Estambul hay una clara reina, la de Gálata. Vista desde la ciudad antigua casi se solapa con la torre del hotel Már-