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24- 25 D 7 LOS DOMINGOS DE Hasta que el 11- S pone en evidencia las limitaciones de la inteligencia federal. Y el nuevo alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, nombra jefe de policía a Ray Kelly, un ex marine que pasó por todos los niveles de responsabilidad del NYPD (Departamento de Policía de Nueva York) hasta dejarlo- -en tiempos de Giuliani- -para llevar primero la seguridad del Tesoro y después la del banco Bear Stearns. Desde sus oficinas presenció Kelly la caída de las Torres. En ese momento la llamada de Bloomberg se convirtió en la llamada del deber... y de la selva. Dickey no oculta su admiración por Kelly: Su objetivo era hacer todo lo que estaba en su mano, y también todo lo que no, para proteger la ciudad y para que nunca hubiese un segundo 11- S. Para él esto no era una tarea abstracta o burocrática como podía serlo para los federales. Para él era cuestión de vida o muerte Lo primero era obligar a los chicos de las tres letras a com- partir información. Pero ellos nunca comparten nada, sólo lo intercambian. Con lo cual Kelly decidió crear su propio servicio de inteligencia Entonces Kelly llamó a David Cohen, un antiguo alto cargo de la CIA caído en desgracia- -le llamaban casi oficialmente Fucking Cohen- -y le adjudicó 600 agentes. Había nacido una nueva forma de lucha antiterrorista. Dickey lo expresa así: Todo el mundo que sabe algo de terrorismo y del mundo árabe tiene claro que la guerra de Irak fue una absoluta estupidez... No se Las lecciones de los atentados de Madrid se aplicaron esa misma tarde en Nueva York. Se ampliaron los perímetros de seguridad y se implicó a los pasajeros en la vigilancia Todo el mundo que sabe algo de terrorismo y del mundo árabe tiene claro que la guerra de Irak fue una absoluta estupidez. No se combate el terrorismo invadiendo países Dos policías de Nueva York vigilan la ciudad desde un helicóptero combate el terrorismo invadiendo países sino intercambiando inteligencia y penetrando en las comunidades Una de las revoluciones del antiterrorismo policial versus el militar es que la prioridad del primero no es tanto arrestar al culpable como evitar el delito. La prioridad es llegar a tiempo. Por eso cuando a Kelly lo despiertan a las dos de la madrugada- -en Nueva York- -del 11 de marzo de 2004 con la noticia de las bombas de Atocha, no lo duda un segundo: sin encomendarse a Dios ni al diablo, ni mucho menos al FBI, despacha a varios agentes a Madrid. Para entonces el NYPD ya tenía a varios agentes desplazados fuera del país. Pero era la primera vez que caían como cazas de combate sobre el escenario de un atentado reciente. Las autoridades españolas de la época, recuerda Kelly en su libro Protegiendo la ciudad ofrecieron toda su colaboración. No así el FBI, que protestó enérgicamente y trató de entorpecer la labor de los cops Y sin embargo aquella operación fue importantísima para mejorar la seguridad en Nueva York. Esa misma tarde se adoptaron medidas inspiradas en lo ocurrido en Madrid: se ampliaron los perímetros de seguridad en el transporte público y se reforzó la campaña para implicar a los pasajeros en la vigilancia si usted ve algo, diga algo En 2008 se firmó el acuerdo para intercambiar información entre las policías de Nueva York y de Madrid, que se suma así a una coalición internacional de policías municipales con ramificaciones en Amman, París, Lyon, Londres, Montreal, Toronto, Santo Domingo, Singapur y Tel Aviv. El otro gran logro de la policía de Nueva York es haberse dotado de un brazo armado lingüístico que no tiene parangón en ninguna otra fuerza antiterrorista del mundo. Dickey no sabe si reír o llorar cuando piensa en la CIA y exclama: Aparte de lo inmoral que es, ¿qué sentido práctico tiene torturar a alguien a quien ni siquiera eres capaz de interrogar en su idioma? Durante años la inteligencia fe- ABC ABC deral americana fue un muro impenetrable para los extranjeros, porque imperaba una mentalidad de guerra fría y miedo a los topos No así la policía, un destino laboral clásico para inmigrantes buscando integración. Kelly y Cohen investigaron cuántos agentes de policía de Nueva York hablaban segundas lenguas como el árabe, el urdu, el farsi, etc... ¡y les salieron cientos! Gracias a ellos se multiplicó la capacidad de prevenir atentados como el que estuvo a punto de producirse cuando dos egipcios planeaban poner una bomba en el Metro: ...Pero se lo contaron a un joven estudiante de su país que había ganado una green card y que a lo único que aspiraba era a salir adelante y a traerse a su familia. Y de repente le cuentan que quieren hacer volar por los aires todo ese futuro. El pobrecillo, sin casi hablar inglés, salió a la calle a buscar un policía. Al primero que vio le dijo desesperado: ¡bomba! El libro de Dickey concluye retratando a una policía que vela día y noche, armada de helicópteros capaces de escudriñar a la gente en sus cuartos de baño y de detectar por el calor de sus cuerpos si están durmiendo en sus camas, de lectores de matrículas capaces de medir la frecuencia con que el mismo coche pasa por el mismo sitio, de 62.000 agentes capaces de converger en un solo punto en minutos, etc... ¿Pero no es todo ello una acumulación casi enloquecedora de información y de poder? Dickey admite en su libro que lo que más le impresiona de la policía de Nueva York es que confía en ella. Especialmente después de permanecer junto a ella toda una larga noche de fin de año en Times Square, con la feliz multitud expuesta a los ojos de cada fanático del mundo. Una diana perfecta. Rodeada, eso sí, por una fortaleza policial invisible. Así es como puede concluir Dickey: Transcurrieron los últimos segundos del año. y sólo el confetti explotó en la escena. No pasó nada más en Times Square. La policía de Nueva York había hecho su trabajo