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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE LO PENSARÉ MAÑANA Charlatanes y futurólogos POR E. RODRÍQUEZ MARCHANTE omo George Bernard Shaw vivió en una época en la que los presidentes de los equipos de fútbol aún no habían intuido sus posibilidades, dijo aquella célebre frase de que la política es el paraíso de los charlatanes. Hoy tendría dificultades el dramaturgo irlandés para organizar la entrada en ese paraíso hasta con un par de gorilas en la puerta. La cantidad de individuos, organizaciones y gente que ve el futuro con nitidez es incalculable para una simple vista, lo cual es sorprendente y admirable, y más teniendo en cuenta C las dificultades que tenemos la mayoría para ver el mero presente... Dicho lo cual, no quisiera que se entendiese en esto lo contrario: que la política no es el paraíso de los charlatanes. Creo que la frase de George Bernard Shaw sigue vigente con añadirle un sencillo también Al fin y al cabo, el hombre que ganó un Nobel y un Oscar no podía necesitar grandes enmiendas desde este futurillo. Los que ven el futuro con nitidez tienen mérito todos, pero especialmente aquellos que además de verlo lo cuentan. Y aludía más arriba a los presidentes de equipos de fútbol porque recientemente dos de los más importantes, el del Real Madrid, Vicente Boluda, y el del Sevilla, José María Del Nido, han cantado el futuro con más gracia que acierto. El primero dijo que su equipo iba a chorrear al Liverpool y el segundo que el suyo, el Sevilla, se iba a comer a los leones del Athletic de Bilbao de la cabeza a la cola Bueno, la realidad vino en su momento a desdecirlos, pero no tiene mayor importancia. La cosa adquiere consideración y envergadura cuando cada día, aquí y allá, ha de corregir al anterior. Un partido de fútbol corrige al señor Boluda; otro, al señor Del Nido; la fiscalía desdice al juez Garzón; la severidad de la crisis corrige al presidente del Gobierno, que se come de un bocado el gajo seco de su sonrisa; los gallegos y los vascos corrigen dentro de sus escasas y confusas posibilidades el futuro que les habían vendido; empresas, compañías, sociedades y jóldines se divierten ahora haciendo nuevas y jodidas cuentas sobre el paisaje de futuro que habían previsto con la misma nitidez que Boluda y Del Nido el suyo... Vivimos, pues, los simples mortales entre la tirantez de los visionarios y los retoques y correcciones que sobre su predicción hace la claridad o turbiedad del presente, ese lugar al que sólo miran los infelices. Pero aún está por llegar el día que nos traiga lo nunca visto. Los charlatanes, los futurólogos y los corregidores son de todas las épocas y pueblos, acaso cambien su forma y el paño de sus indumentarias, pero no su fondo, que es realmente lo que los hace únicos y visibles. Bueno, en realidad, más que visibles son palmarios, entre otras cosas porque no se esconden: viven de eso, de la predicción y de la corrección de sus propias y erróneas predicciones... TIRA Y AFLOJA Por César Oroz NO SIEMPRE ES DOMINGO El Estado benefactor POR XAVIER PERICAY de Trabajo del Gobierno de España, ha anunciado que en 2010, de proseguir la actual cuesta abajo, habrá que congelar el sueldo de los funcionarios. No de todos, ha precisado; sólo de los más pudientes, de los que ganen por encima de los 30.000 euros anuales. Confieso que llevaba tiempo esperando el anuncio. No exactamente en estos términos, pero sí el anuncio. A decir verdad, cada mañana, después de oír el parte económico habitual, no podía sino pre- C elestino Corbacho, ministro guntarme por qué tardaban tanto en proclamar lo irremediable. Y conste que nada tengo contra los funcionarios. Pero si la crisis está barriendo empresas enteras y cientos de miles de puestos de trabajo, lo mínimo que cabe exigirle al Estado es que predique con el ejemplo. Por supuesto, no estoy abogando aquí por el lock out empresarial o por la reducción de plantilla, ni estoy propugnando que la Administración ponga de patitas en la calle a su propia mano de obra- -aunque una cierta rebaja de efectivos, qué quieren, tampoco vendría mal- lo que sostengo es que resulta injusto que el trabajador normal y corriente se halle cada vez más a la intemperie mientras el funcionario, parapetado en su contrato vitalicio y en sus convenios, sigue al abrigo del vendaval. Por eso celebro que el Gobierno se decida por fin a dar el paso. Y más lo celebraría si la decisión incluyera a todos los trabajadores de la Administración, sin distinción de ingresos. ¿O acaso la crisis distingue entre los ciudadanos que ganan más y los que ganan menos? ¿Y qué me dicen de los autónomos? No, la congelación debería afectar a todo el cuerpo, a esos tres millones de funcionarios que, según parece, hay en España, una vez sumados los de las distintas administraciones- -central, autonómica y local- Y el ahorro que la medida representaría para las arcas del Estado en cualquiera de sus múltiples ramificaciones debería servir pa- ra paliar en lo posible la desgracia ajena. Que no es poca y que fatalmente será mucho más. Bien mirado, esa renuencia a tomar medidas desagradables- -que tanto contrasta, por cierto, con la determinación mostrada en 1997 por el primer Gobierno Aznar al congelar el sueldo de los funcionarios para cumplir con los criterios de Maastricht- -no es sino un exponente de la deriva a que conduce el espejismo del Estado benefactor. En los últimos años, los distintos gobiernos socialistas no han hecho otra cosa que alimentarlo, multiplicando los subsidios y descartando las reformas, amamantando al ciudadano y ahorrándole cualquier quebranto. Tal vez por ello España es a día de hoy, con tres millones y medio de parados, si no más, el país de la Unión Europea con un porcentaje mayor de desempleo.