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8 3 09 11- M CINCO AÑOS DESPUÉS Clasificación de judíos procedentes de Checoslovaquia a su llegada al campo de exterminio de Auschwitz (Viene de la página anterior) AP YAD VASHEM PHOTO ARCHIVES En manos del mal Un rasgo muy humano el dolor causado, ante la muerte irreparable en las palabras, gestos y autopercepción de los asesinos de ETA, GRAPO y otros grupos terroristas. Sándor Márai, Vassili Grossmann, Jorge Semprun, Primo Levi o el propio poeta vasco Xabier Lete se encontraron con el mal, cara a cara, y lo han expresado de una forma insuperable, ayudándonos a conjurarnos contra él, sin caer en la bestialidad La poeta y pensadora Chantal Maillard quiere de partida aclarar algo: Es el sentido de la economía lo que nos lleva a la formulación de los grandes conceptos como Dios, el Mal, el Destino, el Caos... De la misma manera que no existe el blanco sino cosas blancas, tampoco existe el Mal, sino acciones malas entendiendo por ello las que dañan a otros. (El daño siempre ocurre en singular, mientras que el Mal sólo se da en el concepto, o Grandes conceptos Tras los pasos de Sarhane y Jamal Para adentrarse en la personalidad de dos personajes fundamentales en la organización de los atentados los periodistas Ignacio Orovio y Justin Webster reconstruyen en su libro Conexión Madrid (Debate) las vidas paralelas de Jamal, el chino y Sarhane, el tunecino dos jóvenes inmigrantes musulmanes asentados en España desde los noventa y cuyo encuentro fue decisivo para la operación. Una obra que contribuye a esclarecer los orígenes de aquella tragedia y el alma de sus ejecutores. sea que, propiamente, no se da) Hablaremos, pues, de acciones. Una acción no ocurre por sí sola. Forma parte de una cadena. O, mejor dicho, de un entramado de causas y efectos. En los tratados de ética veíamos que cuando decimos que una acción es mala estamos refiriéndonos a una acción que está destinada expresamente a dañar a otro. Una acción mala sería la que conlleva la voluntad de dañar o el consentimiento al daño que de ella resulta. Los tratados hablan de individuos libres. De individuos cuyas acciones son el inicio de algo. Individuos dioses que cada vez que actúan lo hacen como al inicio del mundo. No es así. Formamos parte de un entramado, y la pequeña voluntad que nos compete es apenas un nudo de unas complejas circunstancias ¿Resulta de ello pensar que nadie es responsable? se pregunta Maillard: No. Sólo que cuando veo a un pordiosero en la calle, siento que podría ser yo cuando veo a un condenado a muerte, siento que podría ser yo y cuando veo a un asesino, también siento: podría ser yo No hay diferencia Y sigue indagando la autora de libros como Hilos o Diarios indios ¿Es el daño anónimo (banal) propio de esta época? No. Es propio del poder. La situación poderosa de un individuo, en cualquier ámbito que sea, hace que sus actos tengan consecuencia sobre muchos individuos en vez de sobre uno (y la multiplicidad crea concepto) Por otro lado, también hace que ese individuo esté situado físicamente en un lugar alejado del de los demás, a los que concibe, pero a los que no siente. En la era científica, cualquier ente es susceptible de convertirse en número, cualquier evento puede formar parte de una estadística. Ante los núme- ros, no hay compasión posible. Lo propio de esta época es que las cadenas del entramado se complican muchísimo, y a gran velocidad. Llegamos a pensar entre todos al mismo tiempo a partir de un idéntico estímulo, para el bien y para mal de todos y de cada uno Por último habla Maillard del punto de vista del placer. Solamente el animal humano es capaz de infligir dolor por placer. Y esto, precisamente, por aquello que en él no es animal: la capacidad de tomar conciencia de la diferencia, de establecer una distancia entre uno y el otro. Tal vez esa distancia sea lo que pretende poner a prueba y reafirmar cuando tortura. La pérdida de la animalidad conlleva la pérdida del sentimiento de pertenencia a la especie y la conciencia de la diferencia. El otro es radicalmente otro para mí, y yo sé que es otro. Independientemente de que pertenezca a la misma especie. Ese saber que el otro es otro es lo que permite infligir el daño. El sentido de culpa es el restablecimiento del equilibrio en nombre de la comunidad. Hemos perdido el Cielo, como dirían los antiguos chinos. La armonía, el equilibrio que las especies del reino animal nunca han perdido. Lo que importa, en tales condiciones es aprender a pensar correctamente, esto es, en el sentido de la compasión, del compadecimiento o, como se dice ahora, de la solidaridad A la pregunta de si la novela negra podríaser un buen reflejo de la prevalencia del mal en nuestra época, dice: No creo que el género novelístico sea el adecuado como metáfora de estos tiempos. La novela se sostiene mediante un argumento, y eso es una de las cosas que hemos perdido Profesor de historia de la Iglesia y decano de la facultad de Teología de la Universidad de Wake Forest, en Carolina del Norte, Bill Leonard dice que desde una perspectiva religiosa, católicos y calvinistas creen que el potencial de hacer el mal es inherente a la raza humana, nacida del pecado original y la absoluta depravación recibidos por cada nuevo ser en el momento de la concepción. Pelagio, pensador del siglo IV sostiene una vision más optimista y hace hincapié en la capacidad de cada individuo de evitar el mal haciendo uso del libre albedrío El pastor Leonard recalca que paradójicamente, la sociedad posmoderna identifica el mal a cada vuelta del camino, pero al mismo tiempo ofrece múltiples razones para explicarlo o justificarlo. Al final, quizá lo mejor que podemos hacer es celebrar las ocasiones en que el mal concreto es derrotado. En EE. UU. el fin de la esclavitud y la segregación que defendía Jim Crow representa una pequeña pero sólida prueba de que algunas formas del mal pueden ser vencidas El pecado original