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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE AP mo que en último término es de signo religioso. La garantía de su salvación eterna en el fanático o la desesperación de quien da su causa política por perdida engendran los seres más temibles: precisamente porque ellos nada tienen que temer. El mal sigue siendo una capacidad de nuestra naturaleza el cometerlo o el consentirlo, aunque también el denunciarlo, resistirlo y combatirlo. Algunas de las características del mal público del presente podrían ser la mayor escala de su producción, su dependencia de la técnica o la implicación de más gente, ya sea como cómplices o como espectadores desentendidos. Pero lo más grave sería que, dado el relativismo cultural y moral reinante, ese mal no provocara una firme actitud que lo condene sin reservas Acerca del concepto ideado por Hannah Arendt, el autor de La virtud en la mirada piensa que la banalidad del mal no significa que su daño sea desdeñable ni tampoco que sean estúpidos los propósitos últimos de sus inspiradores. Lo banal estriba en la desproporción entre los motivos de quienes lo ejecutan y la enormidad de los daños causados; en la inconsciencia con que a menudo se lleva a cabo. Es una desproporción y una inconsciencia favorecidas por ciertas lógicas del mundo contemporáneo. La división del trabajo y la burocracia, con sus mecanismos parceladores de la acción o de obediencia a la autoridad, incitan a creernos irresponsables de lo que hacemos. La globalización extiende el mal más lejos que nunca, pero a la vez hace invisibles sus efectos más desastrosos... Abre juego el filósofo José Luis Pardo con el autor de La paz perpetua Decía Kant que el mal es al menos tan consustancial al corazón del hombre como el bien. Lo que hace inevitable que podamos ser malos es lo mismo que explica que podamos ser buenos, a saber, que somos libres y que somos mortales. Este es el motivo de que el mal no pueda extirparse de nosotros, porque habría que extirpar al mismo tiempo la libertad y la mortalidad. Esto ya es decir que si hemos de estar especialmente precavidos contra alguna clase de mal será contra ese que consiste en la promesa de que alguien o algo nos liberará definitivamente del mal (es decir, de nuestra mortalidad y nuestra vulnerabilidad) porque, además de ser una promesa incumplible, nos exige a cambio el sacrificio de la libertad, y sin ella tampoco podemos ya ser buenos ni llevar una vida digna de ser vivida, lo cual nos hace más proclives a justificar el sacrificio de las libertades y de las vidas ajenas. A este respecto es indiferente que estas promesas vengan de la religión- -de un uso político de la religión- -o directamente de la política- -de un uso religioso de la política- pues de ambas cosas tenemos pruebas suficientes en la actualidad diaria. Pero esto no significa que hayamos de resignarnos. Aunque el mal no pueda ser erradicado recalca el autor de Esto no es música. Introducción al malestar de la cultura de masas sí que puede ser gestionado de maneras cualitativamente muy diferentes y moralmente calificables, para lo cual hay que empezar por reconocerlo Se refiere Felipe Hernández Cava, guionista de los documentales Corazones de hielo Las voces de Antígona y Madrid, 11 de marzo... a la relación que Rüdiger Safranski establece entre el mal y el drama de la libertad, que forma parte de nuestra experiencia. Por un cúmulo de factores, que van desde considerarlo un concepto propio de moralistas, o de rehuirlo con el fin de no sentirnos alineados con aquellos políticos que hacen de él una bastarda utilización para anatemizar a sus enemigos, nos resistimos a su mención para explicar algunos de los dolores que martillean nuestra conciencia cuando nos salen al paso. Arendt señaló, después de contemplar el horror en el que la humanidad había sucumbido en el siglo XX, que el problema del Mal debería ser la cuestión fundamental para los intelectuales. Pero, evidentemente, para situarlo en el foco de nuestras preocupaciones tendríamos que empezar por dejar atrás esa inocencia paradisíaca en la que queremos estar instalados y eso supone vivir con el dolor originario de la conciencia demasiado presente, aunque, por otro lado, genere un mayor conocimiento. Yo he constatado con algunas víctimas del terrorismo, tanto de ETA como del yihadismo, que si no queremos sepultarlas en la nada y de verdad aspiramos a experimentar, mediante la empatía, su dolor como propio, debemos tener en cuenta al Mal no como algo contingente, sino como un hecho obstinado de nuestra propia naturaleza como individuos. No se me ocurre otra forma de convivir con el espanto que nos amenaza y de hacer visible la mano que, a menudo enmascarada tras una supuesta causa, dirige los golpes que quieren sumirnos en el abismo del miedo a ser libres. Los atentados del 11- M nos dieron una cruel lección sobre lo que es el Mal (los que El drama de la libertad los cometieron) y lo que es el Bien (los cientos de héroes anónimos que hubo aquel día) Y unos y otros eran tan humanos como nosotros En esa línea abunda el psiquiatra Luis Rojas Marcos al decir: Sospecho que la maldad continuará conmocionando nuestras vidas. Pero no tiene sentido ignorar que la bondad y la compasión son atributos naturales básicos de los seres humanos. La prueba está en que nuestra especie no sólo perdura sino que evoluciona continuamente para mejor. Si miramos a nuestro alrededor, la inmensa mayoría de los hombres y las mujeres, mayores y pequeños, conviven solidariamente convencidos de que el mejor negocio es el bien común El médico afincado en Nueva York, autor de libros como Convivir piensa que las semillas de la maldad no forman parte de nuestros instintos ni se transmiten genéticamente. Se siembran en la infancia y crecen estimuladas por las fuerzas crueles del entorno hasta llegar a formar parte inseparable del carácter del adulto Maite Pagaza invita a la mesa a Amos Oz, escritor israelí con profundo conocimiento empírico sobre fanáticos y fanatismos que aseguró hace poco años que el fanatismo es más viejo que el islam, que el cristianismo, que el judaísmo. Más viejo que cualquier Estado, gobierno o sistema político. Más viejo que cualquier ideología o credo del mundo. Desgraciadamente, el fanatismo es un componente siempre presente en la naturaleza, un gen del mal, por llamarlo de alguna manera La presidenta de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, era hermana de Joseba Pagazaurtundua, activista de ¡Basta ya! y miembro del PSOE, fue asesinado por ETA en febrero de 2003. Pagaza considera que la expresión del mal tiene connotaciones propias en cada sociedad, en cada microcosmos social, en cada época. Pero guiados por un instinto humanístico muy básico se identifican las semejanzas del pensamiento sectario, del embrutecimiento por efecto de la propaganda, del afán de poder absoluto sobre otros seres humanos, así como la autocomplacencia insensible de los que provocan el terror. Durante el juicio al nazi Eichamnn en Jerusalén, Arendt acuñó la conocida expresión banalidad del mal para sintetizar cómo los autores y cómplices de asesinatos masivos carecían de la percepción de su propia y objetiva responsabilidad. Conocemos esa sensación que nos helaba la sangre a los españoles al observar a los encausados durante el juicio por los atentados del 11 de marzo del 2004. Conocíamos esa frívola y banal insensibilidad ante (Pasa a la página siguiente) El fanatismo es viejo en el Congo, el mal existe y el que diga otra cosa es que es tonto Duda Aurelio Arteta de que el terrorismo sea la más pura encarnación del mal aunque sí cree que es una de las más graves y aparatosas. Hay decisiones de hacer daño a inocentes más privadas o recónditas que no representan menor maldad. No pocos procesos financieros y políticos premeditados entrañan los sufrimientos injustos de muchos miles o millones, aunque puedan no causar su muerte inmediata. Por lo demás, aquí pasamos por alto una dimensión clave del mal terrorista. Me refiero al grado de complicidad activa por colaboración o pasiva por omisión que puede hallar entre la población en que tiene lugar y que en España distingue, por ejemplo, al terrorismo nacionalista vasco frente al islamista subraya este catedrático de Filosofía Moral y Política de la Universidad del País Vasco, amenazado de muerte por plantarle cara al mal que encarna ETA. El cobarde consentimiento de una sociedad frente al terrorismo y sus justificaciones añade maldad a este mal... Ve el filósofo que la actitud de los ejecutores sólo puede explicarse por un fanatis- Consustancial al corazón Aurelio Arteta: Lo banal estriba en la desproporción entre los motivos de quienes lo ejecutan y la enormidad del daño; en la inconsciencia con que se lleva a cabo José Luis Pardo: Lo que hace inevitable que podamos ser malos es lo mismo que explica que podamos ser buenos, a saber, que somos libres y que somos mortales