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8 3 09 11- M CINCO AÑOS DESPUÉS Dos mujeres acusadas de organizar un prostíbulo para soldados americanos, ejecutadas por los talibán en la ciudad afgana de Ghazni En manos del mal Un rasgo muy humano El desprecio por los otros, que practicaron los nazis de manera industrial, no es privativo de la ideología que alentó Hitler. La potencia de hacer el mal está en nuestra naturaleza, uso perverso de la libertad TEXTO: ALFONSO ARMADA l mal nos acompaña, forma parte del tejido del mundo, de la naturaleza humana. En la introducción a El trauma alemán. Testimonios cruciales de la ascendencia y caída del nazismo Gitta Sereny evoca cuándo se dio cuenta del impacto del desprecio de la ideología nazi por los seres humanos Ese desprecio necesario para matar, para extermita, como muchos yihadistas. Confiesa Sereny que su motivación se ha basado siempre al igual que otros muchos escritores de su generación, en la curiosidad por descubrir qué es lo que lleva a los seres humanos a caer, con tanta frecuencia y tanta facilidad, en la violencia y la inmoralidad Sus horrendas exhibiciones de fuerza están por todas partes, y la de la mañana del 11 de marzo de 2003 en Madrid conmovió hasta los tuétanos por su cercanía, su ferocidad y su carácter indiscriminado. Al ensañarse con los inocentes, abruma y, a menudo, nubla la razón. Conviene preguntarse por su naturaleza una vez establecida la certeza de que, como advierte el general Vicente Díaz de Villegas, que estuvo al frente de las fuerzas de la ONU E nar, sin conciencia de hacer el mal, o sin que esa conciencia inhiba al asesino, al terrorista, al fanático, al militante, al torturador. Por eso lo que suelen hacer los agentes del mal es deshumanizar a sus víctimas, convertirlas en cucarachas (como los genocidas ruandeses) en objetivos legítimos como hace ETA; en seres inferiores, como los talibanes a las mujeres; en víctimas colaterales de la guerra san-