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8 3 09 11- M CINCO AÑOS DESPUÉS Policía Científica El día más largo del comisario Corrales Para Carlos Corrales, entonces comisario general de Policía Científica, el 11- M tuvo 68 horas. Contrarreloj, y con la fuerza de su equipo, devolvió a los muertos la identidad con que habían vivido y probó la sustancia de las certezas de que está hecha la sentencia POR VIRGINIA RÓDENAS FOTO: JAIME GARCÍA asta luego, Pili. Vengo a comer Como cada día, el comisario Corrales salió de casa minutos antes de las ocho de la mañana. Aquel jueves tenía toda la pinta de ser una jornada anodina, nada especial estaba previsto. Desayunó, como de costumbre, un gran vaso de café con dos dedos de leche, y salió de casa. El conductor le esperaba en la calle. El día estaba despejado. Subió al coche y encendió la emisora. Y ya no regresó ni para comer, ni para dormir. Hasta 24 horas después no volvió a ingerir alimento alguno. La sentencia del terror se acababa de ejecutar y él estaba a punto de traspasar el umbral de la casa de los horrores, nombre con que luego designaría a ese pabellón 6 de Ifema donde permanecería durante los próximos tres días. Ni su empleo de comisario en Rentería durante los feroces 80, ni sus batallas como jefe superior de Canarias y luego de Madrid, ni siquiera su estreno a la cabeza de la Científica con el accidente aéreo de Melilla le habían hecho pasar su peor trago. Con ese 11- M, con el que terminaría su carrera, comenzaba también su más atroz pesadilla. En el coche escucho los comunicados. Recibo la llamada del jefe del Servicio de Innovaciones Tecnológicas, le digo que forme tres equipos, uno a Atocha, otro a Téllez y otro al Pozo y, como ya no queda más gente, que contacte con la Brigada Provincial, pero ellos ya han salido hacia Santa Eugenia. Le comunico que me dirijo a Atocha, donde están el director y el subdirector operativo. Minutos después, allí se empieza a ver lo que había Lo primero, el olor tan fuerte a explosivos, los sanitarios del Samur de un lado para otro atendiendo a gente y desde la balconada de la estación que da sobre los andenes observa los aguje- H ros del convoy, los cadáveres por el suelo... He estado en muchos atentados y hasta ese momento mi referencia del horror absoluto es el de ETA en Vallecas contra los mecánicos del parque móvil de la Marina, pero según veo semejante bestialidad me lleno de incredulidad. Es una exageración. Me puede la impotencia. Veo los cuerpos heridos y muertos, el dolor lo inunda todo y siento como es una realidad amarga de dimensiones que no se han alcanzado nunca La información de los otros escenarios no para de llegar. Empiezo a pensar a mucha velocidad qué es lo que necesito, lo que tengo que hacer, sé que va a durar mucho tiempo y por eso llamo a la Comisaría General para que alerten a otras brigadas importantes como Barcelona, Valencia o Sevilla que en un momento dado nos tendrán que mandar gente para apoyar y hacer los relevos. El delegado del Gobierno, que está en el gabinete de crisis que se forma en el Ministerio de Agricultura, me pregunta qué necesitamos y le digo que una zona muy amplia para depositar los cadáveres ya que me informan de que hay muchos. Comisario, ¿le viene bien uno de los pabellones de Ifema? Perfecto, pero que bajen todo lo que puedan la temperatura porque no sabemos el tiempo que vamos a tardar Llega el juez de instrucción, del Olmo, con la fiscal y el forense y bajamos a Atocha, luego a Téllez. En el Pozo y Santa Eugenia trabajan otros jueces. Equipos de inspecciones oculares, de fotografía y de video filman las escenas y cada uno de los cuerpos. Se recogen todo tipo de objetos y se empiezan a rellenar las fichas post mortem. Es fundamental que se siga y se cumpla el protocolo. Hacia el mediodía le digo al juez que si no tiene inconveniente me traslado a Ifema porque van a llegar cuerpos y hay que organizar el trabajo. Ya se han puesto en contacto con mi amiga Carmen Baladía, directora del Instituto Anatómico Forense, para iniciar las autopsias y la identificación de cadáveres. Esa es nuestra prioridad: devolver a los muertos la identidad con la que habían vivido y entregárselos a las familias cuanto antes para su entierro Colocados los cuerpos en fila según su lugar de procedencia para evitar mezclas y equivocaciones, a otro lado sus pertenencias, se inician en doce mesas provisionales las autopsias. En cada equipo, un policía o un guardia civil de la Científica apoyan a los forenses y se encargan de las necrorreseñas y de analizar cualquier vestigio que pueda dar pistas. La primera autopsia que se hace es a un marroquí. Además me dicen que hay Un marroquí, la primera autopsia Sé de los estragos en Bali, Israel... Me dicen que una cabeza ha volado e indico a los forenses que puede haber terroristas suicidas. Si llega a haber y se nos pasa, nos crucifican