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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE Por el despacho de José Manuel Rodríguez Uribes pasan cada semana víctimas del 11- M, ETA y Grapo. Entre esas cuatro paredes se vive la desesperación y el consuelo En la ventanilla del dolor Hay una ventanilla en la Administración donde cada día se gestionan aflicciones, daños, ayudas, ausencias. La dirige el profesor de Filosofía del Derecho José Manuel Rodríguez Uribes, que lleva cinco años lidiando con la impotencia y buscando vericuetos legales para aplacar el dolor que no se apaga POR VIRGINIA RÓDENAS FOTOS: IGNACIO GIL, JAIME GARCÍA El fruto del servicio es la paz Teresa de Calcuta U na cosa es la teoría sobre el papel y otra la realidad de la carne, más aún si es carne mortal, carne herida. Lo sabe bien Rodríguez Uribes que pasó de reflexionar sobre derechos humanos en el Instituto Universitario Bartolomé de las Casas a tener ante sus narices a los despojados por el terrorismo. La primera vez fue en el Alto Comisionado, que dirigía Peces Barba, y fueron víctimas del 11- M. Recuerdo sobre todo el caso de una mujer que había perdido a su ex marido y a su hijo, al que el padre había recogido de su casa minutos antes. Fue mi primera relación directa con alguien que ha sufrido de una forma tan brutal un atentado en su familia; hoy mantengo con ella una relación entrañable. Otros que vinieron aquel día eran heridos. Pero también hubo una primera vez para visitar a una víctima. Nos desplazamos hasta una montaña entre León y Asturias. Habíamos recibido la llamada de una señora, prima segunda de un hombre de 40 años que se había quedado absolutamente solo cuidando unas ovejas, en una condición económica extrema, desde que ETA matara a su hermano mayor, su referente afectivo, un policía nacional destinado en San Sebastián, a los seis meses muriera repentinamente su madre y, al poco tiempo, el padre. ¿Es víctima? Dije sí; desde el concepto estricto de la indemnización no le corresponde, porque la recibió la viuda, pero desde todos los demás puntos de vista sí. Fue impresionante. Cuando llegamos vimos una casa donde no había absolutamente nada, sólo una gran fotografía del hermano muerto en la pared y un póster de San Sebastián, porque el único viaje que había hecho aquel hombre en su vida había sido a esa ciudad para visitar a su hermano. Llamé a Maite Pagazaurtundua, que preside la Fundación de Víctimas, y le dije que había que poner un poco de dinero desde los dos lados para comprarle una nevera, una televisión... Al ofrecimiento de un teléfono dijo que no, porque no había ni cobertura. También hubiera necesitado ayuda psicológica, tan solo como estaba, tan mal, pero su pariente nos avisó de que si le mandábamos un psicólogo iba a creer que pensábamos que estaba loco. Es verdad que la ley no le reconocía, pero le ayudamos. Porque en esta dirección general de Apoyo a las Víctimas, y antes con el Alto Comisionado, lo que perseguimos no es un observatorio desde la distancia sino arremangarnos, que es lo que tiene sentido, y ponernos a trabajar directamente con las familias Me cuenta el profesor desde su despacho gris y azul, como las palomas de esa misma calle de Sagasta en que se encuentra, que aquella primera víctima de carne y hueso lo que reclamaba, como luego comprobaría en todas las demás, era reconocimiento, visibilidad, que no se les olvide. También hay una necesidad de dimensión material de apoyo psicológico porque no han conseguido superar el trauma, o simplemente demandan información, porque tienen una necesidad de saber, que yo entiendo, y por la que abrimos una oficina en la Audiencia Nacional, con un fiscal de víctimas, que es el que las orienta cuando llegan a los juicios, y además se las acompaña para que ellas y sus familias, a los que impone en muchos casos ese tribunal, tengan a su lado una asistente que las atienda y resuelva todo el trámite de pasar por allí Una compañía de 8 trabajadoras sociales capitaneada por Pilar Pérez Portabales- -responsable de la interlocución con los casi medio centenar de colectivos de víctimas- -se dedica en cuerpo y alma a que nada les falte. Mientras, en la otra subdirección general, la de ayudas, que depende de Sonia Ramos, se trabaja a destajo. Una decena de personas, entre juristas, instructores y funcionarios, tramitan sin descanso miles de expedientes. Porque ni siquiera han esperado el año de plazo que tiene la Administración para dar las indemnizaciones y desde el minuto uno han empezado a entregarlas. Los más de 3.000 heridos recogidos en la sentencia son los destinatarios directos de la prestación y el apoyo; pero es entre los deudos de los 192 fallecidos donde se amplía el círculo de la ayuda, aplicando el criterio de herederos en función de la nacionalidad de la víctima. Esto ha supuesto un esfuerzo añadido porque los 49 extranjeros que murieron el 11- M son de muy diversas nacionalidades y, por ejemplo, la ley finlandesa recono (Pasa a la página siguiente) Buscando a los herederos Unas 300 personas no han solicitado aún las ayudas tras la sentencia del 11- M. El trabajo se complica con los muertos extranjeros, cuyos herederos lo son según la ley de su país