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D 7 1 3 09 LA CARTA DEL CORRESPONSAL 32 D 7 LOS DOMINGOS DE Nueva York TEXTO Y FOTO: ANNA GRAU mara incluido. John Varriano, 46 años, casado y padre de un niño de once meses, empezó a servir copas en el Four Seasons hace doce años. Se sumó así a la legión de habitantes de Nueva York- -donde, para variar, él incluso ha nacido- -que buscan en la hostelería una forma de sobrevivir mientras no les llega el éxito en lo suyo, que es el arte. John pinta al óleo desde que tuvo altura para plantarse frente un caballete. Caballete que, por cierto, ha llegado a llevarse con él al Four Seasons, para aprovechar los ratos muertos- -y la sublime luz como aleonardada -que sus cortinas filtran los sábados al mediodía. Entre copas y pinceles John Varriano se ha convertido en el pintor de cámara de la muy chic clientela del bar en el que empezó a servir copas hace doce años S i vienes a Nueva York con ánimo de dejar huella ponte elegante y tómate algo en el bar del Four Seasons. Nunca se sabe: igual entras como simple turista y sales habiéndote transformado en la Mona Lisa de la ciudad. El restaurante Four Seasons está en el número 99 del tramo Este de la calle 52, entre Lexington y Park Avenue. Pero hoy no nos interesa el restaurante sino el bar, con su clásica barra cuadrangular, sus ventanas de dimensiones vaticanas y sus ondulantes cortinas de oro. Parece una cámara acorazada de exquisitez. Con su pintor de cá- John Varriano en la barra del bar Four Seasons, donde se consagró como barman y retratista de la moderna aristocracia John tuvo más suerte que otros artistas empleados en locales cochambrosos y sin margen para la inspiración. Él sirve las copas a la élite social y financiera de la ciudad, gente interesante por sus propinas, por su conversación- -sobre todo en estos tiempos de catarsis en Wall Street- -y por su perfil, que John empezó a inmortalizar como quien no quiere la cosa en servilletas extendidas sobre la barra. Con el tiempo estos apuntes acabaron germinando en retratos de estudio que causaron sensación. Se han llegado a pagar miles de dólares por ellos. La primavera que viene está prevista una gran exposición en Manhattan. Sin duda es admirable cómo John Varriano logra conciliar la obligación y la devoción, la coctelera y los pinceles. Él está orgullosísimo de pintar a sus patrones como él los llama, comparándose con los artistas del Renacimiento a la vera de los Papas o de los Medici. Yo retrato a la moderna aristocracia afirma, convencido. La frase suena rara por teléfono y sin embargo cobra una potente naturalidad cuando nos acercamos a la barra del Four Seasons a las siete de la tarde de un miércoles. El cliente medio tiene de 40 años para arriba. Va bien vestido pero con sobriedad; nada que ver con las moderneces estridentes de Sexo en Nueva York Se ven bastantes caras con aire de pensar o decir algo inteligente. El gintonic cuesta unos 17 dólares sin propina. John Varriano aparece y encaja a la perfección: es alto, delgado, presumido (no es imposible que lleve laca en el pelo) y tiene una especie de instinto cortesano innato. Sabe halagar sin pasarse y sin dejar de observar ni un minuto a sus presas Nos presenta a algunas, que se alegran mucho al saber que su John va a salir en la prensa extranjera. ¿Está dispuesto él a dar el salto a ser pintor de cámara internacional? ¿Por qué no? En Nueva York me he acostumbrado a retratar el misterio del mundo sonríe, mirándome fijamente y acariciando tentador una servilleta en blanco. PRESIDENTE DE HONOR Guillermo Luca de Tena PRESIDENTA- EDITORA Catalina Luca de Tena CONSEJERO DELEGADO José Manuel Vargas DIRECTOR GENERAL José Luis Romero DIRECTOR Ángel Expósito Mora DIRECTOR ADJUNTO José Antonio Navas SUBDIRECTOR Alberto Aguirre de Cárcer REDACTOR JEFE Alberto Sotillo D 7