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1 3 09 FIRMAS A Touriño no le llegaba la camisa al cuerpo por la desmovilización que advertía en Galicia PUNTO Y SEGUIDO Fallaron los cálculos POR PILAR CERNUDA olo han llegado unos 2.000 votos de emigrantes a través de los consulados. Muchos de ellos lo hacen a través de correo certificado, pero esos 2.000 vía consulado son muchos menos de los previstos y los psoes no se explican lo que pasa. Fallan los cálculos de que los emigrantes podrían decidir uno o dos escaños, lo que significaba decidir sobre el futuro presidente gallego. Dos mil y pico votantes en consulados es una cifra muy por debajo de la esperada. ¿Para eso han dado tanto dinero a los centros gallegos, para eso mandaron allá a la parlamentaria María José Porteiro, para eso han removido tanto en embajadas y consulados intentando que hijos y nietos de S emigrantes se sintieran concernidos con Galicia, próximos a Galicia, decididos a participar en las decisiones políticas de Galicia? Pues, aparentemente, no lo han hecho, o no en la cifra esperada. Y es que los socialistas no acaban de entender lo que ocurre en Galicia, la desmovilización por utilizar su terminología. Primero advirtieron que el voto por correo era muy inferior al de 2005; luego, que no se llenaban los mítines; a continuación el dato de Asuntos Exteriores de que solo disponían de poco más de dos mil votos de emigrantes depositados en consulados... Pues lo que comentábamos el otro día, que la camisa malamente les llega al cuerpo. Así que Blanco y Touriño pidieron auxilio a Zapatero y allá que se fue el presidente para ver si conseguía mover el cotarro. En cambio respiran tranquilos en el País Vasco, convencidos de que tendrán un gran resultado. Se les nota sinceros cuando aseguran que Patxi será lehendakari. Atentos por tanto al posible cambio en Galicia y al posible cambio en el País Vasco. Que evidentemente- -de producirse- -supondrá un giro de la máxima importancia en esas dos comunidades, pero también en las direcciones nacionales de los dos partidos mayoritarios y de los dos partidos nacionalistas que han pisado fuerte en las dos comunidades. Pero esta semana, si pasa a la historia, que pasará, será por un nombre: Mariano Fernández Bermejo. Y por una incógnita: si se fue o si le indicaron que tenía que irse. Quedará en el secreto del sumario, pero versiones hay para todos los gustos. El lunes pasado, como todos, se reunió en Moncloa el grupo llamado maitines -habrá que recordar que fue Fraga quien llamó así a sus reuniones tempraneras con sus más cercanos colaboradores, creó precedente y nombre- formado por el presidente, la vicepresidenta, Solbes, Blanco, Pajín, Bernardino León y José Enrique Serrano- -secretario general de la Presidencia y jefe del gabinete de la Presidencia. No se habló de la dimisión del ministro de Justicia. Tampoco en la reunión que se celebró inmediatamente después, la permanente del partido, a la que asisten los secretarios ejecutivos del PSOE. Leire Pajín no dijo una palabra sobre la dimisión en su rueda de prensa, aunque tengo para mí que sabía que Bermejo iba a anunciar su salida, lo que efectivamente hizo a la una de la tarde. ¿Obligado por los acontecimientos? ¿Obligado por el presidente, preocupado por el roto y el descosido que le estaba haciendo en las campañas gallega y vasca? Lo sabremos algún día, pero tocaba elegancia en una situación así y Zapatero dijo que la iniciativa era del ya ex ministro. Un dato: el presidente estaba dispuesto a mantenerlo, como contó a Gloria Lomana, pero empezaron las dudas cuando supo que Bermejo había cazado en Quintos de Mora, donde estaba prohibido, y que además había cazado en Andalucía sin contar con el permiso preceptivo. Esa fue la puntilla. Resuelto el problema- -problemón- -del ministro de Justicia, la prioridad se centró en País Vasco y Galicia, con Garzón de fondo con su peculiar forma de incrustarse en las agendas políticas, a ser posible durante las campañas electorales. Como hace ahora y como hizo en el 95 cuando dejó temblando al gobierno del PSOE. Gobierno, por cierto, que acusaba entonces al juez precisamente de lo que le acusa ahora el PP: de no ser independiente y de utilizar políticamente sus siempre polémicas instrucciones. Vueltas que da la vida.