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1 3 09 EL LIBRO BIBLIOTECA NUEVA Terrorismo en el Sahel El Sahel, esa región situada entre el Sahara y África central, es una especie de agujero negro del que lo desconocemos casi todo sobre su realidad social, política y económica. Sin embargo, allí confluyen fuertes y complejos intereses internacionales que, en opinión de los autores de esta obra, han contribuido a dar la respuesta equivocada al fenómeno terrorista en la zona l terrorismo internacional, tal como se concibe hoy, no requiere estructuras o jerarquías bien definidas, no necesita campos de instrucción permanentes ni militantes identificables permanentemente como terroristas. El terrorista ni siquiera necesita integrarse formalmente en un grupo (sea Al Qaeda o cualquier otro) puede ser un granjero, un panadero o un millonario saudí durante prácticamente toda su vida hasta que se activa para cometer un atentado. Casi lo mismo se puede decir sobre los grupos terroristas: Hamás o Hezbolá están, al menos, tan involucrados en actividades de apoyo social a sus poblaciones como en su acción política o en la planificación y ejecución de atentados contra sus enemigos. En ese sentido, luchar contra el terrorismo y erradicarlo es simplemente imposible, y si se mide el éxito de las operaciones contraterroristas en el Sahel en estos términos, su fracaso ya está asegurado de antemano. Sin embargo, está claro que sí existen grupos que emplean frecuentemente, o incluso en exclusiva, el terrorismo como su forma de acción preferente, y que su mera existencia conforma una grave amenaza para la seguridad de algunos territorios. En el contexto de nuestro análisis, los dos ejemplos más obvios son Al Qaeda y el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) En enero de 2007 este último cambió su nombre por el de Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) aunque ya tres años antes había anunciado su lealtad a la causa de Al Qaeda. Estos dos grupos son la cara (más o menos) visible del fantasma del terrorismo en el Sahel, convertidos por tanto en los antagonistas por excelencia de EE. UU. y de los gobiernos locales en esta historia. Desgraciadamente Al Qaeda es suficientemente conocido y, por tanto, no necesita una presentación muy detallada. Lo que aquí cabe destacar, sin embargo, es que su unión con el GSPC- -anunciada por Ayman al- Zawahiri, colíder de Al Qaeda, en septiembre de 2006- -debe entenderse como un paso normal en su estrategia terrorista, estableciendo alianzas con grupos lo- E Título: Terrorismo internacional en África. La construcción de una amenaza en el Sahel Autor: Jesús A. Núñez Villaverde, Balder Hageraats y Malgorzata Kotomska Editorial: Catarata Páginas: 272 Precio: 17 euros cales, bien asentados en sus territorios de referencia y con contrastada capacidad operativa, lo que le permite ampliar notablemente su radio de acción y reservarse un papel de animador de la violencia más que de ejecutor directo. Esto, por añadidura, hace aún más difícil la lucha contra una organización tan diversificada y descentralizada. El GSPC fue fundado por Hassan Hattab, un comandante regional del Grupo Islámico Armado (GIA) argelino, que rompió con el GIA en 1998. Las estimaciones sobre el número de sus miembros activos varían desde algunos centenares hasta los 4.000 (BBC, 2005) en un nuevo ejemplo de las dificultades para determinar el grado y alcance de la amenaza terrorista tanto en Argelia como en términos más generales. Esta complejidad se acentúa todavía más por la existencia de grupos disidentes dentro del GSPC; con uno de ellos, liderado por Amari Saifi (alias Abderrazak El Para acusado de ser responsable del secuestro de 32 turistas europeos en 2003. Aunque los fundamentos del GSPC siguen firmemente basados en Argelia, la naturaleza de su lucha- -contra un régimen apoyado por Occidente y considerado antiislamista- -tiene mucho en común con la de otros grupos terroristas de la región, y esto parece haber incrementado su atractivo a los ojos de Al Qaeda, facilitando de ese modo el proceso para su integración en la organización y una cierta internacionalización de sus actividades incluso, supuestamente, hasta el Sahel y el territorio europeo. Su objetivo principal es el establecimiento de un califato islamista, aunque sus portavoces asu- Jesús Núñez Villaverde Experto en Seguridad Internacional Tras las persecuciones que el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) ha sufrido en Argelia, parece haber encontrado espacio de movimiento en Mali y Mauritania Las redes terroristas suelen aprovecharse de la situación de exclusión (económica, cultural o de otro tipo) de individuos o colectivos para reclutar a militantes o combatientes men que esto, por ahora, sigue siendo un sueño a (muy) largo plazo, lo que les lleva a concentrarse en objetivos más concretos, como la lucha contra los regímenes islámicos, a los que califican de decadentes y corruptos, y contra sus aliados occidentales. Después de las persecuciones que el grupo ha sufrido en Argelia parece haber encontrado espacio de movimiento en Malí y Mauritania, algo que ha aumentado la preocupación sobre el Sahel como nuevo frente de la guerra contra el terrorismo. Además, existen indicios de que se haya llegado a establecer algún tipo de cooperación entre el AQMI y grupos locales como los Tablighi. Sin embargo, conviene manejarse con cautela en este tema, para no dar por hecho que esto signifique que esos otros grupos locales también forman parte de la red terrorista internacional. Aunque el discurso liderado por Washington sigue insistiendo en que cualquier actor que apoya a los terroristas es también parte del enemigo, la realidad es bien distinta y no encaja en esta visión simplista. Exactamente por su propia naturaleza, hay multitud de organizaciones e individuos vinculados, en una graduación muy diversa, con grupos terroristas que no por ello pueden calificarse en sí mismos como violentos. Este es, por ejemplo, un problema bien evidente en las provincias del noroeste de Paquistán, cuando se trata de actuar contra Al Qaeda atacando directamente a los grupos locales como si todos fuesen parte de la red terrorista. Si se sigue este patrón de comportamiento, se puede caer en el mismo error en el Sahel. Lo que sí es verdad es que las redes terroristas- -especialmente aquellas que están bien financiadas- -suelen aprovecharse de la situación de exclusión (económica, cultural o de cualquier otro tipo) de individuos o colectivos en el seno de sus sociedades de referencia para reclutar entre ellos a simpatizantes, militantes o combatientes que les permitan reforzar así su capacidad operativa. Esta es exactamente una de las grandes- -y plenamente justificadas- -preocupaciones sobre el Sahel: tanto étnica