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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE IN MEMORIAM Konrad Dannenberg Un gigante de la bomba y del cohete Ex oficial de Caballería, investigador de los misiles V- 2 en la Alemania nazi y responsable después, en EE. UU. del proyecto Saturno y de que el hombre pusiera un pie en la Luna, murió en Alabama a los 96 años POR EDUARDO CHAMORRO ormó parte de una elite de guerreros a los que ningún enemigo fusilaría. Desarrolló una destreza de tal índole en las ciencias de la muerte y la destrucción que fue siempre más valioso vivo para seguir matando que muerto para acabar la hecatombe. Fue una de esas incógnitas que conviene mantener a mano y despejadas por lo que pudiera pasar. Su patria fue siempre un exilio con residencia en la ciencia. Enviaron tras ellos a espías, agentes especiales, negociadores diplomáticos, mujeres hermosas, proveedores de droga, equipos especializados en secuestros y golpes de mano... Lejos de líderes y caudillos y sin demasiado que ver con ellos, fueron las presas más codiciadas una vez concluida la batalla y muertos casi todos los demás combatientes. Las cifras de los caídos frente al soldado fueron siempre ridículas en contraste con la desolación que hicieron cundir estas cabezas ambiciosas que nunca dejaron de pensar en la Luna. Gracias a esa alteza de miras salvaron unos cuantos el pellejo. El Buen Alemán se llama la película que Steven Soderberg realizó en 2006 sobre la novela de Joseph Kanon acerca de los esfuerzos de británicos, americanos y rusos en el Berlín de la Conferencia de Postdam para controlar a quienes trabajaron en las bombas volantes desarrolladas, entre otros, por Werner von Braun. Por lo que respecta a los americanos, su operación Paperclip logró sacar de Alemania a Konrad Dannenberg junto con otros 117 científicos alemanes, para instalarlos en los laboratorios de Fort Bliss, en Texas. Un portavoz de la National Aeronautics and Space Administration (NASA) -para la que trabajó desde los años Sesenta- -anunció su defunción en el Marshall Space Flight Center de Huntsville, Alabama, donde Dannenberg conoció a von Braun cuando este desistió de su proyecto para un motor de cohetes propio a favor de un modelo desarrollado por Walter Riedel para la North American Aviation. Danennberg había sido el lugarteniente de Riedel en el Centro de Investigación y Desarrollo alemán en Peenemünde, como responsable de los trabajos para poner a punto los misiles V- 2 que lanzados a la estratosfera con mil libras de explosivos, se derramaban masivamente sobre sus blancos urbanos. Solo en Londres causaron casi tres mil muertos. Entre diez y veinte mil rusos, polacos y judíos murieron trabajando como esclavos en esas fábricas subterráneas de la úl- F AP tima cohetería alemana, en las que Werner von Braun cubrió un puesto de oficial comisionado de las SS, según se supo en 1992. Konrad Dannenberg llegó a Peenemünde en 1940 tras su intervención como oficial de caballería en la Batalla de Francia. Había forma- El sueño de poner un pie en la luna le salvó el pellejo NASA Como Werner von Braun y como tantos otros científicos alemanes, Dannenberg puso todo su talento al servicio armamentístico de la Alemania nazi. Pero tras la guerra los norteamericanos le rescataron para ponerle a trabajar en su propio programa espacial. Desarrolló el cohete Saturno. Y fue precisamente el Saturno V el que propulsó el Apollo 11 que llevó al primer hombre a la luna do parte en su adolescencia de un grupo de aficionados a los proyectiles y cohetes, estudiantes de la Universidad de Hanover bajo la dirección de Albert Püllenberg. Y fue este maestro, destinado en Peenemünde, quien reclamó la colaboración de su antiguo discípulo. Terminada la guerra y puesto a salvo en Estados Unidos, Dannenber dirigió las investigaciones sobre un modelo de cohete lanzado en vertical como prototipo de los sistemas de misiles Redstone y Júpiter. Su trabajo, considerado como excepcional, influyó en los planes de la NASA hasta el punto de poner en sus manos el proyecto Saturno, el cohete de diseño más ambicioso de todos los tiempos, desarrollado en el centro levantado a ese propósito en Huntsville, Alabama, el lugar donde se anunció su muerte. Von Braum tampoco estuvo lejos de ese proyecto Saturno como aprovechamiento final de los cálculos y experimentos que impulsaron la balística alemana del Tercer Reich. Su elegido, Dannenberg, recibió en 1969 la medalla al Servicio de la NASA cuando su proyectil Saturno V fue capaz de propulsar el Apolo 11 que llevó al primer hombre a la Luna. Luego paso a investigar las posibilidades de una red de estaciones espaciales apoyada en el proyecto Saturno, hasta que en 1973 se retiró para trabajar como profesor asociado en el Instituto Espacial de la Universidad de Tennessee, donde una beca que lleva su nombre premia la precocidad en el talento aeroespacial.