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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE AP ción de malos elementos y designar mandos sin vinculación con ninguna organización delictiva. Se informa a la comunidad que la agenda del alcalde no será alterada ni disminuida; por obvias razones se extremará su seguridad en todos los actos de carácter público El propio edil reconocía que la delincuencia organizada pretende controlar a la policía de la ciudad, pero no nos vamos a dejar Se le pasó por alto que el antecesor de Orduña al frente de los agentes locales, Guillermo Prieto, también tuvo que plegar velas a mediados de 2008 a petición del crimen organizado. Chihuahua, el estado mexicano al que pertenece Ciudad Juárez, es un territorio fuera de control, que parece no conocer otra ley que la que impone el hampa. Su gobernador, José Reyes Baeza, salía ileso el pasado martes del ataque de un comando contra la comitiva en la que viajaba. En el atentado resultó muerto uno de sus escoltas. El Gobierno central asegura no haber entregado la plaza, y se mantiene firme de palabra en su intención de imponer el poder del Estado en la región. Pero de poco ha servido el despliegue por el territorio de más de dos mil efectivos militares, 500 uniformados de la Policía Federal Preventiva y decenas de agentes del Ministerio Público Federal y de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) Las autoridades estatales se quejan de haberse quedado solos en la lucha contra el narcotráfico Y, sí: se están quedando solos. Y cada día más, pues el número de muertos aumenta de manera exponencial. El promedio diario de asesinatos ligados al narcotráfico en Chihuahua casi se ha triplicado en los dos primeros meses de 2009, con relación al mismo periodo del año anterior: de 2,5 asesinatos en 2008 se ha pasado a 6,6 en enero y febrero. Chihuahua terminó 2008 con 2.400 narcocrímenes casi el 40 por ciento de los 6.290 registrados en todo el país. Este año en Chihuahua se han cometido la mitad de los más de mil crímenes que se llevan contabilizados. El cártel de Sinaloa estaría detrás de esta ola de violencia y crueldad, en la que no faltan los cuerpos salvajemente torturados, desmembrados y disueltos en ácido. Los sicarios de Joaquín El Chapo Guzmán- -y sus lugartenientes: Ismael El Mayo Zambada y Juan Jesús Esparragoza El Azul -pretenden hacerse con el control del tráfico de drogas (y otro tipo de actividades mafiosas, como el secuestro y la extorsión) en toda la república mexicana. Para ello, están enfrentados en su tierra natal al clan de los hermanos Beltrán Leyva, al cártel del Golfo y al brazo armado de éste, Los Zetas un grupo de ex soldados de elite que se cambiaron de bando por una suculenta suma. Joaquín Guzmán Loera se independizó del cártel de Guadalajara para emplearse por cuenta propia. Su prontuario criminal lo llevó a prisión en 1995, pero seis años más tarde sobornaba a autoridades y custodios del penal de Puente Grande y se daba a la fuga. Desde entonces, es uno de los hombres más buscados en México y Estados Unidos. En la sombra, El Chapo Guzmán ha extendido sus redes criminales y su rastro puede seguirse en toda la frontera: desde Tijuana, a cuyo cártel (dirigido por los hermanos Arellano Félix) le disputa el territorio, hasta Tamaulipas. Sus huellas son visibles también al sur del país, en la frontera con Guatemala, y en otras naciones del continente. A El Chapo ya se le conoce como el el Escobar mexicano en referencia al célebre narcotraficante colombiano Pablo Escobar. Pero da la impresión de que la partida se disputa, sobre todo, en Chihuahua. Y, más concretamente, en Ciudad Juárez, convertida en una localidad fantasma (ni rastro del turismo que solía cruzar el puente internacional desde El Paso) sacudida por las ráfagas de ametralladora, los estruendos de las armas de alto poder y las sirenas de patrullas y ambulancias. Decían que eran gente del Chapo Que los habían mandado para que nos cargara la chingada a todos los de Villa Ahumada contaba en la prensa local uno de los secuestrados que sobrevivieron al choque entre sicarios y militares el pasado 10 de febrero, y que dejó un saldo de 21 muertos. Son la Gente Nueva células de sicarios y operadores del cártel de Sinaloa desplegados en Chihuahua. Se trata de jóvenes de entre 20 y 35 años que llegan procedentes de municipios de Sinaloa como Ahome, Bacayopa Choix, Chinobampó, San José de Gracia o La Mesa de San Miguel en vuelos comerciales a Chihuahua y Ciudad Juárez, según información de la inteligencia militar. Una vez en Chihuahua, sus padrinos les proporcionan vehículos nuevos de alta gama, casi siempre robados, que circulan sin placas o con matrículas de la vecina Texas. Allí, al otro lado de la frontera, es donde se surten de su variado y numeroso armamento. Bien pertrechados, en parejas o en grupos de a cuatro, le pelean la calle noche y día al grupo La Línea, operadores y sicarios del cártel de Juárez que comanda Vicente Carrillo Fuentes El Viceroy No importa el lugar ni la hora: se han registrado enfrentamientos a tiro limpio en centros comerciales durante horario de máxima afluencia de público. Esta Gente Nueva se despliega por una docena de municipios chihuahuenses con diferentes mi (Pasa a la página siguiente) En busca de armas en Texas El cártel de Sinaloa estaría detrás de esta ola de violencia y crueldad, en la que no faltan los cuerpos salvajemente torturados, desmembrados y disueltos en ácido El propio alcalde de Ciudad Juárez reconocía que la delincuencia organizada pretende controlar a la policía de la ciudad. Pero no nos vamos a dejar asegura Chihuahua, fuera de control Cuerpos abandonados de tres hombres con señales de haber sido torturados en Sinaloa REUTERS