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22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE Bailes, carrozas y cabalgatas. Junto a estas líneas, los artistas del teatro Lara en el palco del jurado del baile de Carnaval de la Asociación de Escritores y Artistas. De izquierda a derecha, baile celebrado en los salones del Casino de Córdoba. Cabalgata carnavalesca de los Siete Niños de Écija. El centauro y la bacante carroza del Centro de Hijos de Madrid. Y la carroza de La Bella Easo en los carnavales de San Sebastián Yerto, rígido, yacía el inanimado cuerpo del pobre Pierrot (todas las desgracias le ocurren a Pierrot, sin duda, efecto del nombre, que parece indicar pie roto, o sea, que entra con mal pie en el Carnaval) su crispada mano retenía aún la sedeña bolsa, y en su pintarrajeada faz, la boca, contraída por las supremas ansias de la muerte, dibujaba una mueca que semejaba grotesca sonrisa (esto de la mueca no falta nunca, en gracia al contraste, ya que no pueda ser en gracia a la originalidad) dando la impresión de que la desdichada máscara reía estúpidamente de aquella brutal y última burla que le costó la vida. -Y tú, ¿no bailas? -No; en medio de esta bulliciosa y alegre multitud, me encuentro aislado y, ¡ya ves! entre tantas juveniles mascaritas, de airoso continente y mirar de fuego, no he logrado hallar pareja (lo mismo ocurre con las de guardias municipales, cuando hacen falta) A varias me acerqué, y varias también se aproximaron a mí; pero, en cuanto les hablé, se alejaron riendo... ¡No me comprendían! ¿Serían extranjeras, quizá suecas, las interpeladas? Todo es miseria, más o menos velada bajo galas de oropel... Todo se encanalla y se envilece: ya no hay arte, ni imaginación, ni gusto El gusto es mío -podría añadir cortés... e inmodestamente) Antes, el Carnaval era quizá más pobre, pero más simpático, más alegre, más ingenuo en su locura, sin ridículos alardes de pomposidad. ¡Cómo a nuestro parecer- -cualquiera tiempo pasado- -fue mejor! ¿Dónde es- Momo Trágico tá el arte de que tanto blasona y se envanece la actual generación? (Pregúnteselo usted a un guardia) El enfermo tuvo un violento golpe de tos, pensando, sin duda, en el golpe no menos violento que de buena gana le hubiera asestado al doctor en la coronilla. -Deme usted algo para este catarro- -musitó Balduque. ¡Bromuro potásico, y sólo bromuro! ¿No le convendría más algún cocimiento? -insinuó la sobresaltada cónyuge. -La medicación ha de estar en consonancia con la época, señora. ¿No estamos en Carnaval, época de la broma? Pues ¡bromuro! ¡Qué chistoso es este doctor! ¡Líbreme Dios de tal desgracia! Entre chiste y quiste no hay gran diferencia, ¡y figúrense ustedes lo que me divertiría si me saliese un chiste en el hígado! ¡Si le oyera a usted Hipócrates! ¿Qué me va usted a decir de Hipócrates, un médico que no supo quitarse el hipo? Ea; vamos a ver ese pecho... Cuide de que no se le dispare, porque lo noto un poco cargado. ¿Y qué me receta usted? -Lea usted en una Geografía todo lo concerniente al Sudán, a ver si suda: y además dése unas pinceladitas de licor de brea y tome unas buenas cucharadas de tintura de iodo... Vaya; hasta mañana. La mujer, solícita, le acompañó hasta la puerta y allí con tono misterioso preguntó: -Su mal no ofrece cuidado. Tendrá cura, ¿verdad? -Si manda venir al párroco, ¡ya lo creo que tendrá cura, señora! Momo festivo Momo soñador Momo plañidero MIGUEL A. CALVO ROSELLO