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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE DE MI BITÁCORA Japón pone los pelos de punta POR EDUARDO SAN MARTÍN os titanes de la economía mediática frente a frente. Uno por el New York Times, Paul Krugman; el segundo, con los colores del Washington Post, Robert Samuelson (nada que ver con el Nobel del mismo apellido y autor del texto económico de cabecera de tantas generaciones) La palestra: el recientemente aprobado plan de estímulo fiscal de Barack Obama por un importe cercano a los 800.000 millones de dólares (para que nos tiemblen las rodillas con la cifra, traduzcámosla a las desaparecidas pesetas: 106 billones; una fruslería) El objeto de la disputa: las evocaciones de la década perdida de Japón y su posible repetición en Estados Unidos. En las últimas semanas, Japón se ha puesto de moda, y no por su pujante nueva cocina ni por la tendencia a la embriaguez de algunos de sus ministros. El todavía líder de las economías asiáticas, y segunda potencia mundial, representa un precedente histórico en batacazos económicos que pone de punta muchas cabelleras. Sus cifras ac- D tuales son sobrecogedoras. En el último trimestre de 2008, su economía se hundió un 12,7 en tasa anual, un retroceso no equiparable al de ninguna otra economía avanzada. El derrumbe de las exportaciones, motor de su economía, se ha llevado los pocos avances obtenidos tras dejar atrás aquella nefanda década perdida (los años noventa del siglo pasado) Sigue sin hacer los deberes. El presidente Obama se refería a ese periodo el pasado 9 de febrero cuando urgía a actuar sin demora en una economía tan enferma para que no suceda lo que ocurrió en Japón en los 90 Krugman, el gurú que siempre apoyó al hoy presidente, le reprochaba, sin embargo, que se hubiera quedado corto y se refería también a aquella década, cuando afirmaba que el plan presidencial le recordaba aquel ominoso periodo: Una expansión fiscal lo suficientemente amplia para evitar lo peor, pero no lo bastante como para impulsar una recuperación... estamos en el comienzo pero empezamos a tragarnos la curva Enfrente, los que se opusieron al plan acudían también al espejo japonés. Y recordaban que las autoridades niponas habían recurrido hasta a ocho proyectos consecutivos para estimular la economía y sanear un sistema financiero infectado por los descubiertos, y aquello no funcionó, como bien se ha visto después de unos cuantos años de tímida recuperación. En medio se sitúa el mencionado Samuelson, que sostiene que ambos bandos pueden tener razón (es decir, que un plan de estímulo fiscal es necesario en las actuales circunstancias, pero que no es suficiente si no se arreglan también otras averías) pero apuntaba a cuál fue la verdadera razón de la década perdida japonesa: el fracaso, no sólo del sistema financiero, sino el del propio modelo de crecimiento económico (como en España, sin ir más lejos) Y veía un riesgo cierto de que el fenómeno se pudiera repetir en Estados Unidos. En Japón, el motor del crecimiento eran las exportaciones, en Estados Unidos lo ha sido el consumo. Cuando a mediados de los 80 la apreciación del yen contrajo el sector exterior, una industria doméstica cerrada y no competitiva fue incapaz de tirar del carro. En Estados Unidos, el desplome de un consumo alimentado por el endeudamiento y la sobrevaloración de activos ha dejado un sector de bienes de consumo sobredimensionado, con exceso de mano de obra e impotente para adaptarse a la nueva si- tuación. Samuelson concluye preguntándose, sin responderse, dónde encontrar ahora nuevas fuentes de crecimiento (como en España, sin ir más lejos) Por qué Lieberman L a Nakba es a los palestinos lo que la Shoah a los judíos. Su holocausto nacional. Fue en el periodo 1947- 49. Del millón tres cientos mil árabes que vivían en Palestina, cerca de un millón habitaban en lo que sería el estado judío diseñado en la Partición. Apenas quedaron unos 160.000. El resto perdió sus viviendas, sus bienes y sus tierras (casi el 90 del total del nuevo estado) en lo que historiadores palestinos, y también alguno israelí (Ilan Pappé) no dudan en calificar como la primera gran operación de limpieza étnica (tal como fue definida por la propia ONU para el caso de los Balcanes) después de la Segunda Guerra. Hoy vuelven a ser un millón trescientos mil, uno de cada cinco israelíes, y serán uno de cada cuatro en una generación. El ruso Lieberman, él mismo un expatriado, predica abiertamente una nueva Nakba. Y por ello se ha convertido en el arco de clave del futuro gobierno. Al sionismo fundacional de Ben Gurion (responsable máximo de la primera expulsión) y Golda Meir le han devorado los nietos de la diáspora. www. abc. es blogs san- martin