Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
22 2 09 LA IMAGEN La otra muerte de Kabul TEXTO: ALFONSO ARMADA FOTO: ÁLVARO YBARRA ZAVALA abul es un cruce de caminos. Estratégicamente situada en un estrecho valle donde el río del mismo nombre ha horadado su cauce, la ciudad es peaje obligado de quienes se dirigen al cinematográfico paso de Khyber. Muchos imperios han mordido el polvo en las tierras afganas, que adoptaron la fe de Mahoma en el siglo IX. Los soviéticos en el siglo XX no corrieron mejor suerte que los británicos en el XIX, y fueron cegados por el mismo polvo que ahora ciega a los estadounidenses y a la coalición internacional que tratan de crear un Estado moderno sobre los escombros de los talibanes, que no cejan en su empeño de volver a dictar a rajatabla el modo de vida de este territorio tan poco hospitalario para el infiel Barack Obama, la gran esperanza política internacional, acaba de estrenar su mandato en la Casa Blanca enviando 17.000 soldados que se sumarán a los 34.000 que Estados Unidos ya tiene sobre el terreno y a los 32.000 movilizados por la OTAN, incluida España. Aunque Obama ha reconocido que no se puede solucionar el problema afgano, los talibanes y la expansión del extremismo en la región sólo mediante medidas militares en el inconsciente colectivo de Occidente todavía pesa que de estas tierras abandonadas de la mano de Dios surgió la trama que acabó incrustando aviones de pasajeros en las Torres Gemelas y en el mismísimo Pentágono, en Washington, y que Obama bin Laden sigue agazapado en algún lugar de la frontera con Pakistán, en las llamadas zonas tribales No deja de resultar paradójico que heroinómanos afganos hayan encontrado refugio en el antiguo centro cultural ruso de Kabul para ahondar en su camino al paraíso personal, a un concienzudo exterminio. La drogadicción es uno de los principales problemas de Afganistán tras la caída del implacable régimen de los talib, los estudiantes. El narcotráfico ha vuelto a ser la mayor fuente de ingresos del país, y más de un millón de afganos son víctimas de una adicción que mata lentamente a quienes- -como rezaba una pintada en muchas paredes de Occidente cuando la heroína poseía una aureola de malditismo- no tienen prisa En morir. K Heroinómanos en el antiguo centro cultural ruso de Kabul