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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE AFP nes o votaba a partidos democráticos que no tenían posibilidad alguna de gobernar. En esta tesitura, algunos ideólogos del moribundo eurocomunismo vasco desarrollaron la teoría de las dos comunidades, un intento desesperado de relanzar la estrategia del compromiso histórico a la italiana, ofreciéndose como virtuales socios del PNV para suturar el desgarrón social y acometer la construcción nacional de Euskadi sobre la base de un vasquismo integrador. Los inventores de la teoría terminaron en el PSOE, que no tuvo inconveniente en comprársela. Que Patxi López la haya desenfundado en estas fechas, demuestra que los socialistas no cuentan con mucho más en su arsenal teórico. El vasquismo en el País Vasco, como el catalanismo en Cataluña (lo ha explicado magistralmente Xavier Pericay) no es más que un maquillaje vergonzante del nacionalismo transversal. En una palinodia admirable, Jaime Mayor Oreja reconocía, hace unos años, que la ausencia de una oposición decidida al PNV durante la transición había permitido que los nacionalistas diseñaran, durante casi tres décadas, un país a su medida. No existían dos comunidades en el País Vasco, sino una sola, la nacionalista. El resto no era comunidad. No lo es todavía. Hay dos teorías sobre el origen de las comunidades políticas: o surgen del terror o del pacto contra el terror. La comunidad nacionalista vasca nació (o renació) del terror que ETA comenzó a desa- rrollar hace cincuenta años. La única alternativa posible- -en democracia- -sólo podría surgir de un pacto contra el terror de ETA, pero un pacto tal será imposible mientras, en aras del vasquismo, una de las partes caiga periódicamente en la tentación de negociar con los terroristas. Esta es la verdadera raíz de la tragedia del País Vasco. La fuerza real del nacionalismo no se mide por la mayor o menor impregnación de identidades narcisistas en las costumbres y en las conductas, por la presencia de determinados símbolos en la vida social o por la adhesión a la normalización lingüística, aunque todas ellas constituyan indicadores a tener en cuenta. Con todo, son fenómenos superficiales no siempre fiables. Muchas veces responden a un comportamiento cautelar, a la necesidad de mimetizarse, de confundirse con el paisaje de la mayoría, y suelen desaparecer en cuanto cambian las tornas. No. El nacionalismo se mide en términos de an- gustia, de temor y de esperanza. También de decepción. Sólo han aparecido atisbos de una comunidad alternativa a la que ha dominado la historia del País Vasco de los últimos treinta años cuando ha existido cierta esperanza fundada de pactar realmente contra el terror. Y al desvanecerse esa esperanza, se ha llevado consigo la posibilidad de establecer una auténtica comunidad democrática, sin hipotecas. La perspectiva de un cambio político tras las elecciones autonómicas vascas de marzo no depende tanto de una coalición o de una alianza de las formaciones políticas no nacionalistas por la gobernabilidad, como de la decisión y el compromiso de no ceder a la tentación de negociar con ETA. Solamente eso, el pacto contra el terrorismo, puede suscitar una nueva comunidad política capaz de afrontar todas las dificultades que derivarían de una derrota electoral de los nacionalistas y de su consiguiente paso a la oposición. La más probable sería una radicalización del nacionalismo supuestamente moderado, lo que, sin duda, proporcionaría a ETA un estímulo para multiplicar los atentados, seleccionando sus objetivos en la militancia del partido o los partidos gobernantes. Haría falta en éste o éstos mucha fortaleza y serenidad. Si lograran resistir el embate, los resultados, estoy seguro, se verían a corto plazo. Sin una dictadura como coartada, ETA se debilitaría rápidamente y la comunidad nacionalista no tardaría en reducirse a unas dimensiones razonables y compatibles con un pluralismo democrático digno de tal nombre. Sobra decir que el vasquismo rampante del candidato socialista no augura maravillas. La dificultad de la disensión Vandalismo en Bilbao tras prohibirse una manifestación de la izquierda abertzale TELEPRESS