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22 2 09 EN PORTADA ¿Fin del ciclo nacionalista? País Vasco (Viene de la página anterior) entonces incipiente PSOE de Suresnes) a un sector muy amplio del clero secular y regular y a bastante gente sin militancia ni simpatías políticas concretas. En definitiva, podría afirmarse que en vísperas de la transición española a la democracia, una parte mayoritaria de la sociedad vasca se había vuelto nacionalista, fuera o no consciente de ello. Hubo, claro está, numerosas inflexiones en este proceso. Cuando ETA asesinó al almirante Carrero Blanco, el PCE condenó el atentado, quizá más por motivos tácticos que morales (aunque no debe olvidarse que la primera reacción de los dirigentes comunistas fue atribuir la acción a la extrema derecha, como si fuera inconcebible que ETA la hubiera llevado a cabo) A partir de ese momento, el distanciamiento del PCE respecto de la banda fue evidente, sin que ello obstara para que determinados militantes siguieran colaborando (como ya lo habían hecho en el propio atentado contra Carrero) con el terrorismo nacionalista. Algunos se convirtieron, ya en la transición, en firmes puntales del complejo político etarra. Pero, sin duda, fueron la excepción. Los comunistas vascos derivaron hacia una condena expresa del terrorismo de ETA ya antes de la muerte de Franco, sin que ello les impidiese condenar al mismo tiempo la represión franquista contra ETA. Estando así las cosas, no es extraño que ETA llegara a la nueva etapa democrática convencida de que tenía detrás a toda la comunidad nacionalista, o lo que es lo mismo, a la mayoría del pueblo vasco (o a Un bosque de ikurriñas en un acto a favor de Batasuna su totalidad, puesto que para el nacionalismo, sea el de ETA o el del PNV no hay más pueblo vasco que la comunidad nacionalista) Esta convicción la reafirmó en que no debía variar su estrategia y en que, a lo sumo, podría introducir en la misma ciertas innovaciones puramente tácticas para aprovechar las ventajas que pudiera depararle la nueva situación política. Y así, las dos ramas de ETA, la militar y la político- militar, improvisaron sendas formaciones legales para intervenir en la democracia parlamentaria. Si alimentaron alguna vez la esperanza de atraer el voto nacionalista mayoritario, no tardarían en desengañarse. El PNV fue el principal beneficiario del cambio democrático, que favoreció en toda España a las opciones moderadas. No significa que el PNV lo fuese. Entre los partidos nacionalistas que transigieron con la reforma política, ha sido el más acendradamente anticonstitucional (carácter que heredaría Eusko Alkartasuna, la formación nacida de la escisión del ex lehendakari Garaikoetxea y sus seguidores) Pero su apuesta por el parlamentarismo y su condena de la violencia parecían equivaler a una moderación programática, no sólo ante los simpatizantes del nacionalismo que creían, más o menos sinceramente, que las circunstancias disculpantes del terrorismo habían caducado, sino ante los partidos democráticos no nacionalistas, de izquierda y derecha. Tanto los centristas de UCD como la izquierda democrática consideraron que la particular historia de violencia y represión sufrida por los vascos en los últimos años del régimen anterior, que había producido el incremento exponencial del sentimiento nacionalista, impedirían que cualquier fuerza no nacionalista llegara democráticamente al gobierno de la Comunidad Autónoma Vasca, y se inhibieron a favor del protagonismo de la única versión supuestamente moderada del nacionalismo, el PNV con la esperanza de que la gestión de gobierno y la consiguiente asunción de responsabilidades rebajara el anticonstitucionalismo del partido de Arzalluz. Fue un error. El PNV no se responsabilizaría jamás de una Constitución que no había votado y que no consideraba suya, sino de la nación opresora. Además, los dirigentes nacionalistas fueron muy conscientes de que la inhibición de los partidos españolistas se la debían, en el fondo, al miedo que ETA provocaba en toda España, y de ahí que se instalaran en la lógica diabólica del árbol y las nueces. El PNV no era terrorista, pero necesitaba del terrorismo para mantener su ventaja política. La persistencia del terrorismo produjo una profunda división entre la comunidad nacionalista, que se beneficiaba en su conjunto de aquélla, y la parte de la población que se abstenía en las eleccio- Los equívocos de la transición Basagoiti, junto a las banderas vasca, española y europea TELEPRESS El nacionalismo no se mide por la mayor o menor impregnación de identidades. Se mide en términos de angustia, de temor y de esperanza. También de decepción