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D 7 15 2 09 LA CARTA DEL CORRESPONSAL 32 D 7 LOS DOMINGOS DE Memorial Hoover Aquella Gran Depresión POR: PEDRO RODRÍGUEZ. WEST BRANCH (IOWA) sa donde nació en 1874, recibe muy pocos visitantes en comparación a los museos dedicados a Kennedy, Reagan, Lincoln o Roosevelt. Sin importar que en estos días de recesión esté casi de moda todo lo relacionado con las dramáticas circunstancias económicas sufridas por Estados Unidos a partir del crack de Wall Street en 1929. Lo que más sorprende del museo dedicado a Hoover es que su vida antes de ocupar la Casa Blanca resultó casi mucho más intensa y productiva. Dedicado a la ingeniería de minas, el hombre tuvo oportunidad de viajar por todo el mundo antes de entrar en política, y llegó a vivir en China con su mujer la cinematográfica rebelión boxer El estallido de la Primera Guerra Mundial le sorprendió en Londres, donde las autoridades consulares de EE. UU. no dudaron en pedirle ayuda económica para evacuar a más de 100.000 compatriotas atrapados en Europa. Se dice que del millón y medio de dólares prestados por Hoover y otros ingenieros, todo el capital fue devuelto por los beneficiados menos 400 dólares. Esa generosidad benefactora siguió durante la gran guerra con la organización de ayuda humanitaria para diversos países, empezando por Bélgica. Todos esos esfuerzos quedan ilustrados en una colección de sacos de suministros convertidos en bordados de agradecimiento. En cualquier caso, Hoover mantuvo una genuina vocación de auxilio hasta su muerte en 1964. Efectivo secretario de Comercio, ganó la nominación del Partido Republicano para convertirse en el presidente número 31 de EE. UU. con un generosa margen electoral. En su discurso de investidura se declaró sin miedos sobre el futuro de nuestro país, un futuro brillante de esperanza Pero en 1932, una cuarta parte de la fuerza laboral americana se encontraba en paro. Y millones de personas en la miseria convirtieron el apellido del presidente en un epíteto de protesta. Espontáneos barrios de chabolas fueron bautizados como Hoover- villas y los viejos periódicos utilizados a modo de cobijo eran llamados mantas Hoover Todos esos prejuicios se han perpetuado hasta el punto de que los reproches personalizados en Herbert Hoover forman ahora parte del léxico político en Washington. Los pocos historiadores que le defienden hablan del presidente más incomprendido y menos apreciado Mientras otros insisten en que, incluso en las mejores condiciones económicas, Hoover habría sido un perdedor por su falta de elocuencia, su temperamento y su incapacidad para admitir errores. De hecho, en su Biblioteca- Museo no recuerdan ni una sola visita de un aspirante a la Casa Blanca compitiendo en Iowa. Ésta es una visita a la muy poco frecuentada, pero actualísima Biblioteca- Museo de Herbert Hoover, el presidente de la Gran Depresión P or la carretera número 80 de Iowa se puede llegar a la Casa Blanca. Ya que entre los maizales del medio- oeste de EE. UU. arranca tradicionalmente el fascinante maratón político de un sistema electoral que utiliza la voluntad popular para la selección de candidatos. Pero, junto a todas las metafóricas salidas marcadas hacia el cambio, la esperanza y el futuro, por la carretera 80 también se puede llegar hasta el pasado más actual. Por lo menos hasta West Branch, donde se encuentra la Biblioteca- Museo de Herbert Hoover, el presidente de la Gran Depresión. El memorial a Hoover, que incluye su tumba y la humilde ca- Una visita a la Biblioteca Hoover es un viaje al pasado más actual, pero pocos se animan a hacerlo ABC PRESIDENTE DE HONOR Guillermo Luca de Tena PRESIDENTA- EDITORA Catalina Luca de Tena CONSEJERO DELEGADO José Manuel Vargas DIRECTOR GENERAL José Luis Romero DIRECTOR Ángel Expósito Mora DIRECTOR ADJUNTO José Antonio Navas SUBDIRECTOR Alberto Aguirre de Cárcer REDACTOR JEFE Alberto Sotillo D 7