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15 2 09 ASÍ LO CONTÓ ABC 29 DE ENERO DE 1959 Hace cincuenta años se estrenaba la película ¿Dónde vas, Alfonso XII? basada en la obra teatral de Juan Ignacio Luca de Tena, quien también colaboró en su guión. El filme, que cuenta el romance de Alfonso XII con la Reina Mercedes fue un éxito histórico aún hoy recordado. Así lo contó ABC El amor de Alfonso XII noche, en el nuevo cine Torre de Madrid, y en función de gran gala, se estrenó la película ¿Dónde vas, Alfonso XII? que a partir de hoy, en funciones ordinarias, se proyectará también en el Real Cinema. Es ¿Dónde vas, Alfonso XII? la historia anecdótica de un idilio, de un idilio bello y verdadero: el del Monarca español que aparece en el título de la película- -y que es el de la afortunada obra teatral de Juan Ignacio Luca de Tena, que ha prestado su colaboración al guión con sus escenas y diálogos- y de la Reina Mercedes, a la que el pueblo de España entregó, como al Soberano, su corazón. Y es historia próxima, muy próxima todavía, la que se narra, con personajes, todos, que nos son familiares, y a los que conocemos, no sólo por los historiadores y cronistas, sino por la tradición recibida de labios de nuestros mayores. A Así, vemos alentar a Isabel II, a Cánovas, Alcañices, Escobar... a más de las personas de la Familia Real; y vemos al pueblo de la época, con sus incertidumbres y sus alegrías, con sus ruidosas y espontáneas expansiones y sus duelos. Se funden en la película, y ello ha sido obra de su director, Luis César Amadori, la emoción y la espectacularidad; y se funden en raro- -por feliz- -equilibrio. En cuanto a la visualidad, es la realización de Amadori como un álbum de estampas, a cual más bella, más expresiva de colorido y de justeza en su ambientación, que al pasar rápidamente se transformasen en relato vivo, lleno de movimiento, para convertirnos en testigos auténticos, como lo fueron nuestros abuelos, o nuestros padres en su juventud, para hacernos adquirir, como milagrosamente, una conciencia de lo ya vivido, sin que realmente hayamos podido vivirlo o contemplarlo cuando sucedió. Y es que vemos grabados que, de pronto, vuelven a colocarse ante nuestros ojos y que, mágicamente, se animan.