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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE DE MI BITÁCORA Economistas bajo sospecha POR EDUARDO SAN MARTÍN a ciencia de los economistas ha sido objeto de chanzas sin fin a lo largo de la historia. La más conocida, que no recuerdo a quién atribuir en estos momentos, ironiza sobre el hecho de que los economistas son los mejores profetas del pasado ¿Para qué sirven entonces sus diagnósticos en tiempos de crisis? Pues de mucho, se responde desde las páginas del Financial Times el experto en economía y columnista Clive Crook, a pesar de la mala prensa que arrastran sus colegas. A condición, añade, de que permanezcan fieles a sus criterios y no caigan en la tentación de ponerlos al servicio de ideas políticas con las que simpatizan. Nuestro autor echa de menos un consenso básico de los economistas sobre cuestiones básicas de plena actualidad por encima de las discrepancias que puedan mantener en otros asuntos. Por ejemplo, sobre la certeza de que las barreras arancelarias para limitar el libre comercio, justo en estos tiempos, no constituyen precisamente una buena idea. Pues bien, el fla- L mante premio Nobel de Economía Paul Krugman, guía y faro de los economistas progres del momento, acaba de escribir, a propósito de las sugerencias de Obama en ese sentido (luego matizadas) que puede hacerse una defensa a corto plazo del proteccionismo, y esa causa cobrará fuerza si no conseguimos un programa de recuperación efectivo ¿Se ha convertido el clarividente Krugman en un proteccionista? No, a juzgar por sus escritos académicos. ¿Qué ocurre entonces? Que, parafraseando a Von Clausewitz sobre la guerra, la economía se ha convertido en la política por otros medios. Si quieres saber lo que piensa Krugman de cualquier asunto político no leas sus textos universitarios, mira cuáles son las posiciones en ese asunto del ala progresiva del partido demócrata afirma Crook. Esa servidumbre de las lumbreras económicas respecto de opciones políticas determinadas no es privativa de la izquierda; ocurre también en la derecha. Es el caso, por ejemplo, de Robert Carro, quien asegura ahora que el recurso a los estímulos fiscales para sa- lir de la crisis es como una apelación a la magia El problema no es que Krugman cuestione el consenso sobre el comercio y Barro sobre las políticas fiscales, a lo que están autorizados. La cuestión es que ambos transmiten a quienes cuentan con sus simpatías políticas aquello que quieren escuchar. Así que da la impresión de que, por esta y otras cuestiones, los economistas de referencia van a dejar pasar una magnífica oportunidad de desembarazarse del sambenito secular que arrastra la profesión. Finanzas y testosterona a ocurrencia luminosa se la debemos en este caso a otro columnista notable, Nicholas Kristof, de The New York Times: la crisis mundial probablemente no se habría desencadenado si Lehman Brothers no se hubiera llamado así, sino Lehman Sisters, o al menos Lehman Brothers and Sisters. Vale decir, si las grandes firmas de Wall Street hubieran estado dirigidas por mujeres, o en otro caso, por direcciones más paritarias de hombres y mujeres. Wall Street es un bastión masculino. Las reuniones de sus direcciones se parecen a la sala de espera de un urólogo Y ahí, sentencia Kristof, pueden residir gran parte de sus desgracias. Un estudio británico publicado el año pasado resulta fascinante a L este respecto. Los investigadores analizaron la saliva de los agentes de firmas de intermediación financiera y comprobaron las variaciones en sus niveles de testosterona y la suma de beneficios obtenidos por ellos a lo largo del día. Comprobaron entonces que, a través de las cantidades de testosterona segregadas, se podía predecir lo que iban a ganar ese día. A más testosterona, más inclinación a la asunción de riesgo y, en situaciones normales, más probabilidades de hacer dinero. En situaciones normales. Porque un chute de testosterona demasiado intenso puede llevar a una pérdida de la percepción del nivel de riesgo y, en consecuencia, afectaría a la capacidad del sujeto para realizar una elección racional. Lo cual lleva a la siguiente pregunta: ¿no habrá sido un exceso de testosterona, y no las hipotecas subprime, el causante de la crisis? Algunos se sonreirán. Pero existe otro estudio recientemente publicado en una revista científica que asocia la competitividad que mueve a los agentes en las salas de operaciones de las firmas financieras a la ancestral lucha entre la grey masculina de algunas especies de mamíferos por convertirse en el macho alfa: la consecución de un estatus superior que les convierta en irresistibles para las hembras de la manada. www. abc. es blogs san- martin