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15 2 09 ACTUALIDAD TAILANDIA VIETNAM Jemeres Rojos Juicio al horror (Viene de la página anterior) planta superior de este edificio de tres plantas. Transformada hoy en un museo, la prisión de Tuol Sleng es una de las principales atracciones de Phnom Penh, pero también una prueba del sadismo de los Jemeres. Así lo demuestran los cuadros de torturas pintados por otro superviviente, Van Nath, y las espeluznantes fotografías en blanco y negro de miles de detenidos, desde niños a ancianos pasando por un puñado de extranjeros y hasta los propios guardias y cuadros purgados del Jemer Rojo. Al frente de la cárcel se encontraba Kaing Guek Eav, alias Duch quien tiene ya sesenta y seis años y será el primero de de los Jemeres Rojos en sentarse en el banquillo. Además de pruebas como las inhumanas normas de la prisión, en cuyo sexto apartado reza que no se chillará mientras se reciben latigazos o electroshocks Duch se enfrentará al testimonio de Chum Mang y los otros supervivientes. A medianoche llegaban los camiones y se marchaban cargados de presos que luego eran ejecutados. Si pasaban las doce y seguías allí, tenías un día más de vida señala Chum Mang ante una pila de calaveras que dibujan un mapa de Camboya, brutal metáfora de un país marcado por el exterminio. Todos estos restos proceden de campos de la muerte como el de Choeung Ek, situado a quince kilómetros de Phnom Penh y donde se han abierto ochenta y seis de sus ciento veintinueve fosas comunes. En Choeung Ek, donde se ha levan- Batdambang Siemreab Stoeng Treng Kracheh Tonle Sap CAMBOYA Kampong Cham Río Mekong Pnom Penh Krong Laoh Kong Kampong Saom Kampot VIETNAM N GOLFO DE TAILANDIA MAR DE LA CHINA tado un tétrico mausoleo con forma de estupa lleno de calaveras, se encontraron 8.895 cadáveres repartidos por fosas como la número 1, en la que había cuatrocientos cincuenta cuerpos; la 7, donde sólo había cabezas; o la 5, situada junto al árbol de la muerte. Tal y como explica una inscripción, los verdugos jemeres cogían a los bebés por los pies y estrellaban sus cuerpos contra el tronco para romperles el cráneo, arroján- dolos luego a la fosa como si fueran un trasto roto. En medio de la oscuridad, y como corderos que caminan mansamente al matadero, decenas de hombres y mujeres atados en fila india y con los ojos vendados recibían, uno tras otro, un golpe en la nuca con una azada o una caña de bambú. Luego, otro verdugo les rebanaba el cuello con un cuchillo y los tiraba al hoyo mientras en los altavoces sonaban atronadores los himnos revolucionarios de los Jemeres Rojos: Somos leales a Angkar, no puedes traicionar a la Organización El hedor que desprendían los cadáveres era horrible. La última fosa estaba abierta y algunos esqueletos tenían carne en descomposición, pero los aldeanos hurgaban entre ellos buscando dientes de oro o joyas cosidas dentro de la ropa interior relata Chuor Sok la dantesca escena que presenció cuando llegó al campo de la muerte después de que las tropas de Vietnam desalojaran al régimen jemer el 7 de enero de 1979. Un tema tabú A medianoche llegaban los camiones y se marchaban cargados de presos que luego eran ejecutados. Si pasaban las doce y seguías allí, tenías un día más de vida Como corderos que caminan mansamente al matadero, decenas de hombres y mujeres atados en fila india y con los ojos vendados recibían, uno tras otro, un golpe en la nuca Chum Mang, uno de los siete supervivientes de la prisión de Tuol Sleng P: DÍEZ A pesar de que perdió su brazo derecho durante la guerra, Chuor Sok, que tiene 59 años y vio morir a nueve parientes en aquella época, es el jardinero del museo del genocidio. Trabajar aquí es doloroso, pero tengo que alimentar a mi familia confiesa mientra varios extranjeros contemplan los jirones de ropa de las víctimas dispersos por el suelo. Aunque no hay un solo camboyano que no haya perdido a algún familiar por culpa de los Jemeres Rojos y todos necesitan hablar de ello a modo de catarsis, el director del museo, Sok Ty, reconoce que solamente mil de los once mil visitantes anuales son nacionales Controlados por el Gobierno, bajo cuya forzosa custodia se han reciclado bastantes Jemeres Rojos, los medios de comunicación locales eluden el tema, que apenas es estudiado en el colegio. Ahora, con la apertura del juicio, los camboyanos confían en que se haga justicia. Para ello, Chum Mang contará cómo lo trasladaron de la prisión S- 21 a la de Prey Sor en los últimos días del régimen. Una vez liberada por el Ejército vietnamita, allí se reunió con su esposa, a la que daba por muerta, y conoció al hijo que ella había dado a luz poco después de que fuera encarcelado. Pero, por la noche, los Jemeres Rojos atacaron la cárcel y abrieron fuego para matar a todos los presos. Una vez más, Chum Mang logró huir y sobrevivió, pero su mujer y su bebé murieron. Igual que otros dos millones de camboyanos. Un trauma del que tardará en reponerse este pueblo. Y ante el que el presente juicio debería servir al menos como catarsis de la última gran tragedia, la última gran matanza del iluminado siglo XX.