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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE tal explica Chum Mang a ABC los primeros compases de aquel horrendo Año Cero que Pol Pot implantó en Camboya. En su desquiciado intento por alcanzar la igualitaria utopía comunista a través de una sociedad agraria sin clases, los Jemeres Rojos despoblaron las ciudades, recluyeron a sus habitantes en campos de trabajo, separaron a las familias, abolieron la propiedad privada, prohibieron la religión, aislaron al país, cerraron los bancos, quemaron el dinero, suprimieron la educación, eliminaron los mercados, clausuraron los hospitales, anularon la individualidad del ser humano y liquidaron sin piedad a todo aquel que consideraban su enemigo. El enemigo lo formaban los miembros de la afrancesada clase urbana que, a su juicio, tenían explotados a los paupérrimos campesinos. Al principio, la represión golpeó a los ricos, intelectuales, técnicos, maestros, funcionarios de la Administración, oficinistas e incluso a aquellos que hablaban algún idioma extranjero o que, por razones tan peregrinas como te- ner gafas, parecían más ilustrados que los demás. Pero pronto afectó a todos por igual en su plan por crear una nueva sociedad una locura ideada por revolucionarios comunistas y anticolonialistas procedentes de familias acomodadas que, irónicamente, habían estudiado en la Sorbona de París. Disparaban a quienes querían quedarse en sus casas, así que huimos con lo poco que pudimos coger recuerda Chum Mang, quien se vio arrastrado por un río de gente aterrorizada que abandonaba la ciudad sin rumbo fijo. Junto a su mujer e hijos, vio cómo los guerrilleros ejecutaban a más de cien personas junto a un lago y multitud de cuerpos en descomposición en la carretera Sin apenas comida ni agua, salvo la que bebían en ríos infestados de cadáveres, su hijo pequeño, de dos años, falleció de una diarrea fulminante. Ni siquiera me permitieron que me parara unos minutos para enterrarlo dice llorando. A pesar de esta tragedia, tuvo suerte y, gracias a su trabajo como mecánico, fue considerado aprovechable por la Organización No pudo enterraer a su hijo El ex líder de los Jemeres Rojos, Khieu Samphan, comparece ante un tribunal EPA Una nueva sociedad Cinco abuelos en el banquillo Kaing Guek Eav, alias Duch será el primero de los gerifaltes de los Jemeres Rojos en sentarse en el banquillo. Junto a él, serán juzgados en próximas sesiones Nuon Chea, el Hermano Número 2 y antiguo presidente de la Asamblea Nacional; Khieu Samphan, que fue presidente de la República Democrática de Kampuchea; Ieng Sary, ex titular de Asuntos Exteriores y cuñado de Pol Pot; y su esposa Ieng Thirith. En total, sólo cinco acusados de avanzada edad para responder por el exterminio de millones de vidas, lo que ha frustrado a la sociedad camboyana porque Pol Pot falleció hace once años y el responsable militar de los Jemeres, Ta Mok El Carnicero murió en 2006 mientras esperaba a ser juzgado. Además, en el actual Gobierno abundan los antiguos Jemeres, sobre todo los que desertaron tras la caída del régimen en enero de 1979 por la invasión de las tropas vietnamitas. El primer ministro, Hun Sen, también fue miembro del Kmer, pero huyó a Vietnam donde se unió a la oposición y fue instalado en el poder por las tropas vietnamitas A Chum Mang se le acabó la suerte el 26 de octubre de 1978. Me dijeron que tenía que arreglar varios vehículos, pero no me dejaron coger las herramientas rememora en un moderno restaurante para mochileros abierto enfrente de la Oficina de Seguridad 21 (S- 21) la infame cárcel que los Jemeres habilitaron en la antigua escuela de Tuol Suay Prey. Antes de entrar, me golpearon en la espalda, me esposaron y me vendaron los ojos. Después, me llevaron a una sala de interrogatorios que estaba llena de sangre, donde no pararon de pegarme mientras me preguntaban si pertenecía a la CIA o al KGB indica Chum Mang, quien ni siquiera sabía lo que significaban aquellas siglas. Durante doce días, fue interrogado y torturado hasta desfallecer. Me azotaban con un látigo, me rompieron los dedos de la mano, me arrancaron las uñas de los pies con unas tenazas, me aplicaban electroshocks en el oído hasta que perdía el conocimiento... enumera una interminable serie de barbaridades. Pero su calvario no acabó ahí, ya que las palizas y los interrogatorios continuaron durante los más de dos meses que permaneció en la cárcel, primero en una celda encadenado a unos grilletes con más de 100 presos y luego en uno de los once estrechos calabozos construidos rudimentariamente con ladrillos en cada aula. Sólo nos daban un poco de caldo y estaba siempre hambriento. Apenas podía dormir porque tenía que estar siempre atento por si me llamaban. No estaba autorizado a hablar con nadie y sólo tenía una lata de cinco litros para orinar y una caja para los excrementos muestra en su habitáculo del pabellón C, cubierto por una alambrada para evitar que los presos se suicidaran saltando al vacío desde la (Pasa a la página siguiente) El calvario REUTERS (Angkar, en jemer) como se conocía popularmente a la camarilla de Pol Pot. Un auténtico privilegio en un régimen que se enorgullecía de proclamar que si vives, no se gana nada; si mueres, no se pierde nada Acompañado por su familia, Chum Mang fue trasladado a una base militar en la casi desierta Phnom Penh, donde pasó tres años reparando motores de camiones, lanchas y máquinas de coser. Demasiado tiempo para un régimen paranoico como el de los Jemeres, obsesionado por la lealtad y que veía traidores por todas partes.