Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
15 2 09 ACTUALIDAD Una potente industria local. Cientos de plantas de cannabis (foto 1) recogidas el pasado verano se secan en un granero de Ketama (Marruecos) para elaborar hachís. Una vez secas, las plantas se pelan (foto 2) para ser apaleadas (foto 3) sobre un bastidor y lograr que el polen se filtre (foto 4) a una palangana. Son necesarios unos cien kilos de plantas de cannabis para obtener un kilo de este polen (foto 5) Ketama TEXTO Y FOTOS: LUIS DE VEGA os policías marroquíes destinados a custodiar el exterior de una embajada europea en Rabat cultivaban una afición secreta. Hasta el día que los pillaron. No eran tomateras sino cannabis las matas verdes que crecían en los macetones de hormigón colocados sobre el asfalto para impedir atentados terroristas con coche bomba. Llamaron la atención de uno de los agentes que prestaba servicio en la legación diplomática y desde arriba ordenaron su eliminación inmediata. Este suceso reciente, inimaginable en otros países pero que no causó altercado diplomático alguno, explica la relación especial que, desde hace cientos de años, mantienen los marroquíes con la planta de la que se extrae el kif y el hachís. El cultivo es ilegal pero tolerado por las autoridades especialmente en las denominadas zonas históricas como Ketama, en la cordillera del Rif, donde los principales ingresos de la población provienen del cannabis, estrella del campo desde el siglo XV Ni siquiera las autoridades es- Reino y cloaca del hachís El rentable narcotráfico entre Marruecos y Europa no beneficia a los miles de campesinos que producen la droga en el Rif, una región olvidada donde el cannabis sigue sin tener alternativas reales que ha aupado a la vecina España como primer país del planeta en incautaciones con un total del 45 por ciento, según los últimos datos de la ONU. Hace casi un lustro que Mohamed VI puso en marcha un plan para eliminar las plantaciones. Las 134.000 hectáreas censadas por la Organización de Naciones Unidas para las Drogas y el Crimen (ONUDC) en 2003 se han ido reduciendo hasta las 60.000 de 2008, según datos del Ministerio del Interior. La destrucción se ha centrado casi en exclusiva en provincias que, como Larache o Taunate, acogieron el cannabis a partir de los años setenta y ochenta al olor de las crecientes exportaciones de hachís a Europa. Pero mientras unos destruyen, otros se suben al carro del negocio. De los cien detenidos en la operación contra el tráfico internacional desplegada en las últimas semanas, setenta son agentes de la Gendarmería, la Marina y las Fuerzas Auxiliares. El Gobierno trata de ganar credibilidad informando de la mayor redada de este tipo llevada jamás a cabo. Mientras tanto, la columna vertebral del Rif sigue siendo territorio vedado para ese plan de eliminación. Las autoridades reconocen, sin querer ser citadas directamente, que sin alternativa real sería temerario poner fin a este cultivo ancestral en una tierra de bereberes tradicionalmente arisca con el poder central ára- L pañolas se preocuparon de prohibir este cultivo durante el protectorado y Mohamed V, el sultán que se convirtió en primer Rey tras la independencia del país en 1956, emitió un dahir (decreto) favorable para algunos pueblos al que se siguen aferrando los campesinos de Ketama, pues aseguran que ni Hasán II ni Mohamed VI lo han revocado. Pero independientemente de las triquiñuelas legales e históricas que algunos quieran aprovechar, Marruecos no sería hoy en día el primer productor y exportador mundial de hachís- -la resina que se obtiene del cannabis- -sin la demanda del mercado europeo, El grueso del dinero acaba en manos de los traficantes. A nosotros nos da sólo para sobrevivir. De ricos nada, aquí hay mucho pobre. Dígalo clama Hassan De los cien detenidos en la operación contra el tráfico internacional desplegada en las últimas semanas, setenta son agentes de la Gendarmería, la Marina y Fuerzas Auxiliares