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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE Del magnífico trabajo de nuestros militares en Vietnam da idea el nombre de este puente dedicado a los españoles en el delta del Mekong tres hijos, se convirtió en padre para todos aquellos hombres. Más aún, en confesor. He oído confesiones en mi despacho que no las ha oído el sacerdote. Le decía al cura, ¿y tú a cuántos has confesado hoy? Yo, a veinte pues yo a ninguno respondía. Incluso se presentó un matrimonio que yo como jefe de destacamento casara a su hija con un cabo primero con el que salía. El hombre miraba horrorizado. Fue duro estar en un sitio en donde no había con qué entretenerse... Encajamos muy bien con los sudafricanos, pero tuve que dar orden de que no confraternizaran con ellos y sobre todo de puertas para afuera porque en todos los bandos se veía a la ONU que favorecia al contrario, lo mismo que sucedió con los nativos, más proclives al SWAPO, movimiento de liberación, con los que la relación humana era muy fácil y muy directa. Nuestro médico, en las horas libres, atendía a la población, que formaba largas colas. Una vez vi allí a una princesa herero ataviada con un traje victoriano Me fui más contento que unas pascuas porque podría poner a prueba mi capacidad y conocimientos. Pero también iba con el peso de la posibilidad de hacer frente a un accidente mortal, para lo que me preparé un protocolo de uso para casos de fallecimiento Jamás lo utilizó. Finalizada la misión, el 6 de abril de 1990 el estandarte del Ala 35 recibió la Corbata de la Orden de Isabel la Católica. LAS LECCIONES DEL PASADO Luis Alejandre General ocos turistas españoles que visitan el actual Vietnam saben que en el cementerio de Da Nang, la ciudad que luego será la gran base aeronaval norteamericana en su guerra contra el Vietcong, hay tumbas de soldados nuestros y que en un pueblo- -Go Cong- -situado al sur de Saigón, sobre el mismo delta del Mekong, hubo contingentes militares españoles en dos periodos: de 1862 a 1863 y entre 1966 y 1971. Cuando se cumplen veinte años de misiones de paz que iniciamos una generación formada en horizontes próximos el aniversario merece un balance, una reflexión. No partamos de cero por supuesto: Ifni, Sahara, las Unidades de Montaña, Paracaidistas, la Legión habían sido buenas escuelas. Servimos a partir de 1989 bajo bandera de Naciones Unidas en África, en Centroamérica, en los Balcanes; luego, prácticamente en todo el mundo. Hay que reconocer al ministro de Asuntos Exteriores Fernández Ordoñez el haber impulsado aquellas misiones, facilitadas por la presencia de un secretario general de la Organización P nuestro el peruano Pérez de Cuéllar. Pero, lógicamente, no era nueva la presencia de tropas españolas en el exterior. Sin remontarnos a Trajano, ni a Lepanto, estamos conmemorando el bicentenario de la presencia de la División del Marqués de la Romana en Jutlandia al servicio de Napoleón, en los preliminares de nuestra Guerra de la Independencia. Más próximas a nosotros están las campañas desarrolladas durante el reinado de Isabel II por el Gobierno de O Donnell en Cochinchina, en México, en los Estados Papales, en Santo Domingo o la más conocida de Marruecos. En todas ellas, solos o aliados con otras potencias, hubo sacrificios, esfuerzos, errores y triunfos. En el Da Nang que encabeza esta breve reflexión desembarcaron contingentes franceses y españoles a primeros de septiembre de 1858. Los españoles, procedentes de las guarniciones de la Capitanía General de Filipinas, permanecerán en aquel, denominado entonces, imperio annamita, hasta abril de 1863, fecha en la que dejaron un pequeño pueblo situado en el gran delta, llamado Go Cong. Cinco duros años forjados con enormes sa- crificios, enfermedades, carencias e incomprensiones, sobre los que destaca la figura del teniente coronel Carlos Palanca, un héroe casi desconocido por nuestra sociedad. Los franceses, que nos utilizaron, consolidaran una pujante colonia, que perdurará hasta bien entrado el siglo XX. Tampoco podían imaginar un grupo de médicos militares que llegaron al hospital provincial de Go Cong en 1966, en plena guerra del Vietnam, que cien años antes les habían precedido otros españoles. También trabajaron duro contra las consecuencias de la guerra, contra el clima, contra las enfermedades y, también, durante cinco años. Es curioso ver como la historia se repite. En su haber, un trabajo eficaz, humanitario, altamente valorado y querido por los habitantes de la provincia. Busquen si visitan Go Cong una plaza que, como en Mostar, se llama de España. A ellos se la debemos. Los jóvenes y bien preparados contingentes actuales deben tener presentes estas experiencias, las lecciones aprendidas de sus éxitos y fracasos; deben saber que no son los primeros, ni- -desgraciadamente- -serán los últimos.