Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
15 2 09 EN PORTADA Misiones de paz Españoles pioneros en Vietnam Viene de la página anterior años antes tomaron Saigón a las órdenes del coronel Palanca: un monumento cerca de la catedral les rendía homenaje. La estatua ya no existe- -lamenta- de aquello no queda nada, y muy pocos españoles saben algo Pero el coronel José Antonio Pizarro, doctor en Historia y profesor en el Centro de Estudios de la Defensa (Ceseden) estudió bien aquella toma de Saigón por tropas españolas y francesas, de la que el próximo 17 de febrero se cumplen 150 años. Fue la guerra de la Cochinchina (sur de Vietnam) a la que se embarcaron 1.500 españoles procedentes de la Capitanía de Filipinas tras la decapitación del vicario apostólico del Tonkín central, el dominico español Díaz Sanjurjo, en medio de una terrible persecución contra los católicos. Desembarcaron en la famosa bahía de Da Nang- -que volverá a ser fundamental en la guerra del Vietnam (1958- 75) En nuestras filas había muchos soldados tagalos, más habituados a las enfermedades tropicales, que son el gran enemigo de la expedición, hasta el punto de que cada hombre causa baja al menos cuatro veces. Se enfrentan al paludismo, amebas, serpientes y a las hormigas rojas que podían devorar a los heridos. Piense que los chinos desisten de conquistar Vietnam tras más de mil años de intentos al tratarse de un territorio mitad jungla y mitad calcáreas, que se presta muy bien a la defensa y muy mal a la invasión Por eso se apuesta por la toma de Saigón, al sur, y cortar el suministro de arroz al norte. A la ciudad- -relata Pizarro- -entró una compañía de cazadores, una unidad de ingenieros, de artillería y una dotación de desembarco del buque Elcano, junto a los militares galos. Al final, 233 españoles y 322 franceses defienden Saigón de unos vietnamitas de los que ya entonces se dice que eran muy expertos en el movimiento de tierras, un trabajo de hormigas con el que cavaban hasta las En la guerra de Cochinchina mismas trincheras del enemigo En mayo de 1862, el emperador vietnamita Tu Duc pidió iniciar las negociaciones de paz, y así se alumbró el tratado por el que nacía la Indochina francesa, que fue la perla del imperio galo, con minas, arroz, caucho... Para los españoles, enviados por el Gobierno de O Donnell sin el más mínimo proyecto político- -subraya el coronel- no hubo resultados a pesar del magnífico trabajo de nuestra gente, sólo una indemnización de guerra, escasa y tardía, y un montón de tumbas Ciento treinta años después, el 1 de abril de 1989, ocho aviones C- 212 Aviocar del Ala 35 (Getafe) y un C- 130 Hércules del Ala 31 (Zaragoza) en la última fase de la misión, comenzaban a operar en el sudoeste de África para cumplir el mandato de asegurar la rápida independencia de Namibia a través de elecciones libres e imparciales bajo el control y supervisión de las Naciones Unidas Una actuación que cerraba un proceso de casi 25 años de gestiones diplomáticas y diez de preparación, y con la que España iniciaba oficialmente su andadura en misiones de la ONU y, además, por partida doble ya que, simultáneamente, recibía otra solicitud para estar en Angola. Para este nuevo escenario de colaboración de nuestras Fuerzas Armadas, bajo el Gobierno de Calvo- Sotelo, hubo que elaborar una serie de directrices a las que se ajustaría la participación española y Defensa seleccionó a un grupo de oficiales para ser formados, instruidos y adiestrados en el planeamiento y ejecución de este tipo de operaciones. A través de sucesivas rotaciones de tres meses hasta marzo de 1990, pasaron por Namibia 250 militares del Ejército del Aire, ninguno de ellos soldado de reemplazo y sólo al Bautismo de paz General Bernal: La existencia de misiles SAM- 7 en manos de grupos incontrolados nos obligaba a volar a 15 metros de altura. Una rama destrozó el plano del aparato El segundo destacamento en Namibia, la primera misión oficial bajo la ONU, junto a uno de los ocho aviocares del Ala 35 final voluntarios. El general Pedro Bernal, entonces teniente coronel que mandó a los militares españoles en el segundo destacamento- -el primero lo llevó el teniente coronel Ferrús mientras Bernal hacía las labores de apoyo desde Getafe- explica hoy que el terreno ofrecía muchas dudas en cuanto seguridad porque no sabíamos hasta qué punto las partes iban a respetar los acuerdos. De hecho, al principio en el norte había choques importantes, hubo 300 guerrilleros y 30 soldados sudafricanos muertos. Teníamos ante nosotros una superficie similar a la de 1,5 España y dos desiertos fabulosos, el del Karajal y el de la costa de Namibia. Y el transporte aéreo era esencial y para todo: la disponibilidad media fue superior al 90 y la efectividad del 100 Además, la existencia de misiles SAM- 7 en manos de grupos de incontrolados al norte, que ya habían derribado un helicóptero, obligaba a volar a 15 metros de altura, con el riesgo de choques de aves y la dificultad de maniobrar. La colisión con la rama de un árbol nos obligó a cambiar un plano completo de un avión Por si fuera poco, el fino polvo del desierto formaba una invisible capa sobre los motores e impedía su refrigeración, los servicios de control de tráfico aéreo quedaron reducidos a la capital y hubo que operar radiando a ciegas las tormentas afectaban a los aparatos eléctricos y las condiciones de vida no eran mejores que las de trabajo. El general Bernal, casado y con