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15 2 09 EN PORTADA Misiones de paz Españoles pioneros en Vietnam POR VIRGINIA RÓDENAS l general Antonio Velázquez Ribera no hace falta que nadie le venga con películas. Lo que yo vi en Vietnam es el Platoon de Oliver Stone: americanos a los que les importaba un carajo la vida de los otros porque lo único que querían era volver vivos a su país, y que habían planteado la misma guerra de guerrillas que el Vietcong, donde platoon no es más que un pelotón, en hombres como una sección de las nuestras, veintitantos, en medio de combates muy duros, pero muy bien apoyados por el aire, donde eran los amos. Oíamos un motor y te decían recuerda siempre que ése es el sonido de los nuestros y eso aliviaba mucho la tensión. O no tanto: Volando en uno de sus helicópteros camino de Saigón vi que empezaron a ametrallar al suelo; pregunté si nos estaban bombardeando, porque no había oído nada, y un piloto que llevaba escrito en el casco González me respondió que hay que gastar la munición que se caduca y que estábamos sobre una zona de tiro libre o sea que, o no había nadie, o los que había eran enemigos; y allí había gente. Eran las bajas colaterales que luego nos llegaban al hospital de Go Cong con unos agujeros así de grandes en la espalda. Recuerdo que no pude sino soltarle una barbaridad, ¿y por qué no le tira al coño de su madre? Velázquez tenía 25 años, acababa de salir de la Academia en julio del 68, se había casado en octubre y en marzo siguiente cuando partió hacia la sangría de Vietnam estaba esperando una hija. ¿Y qué pintaba el entonces teniente médico Velázquez junto a una decena de militares españoles en un hospital de mala muerte en el delta del Mekong, en el mismo ombligo de la terrible guerra de la que tanto habían oído hablar? Simplemente, servir como voluntarios en la primera misión de ayuda humanita- A ria de nuestras Fuerzas Armadas. Salimos de España muy discretamente. El Gobierno no quería hacer público su apoyo a EE. UU. aunque oficialmente estábamos con Vietnam del Sur. Se montó una buena discusión en las Cortes de entonces porque el ministro de la Guerra quería mandar tropas a luchar contra el comunismo, pero el ministro de Exteriores, Castiella, se opuso, y Franco cortó la polémica con la decisión de que fueran militares sanitarios, pero no combatientes. Los americanos querían que se viera que allí había un país occidental, pero Máximo Cajal, entonces embajador en Tailandia, se afanó en que nuestra presencia resultara casi invisible, hasta el punto de que no quería ni que lleváramos uniforme Era el guiño de Franco a los americanos en el marco de los acuerdos entre ambos países y que se inscribió a través de la Oficina de Asistencia Militar del Mundo Libre (FWMAO) como Misión Sanitaria Espa- Política y militarmente su guerra la tienen perdida debido a que el comunismo social agrada al pueblo escribió Franco a Johnson antes de enviar 30 militares a Vietnam ñola de Ayuda a Vietnam del Sur. Un apoyo para una guerra que el Caudillo ya daba por fracasada. Política y militarmente- -le escribió en agosto de 1965 a Lyndon B. Johnson- -su guerra la tienen perdida debido a que el comunismo social agrada al pueblo vietnamita ya que ofrece más posibilidades que su sistema liberal occidental Es más, el general español- -según consta en la misiva que se conserva en los Archivos del Departamento de Estado norteamericano- -le espetó al presidente de EE. UU. No conozco a Ho Chi Minh, pero por su historia y su empeño en expulsar a los japoneses primero, a los chinos después y a los franceses más tarde, hemos de conferirle un crédito de patriota al que no puede dejar indiferente el aniquilamiento de su país. Y dejando ahora su carácter de duro adversario, podría ser, sin duda, el hombre de esta hora, el que Vietnam necesita No consta la reacción de Johnson, al que debió helársele la sangre ante el elogio a su terrible enemigo por parte del dictador español que demostró una lucidez y visión estratégica muy superior a la del Pentágono. El primer equipo de militares llegó a Saigón en septiembre de 1966 y desde entonces, y hasta cinco