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8 2 09 HORIZONTES Revival político La tierra de Lincoln POR PEDRO RODRÍGUEZ. SPRINGFIELD (ILLINOIS) uenos días, hoy parece que tenemos visitantes que vienen desde lejos El park ranger uniformado como recién salido de un episodio de las aventuras del oso Yogi, saluda sonriente al grupo congregado ante la casa de Abraham Lincoln en Springfield, la capital de Illinois. Justo en la esquina de las calles Jackson y octava, se puede empezar a colegir la leyenda- -que aupada en la confluencia del bicentenario de su nacimiento y la presidencia de Barack Obama- -parece tener más relevancia que nunca. Al cumplirse el bicentenario de su nacimiento, un 12 de febrero de 1809 en una cabaña de troncos de Kentucky, he aquí un recorrido por los escenarios de la leyenda con mayor relevancia en la política de EE. UU. Un viaje a Springfield (Illinois) y Washington en busca de la historia y por su poso a día de hoy B Después de las presentaciones y advertencias de rigor, el divulgativo guardabosques abre la puerta de un pequeño cottage de madera convertido en monumento nacional. En el recibidor de la casa que Lincoln y su esposa Mary Todd ocuparon en 1884 se puede ver una chistera colgada en el ropero. Allí, el autodidacta Lincoln se convertiría en un abogado de reconocido prestigio, alternando sus habilidades procesales con la política: ocho años como diputado estatal, dos años como diputado en Washington y una candidatura fallida para el Senado que le sirvió como trampolín a la hora de convertirse en el decisivo presidente número 16 de Estados Unidos. El escenario que recuperó Obama La casa de Springfield fue ampliándose conforme a las necesidades de la familia pero el resultado final confirma que el delirio por lo grande es una epidemia que no contagió a Estados Unidos hasta el siglo XX. No muy lejos, se encuentra el despacho de abogacía de Lincoln frente a la sede del viejo Capitolio de Illinois. El mismo escenario que con gran simbolismo utilizó Barack Obama hace ya más de dos años para lanzar su carrera presidencial. Más hacia las afueras de ese decimonónico Springfield se encuentra la Biblioteca y Museo Presidencial de Lincoln. Todo un alarde de tecnología pedagógica inaugurado en abril del 2005 al hilo de la tradición iniciada por Franklin Delano Roosevelt por la que los ocupantes de la Casa Blanca reúnen y ex- hiben para la posteridad sus papeles y legado. Pero en lugar de toda la seriedad trascendental de esos fascinantes escaparates políticos, esta library es otro mundo. En su afán por actualizar y popularizar la figura de Lincoln, el montaje resultante ha sido descrito por algunas voces críticas como Lincolandia Ya que los responsables del museo no dudaron en recabar la ayuda de especialistas en parques temáticos para contar con despliegues multimedia, elaborados decorados, figuras mecánicas y toda clase de efectos especiales la historia del padre de la Patria al que de forma coloquial los americanos llaman el honesto Abe Por diez dólares los adultos y cuatro por cada niño, la excelencia americana para producir shows inolvidables queda ampliamente demostrada. Como contraste a tanta realidad virtual no hace falta conducir mucho, entre coches con matrícula de Illinois cuyas placas presumen de ser la tierra de Lincoln para llegar hasta las puertas del cementerio Oak Ridge. Sobre un césped de campo de golf, coronada por un monolito y custodiada por heroicas estatuas bélicas, se encuentra la tumba de granito y mármol con los restos del asesinado padre de la Patria y primer presidente de Estados Unidos. El monumento tiene una distintiva estética victoriana de tétrica pompa fúnebre, con una teatralidad dramática solamente interrumpida por la nariz desgastada del busto de Lincoln a la entrada. Para recorrer el otro gran escenario de la leyenda de Abraham Lincoln hay que saltar hasta la capital de Estados Unidos: Washington D. C. Hace siglo y medio, el entonces presidente electo llegaba en tren, casi con nocturnidad y alevosía ante el temor a posibles atentados, para tomar posesión de un país al borde de la guerra civil, con siete Estados sureños ya segregados de la Unión. Directamente se alojó en Camino a Washington A las afueras del decimonónico Springfield se encuentra la Biblioteca y Museo Presidencial de Lincoln. Todo un alarde de tecnología pedagógica inaugurado en abril de 2005 AP Un retrato de Lincoln, justo antes de abandonar Springfield Como alternativa a la congestión de la Casa Blanca, Lincoln pasaba temporadas en una residencia para soldados jubilados fuera de la capital, hoy restaurada y abierta al público