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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE LO PENSARÉ MAÑANA Se necesitan comedias POR E. RODRÍQUEZ MARCHANTE ay un señor parado en la acera de enfrente. Está solo, pero habla y hace aspavientos poco tranquilizadores. Parece enfadado. Se dispone a cruzar la calle hasta muy cerca de donde uno está. Lo más sensato será alejarse... Sí, pero si uno no se aleja, lo que probablemente descubrirá cuando se acerque ese hombre extraño y enfadado que habla solo y hace aspavientos es que lleva un pinganillo en la oreja que le conecta con su teléfono móvil y que va, por lo tanto, hablando con otra persona. O sea, que ahora la cosa ya no H está tan clara. Antes, cuando uno veía a alguien así podía tener la certeza de que era un perturbado; pero desde que el sin manos significa lo que significa, a cierta y prudencial distancia no se distingue en absoluto entre un chiflado y un hombre en sus negocios. Y no produce sosiego, precisamente ahora, esta confusión entre chiflados y hombres en sus negocios. Según todos los indicios, la confianza es el primer peldaño en el camino del éxito. Confianza tanto en uno mismo como en los demás. Ese mejunje compuesto por la certidumbre, el empuje, la tranquilidad, la seguridad y la franqueza es la mejor gasolina para el talento (tener mucha confianza y poco talento no es aconsejable, a no ser de que se participe en uno de esos programas de la telebasura) Pues bien, la confianza es la primera baja, el primer cadáver, en esta guerra contra la crisis, la recesión, el paro y la multiesclerosis social... En especial, la confianza en uno mismo, pero no menos especialmente en los demás. Y esta inseguridad individual y colectiva nos lleva aún más a confundir a los dementes con los hombres de negocios, a los que se creen Napoleón con los que sólo están echando mano a la cartera. El Gobierno, los Bancos, las Empresas... Todos juegan al otro lado del campo contra el ciudadano, ahora más de a pie que nunca, y que empieza a dar crédito a esa idea de de que sobra, de que todo funcionaría mejor sin él (o sea, sin tantos) El Gobierno sueña con menos parados y las Empresas con más... Y el ciudadano, cada vez más cargado de hombros y de culpa, se siente una rémora allá donde esté, en la cola del paro, en su empresa, en su casa, con lo que la palabra depresión adquiere su preocupante doble sentido. ¡Eh, eh! ¡Un momento! Que hay otros paisajes aparte de las jetas de los ministros (mirar a Solbes y buscar una ventana; la boca lanzagranadas de Sebastián; la cabeza carcasa del presidente... y puede uno mirar a Nadal, o a Verdasco, ejemplo vivo del efecto fulminante de la confianza en sí mismo, o puede esperar las obras que están a punto de hacer nuestros escritores, dramaturgos, cineastas, llenas todas ellas de optimismo y verdor, pues los malos tiempos traen siempre grandes comedias. Se impone ya una media vuelta radical: dejemos de forzar la vista para saber si están chalados o si hablan por el pinganillo del móvil. TIRA Y AFLOJA Por César Oroz NO SIEMPRE ES DOMINGO El fallo humano POR XAVIER PERICAY nda ya, me dije, sólo falta que el único político de la Administración que puede presumir de hoja de servicios empiece también a desbarrar. Y es que el titular del periódico se las traía: Navarro cree que en 2025 puede que no haya muertos por tráfico Navarro, como sin duda habrán adivinado, es Pere Navarro, director general de Tráfico y máximo responsable de que el número de muertos en carretera haya pasado, en cinco años, de 4.029 a 2.181. O, lo que es lo mismo, que la morta- A lidad se haya reducido en un 46 Un exitazo, en una palabra. Pero, claro, de ahí a predecir que, en un par de décadas como mucho, no habrá que lamentar siquiera un fallecimiento, media un abismo. Y más teniendo en cuenta que los expertos consideran muy difícil que la cifra de víctimas mortales vaya a seguir disminuyendo, y hablan incluso de un posible repunte. Aun así, una vez repuesto de mi estupor, quise saber las razones que habían llevado a este hombre cabal a afirmar lo que había afirmado. Y las razones, para mi sorpresa, nada tenían que ver con los progresos realizados en la educación vial, ni con la eficacia disuasoria del carnet por puntos, ni con el endurecimiento del código penal para delitos de esta clase. Por lo recogido en la noticia, el optimismo incontinente de Navarro se sustentaba única y exclusivamente en la tecnología. Según él- -y según los especialistas suecos a los que ponía como garantes de su teoría- dentro de un par de décadas nuestras carreteras y nuestros vehículos habrán alcanzado ya un grado tal de perfección tecnológica que la posibilidad de que se produzca un fallo humano al volante dejará de tener la importancia que tiene ahora. Y, si no la importancia, sí la trascendencia. Dicho de otro modo: seguirá habiendo accidentes, pero esos accidentes ya no provocarán más muertes. Por supuesto, de concretarse algún día el pronóstico de Navarro, lo primero que habrá que hacer es dar gracias a la ciencia por tantas vidas salvadas. Pero, justo después- -o incluso antes de felicitarnos por la dicha- habrá que empezar a preguntarse por el destino del conductor. Porque no me harán creer que, con tanto adelanto tecnológico, los coches, en 2025, van a continuar necesitando quien los conduzca. Quita, hombre, quita. Además, estoy seguro de que Navarro, aunque se lo calle, lo sabe. Y hasta puede que sea esta la razón por la que afirma que el fallo humano dejará de ser decisivo. Por lo demás, lo único que cabe lamentar es que todavía falten veinte años para que todo esto se haga realidad. Sobre todo a juzgar por los datos de un reciente estudio, que indican que el 96 de los conductores españoles, de tener que volver a examinarse, suspenderían el examen teórico.