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14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE te en su cabeza. No se encendió ninguna bombilla en la Patagonia o en las islas Galápagos. La afirmación de que la diversidad de la vida surgió gracias a un proceso hereditario con modificaciones en el que participamos todos, seres humanos incluidos, mediante el mecanismo de la selección natural (los mejores sobreviven y se reproducen; los peores... pasan a la historia) fue resultado de una reflexión de dos décadas y no tomó forma hasta 1859, cuando publicó El origen de las especies En aquella travesía en la que circunnavegó el globo encontró restos fósiles en la Pampa argentina; huesos de un megaterio- -un perezoso del tamaño de un elefante- -y de un armadillo gigante, y las sospechas quedaron alojadas en su mente. La relación entre lo muerto y lo vivo en un mismo continente empezó a obsesionarle; la idea de que las especies antiguas han dado lugar a las actuales, más pequeñas y adaptadas, habría horrorizado al capitán Fitz Roy, defensor de la idea ortodoxa de que todas las criaturas habían sido creadas por Dios. En las Galápagos Darwin halló los famosos pinzones- -hasta trece especies distintas- -que afianzaron su teoría. Propuso que esas aves descendían de un antepasado común que había volado del continente muchas generaciones antes. Cada especie era el resultado de las condiciones naturales (clima, vegetación, competencia por los recursos... Sus picos evolucionaron y se adaptaron a las fuentes de alimento disponibles, como las semillas de los cactus o el néctar de la flores. La aparición de El origen... provocó una durísima contestación por parte de comunidades científicas y religiosas. Las sátiras y caricaturas empezaron a menudear en los periódicos y revistas de la época. El teólogo Charles Hodge acusó a Darwin de negar la existencia de Dios al definir a los humanos como el resultado de un proceso natural en lugar de una creación de Dios. Hasta Henslow, que le recomendó para el Beagle renegó de su antiguo alumno y amigo. El año pasado, la Iglesia anglicana dio un giro: Charles Darwin: 200 años después de tu nacimiento, la Iglesia de Inglaterra te debe una disculpa por malinterpretarte y por haber animado a otros a no comprenderte. Tratamos de practicar la antigua virtud de fe buscando la comprensión y confiamos en que esto suponga una reparación Sin embargo, un sondeo reciente publicado por The Daily Telegraph revela que más de la mitad de los británicos cree que la teoría darwiniana no puede explicar la complejidad de la vida en la Tierra y tiene que haber intervenido un diseñador inteligente. El pulso entre el creacionismo y la evolución sigue vigente. Y probablemente no concluya hasta el fin de los tiempos. Pinzones versus creacionismo Iguanas marinas cerca de Puerto Ayora, en las islas Galápagos, etapa clave en el viaje de Darwin. Abajo, retrato del naturalista Letras como aperitivo para ordenarse como pastor anglicano. Cuando su amigo John Stevens Henslow, profesor de Botánica, le ofreció un puesto como naturalista sin sueldo para Fitz Roy- -en realidad, era una misión de acompañante del capitán más que de recolector- no lo dudó un instante. La expedición tenía interés científico, pero los ingleses buscaban su propio paso entre océanos- -una vez que españoles (Estrecho de Magallanes) y holandeses (Cabo de Hornos) encontraran el suyo- -y cartografiar las costas de América del Sur. En aquel tiempo los mapas y las cartas de navegación valían más que el oro. Lo consiguieron: el Canal Beagle se extiende a lo largo de 180 kilómetros comunicando el Atlántico con el Pacífico. Aunque el glaciar Pía haya retrocedido las sensaciones que debió sentir el joven Darwin no son muy diferentes a las que experimenta el visitante del siglo XXI. Aquí y allá ríos de hielo bajan desde la cordillera que tomó el nombre del naturalista, desgajándose en su encuentro con las espumas marinas. El avance de los barcos turísticos cortando la bruma en la Avenida de los Glaciares tiene algo de sobrenatural: cualquier marino supersticioso pensaría que está en plena travesía del Estigia hacia el inframundo. No se ve un alma. Si las hubo, ya no están. Los patagones, esos indios de dos metros de altura que alimentaron la imaginería de los primeros exploradores, EPA El naturalista en el diván PILAR QUIJADA Darwin sufría trastornos gástricos, palpitaciones, ansiedad y sensación de desmayo, y con especial intensidad antes de zarpar en el Beagle Los médicos no hallaron la cura y el naturalista recurrió a un balneario en busca de alivio. Hoy, un psicólogo hubiera diagnosticado un trastorno obsesivo de personalidad por los síntomas que Darwin y su hijo Francis describen: excesiva preocupación por los detalles, horarios rígidos- esenciales para su bienestar alto grado de perfeccionismo, dedicación excesiva al trabajo hasta el límite de sus fuerzas incapacidad para tirar los objetos inservibles- -que almacenaba en su estudio- exagerada meticulosidad con los gastos en previsión de alguna catástrofe- -temía por la salud de su familia- pensamientos obsesivos que le impedían dormir y fobia social- -cualquier reunión, incluso con amigos, era un esfuerzo agotador- Pero siempre dio muestras de superación. El afán de coleccionar que tenía desde la infancia le llevó a reunir durante su viaje 2.500 páginas de notas, 5.500 plantas y animales conservados en alcohol o disecados, un tesoro del que tras 20 años de reflexión en su aislado refugio de Down, cerca de Londres, surgió su teoría. se quedaron para siempre habitando en la leyenda; a otros, más reales, no les fue mejor. Tehuelches, onas, yámanas, alcalufes... Todos extinguidos, o casi, a causa de las enfermedades introducidas por el hombre blanco, de la persecución y las matanzas. En Puerto Williams vive la anciana doña Cristina, la última de las yámanas. No tiene una gran opinión de Darwin: para el científico, los aborígenes eran infrahumanos que ladran y gruñen Flaco favor les hizo. Quizás era muy joven e inexperto cuando pasó por aquí durante su mítico viaje a la luz de la evolución. Y, sin embargo, las pistas que recogió a lo largo de su periplo en el Beagle fueron clave para la teoría que fue cocinándose lentamen-