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8 2 09 EL LIBRO BIBLIOTECA NUEVA Franco no se fiaba de la Benemérita La Guardia Civil ha sido una institución clave para la creación del moderno Estado liberal. En este libro, López Corral traza su historia a través de diversas tormentas políticas hasta nuestros días, en que se ha convertido en una institución eficaz que goza de la confianza del pueblo. En el siguiente pasaje, se describe cómo Franco estuvo a punto de disolverla tras la Guerra Civil ara la Guardia Civil la contienda tuvo un precio altísimo en vidas humanas y heridos. Consecuencia del fragor de la batalla y de la represión que sufrió, el balance de víctimas superó los 2.700 muertos (7,86 por ciento del total de la plantilla) y los 4.100 heridos. Del total, el 83,7 por ciento lo fueron por el bando republicano. Pero no sería el único precio que hubo de pagar. Desaparecida en la zona republicana, para poder sobrevivir en la nacional tuvo que soportar la desconfianza inicial que despertó en un sector del bando nacional y en el propio Franco, que censuraban el comportamiento de muchos oficiales de la Guardia Civil durante la sublevación, a quienes consideraban culpables del fracaso del golpe militar en las ciudades importantes y de que el 55 por ciento de sus efectivos hubiese permanecido en zona republicana, contribuyendo a que la guerra se prolongase. Franco estaba, desde luego, en lo cierto sobre el papel jugado por la Benemérita en la sublevación. Por ello, a poco de asumir la jefatura de los nacionales ordenó a la asesoría jurídica de su Cuartel General la elaboración de un informe que contemplase la disolución tanto de la Guardia Civil como del Cuerpo de Carabineros, cuya deslealtad había sido aún mayor que la de la Benemérita (el 66 por ciento de sus efectivos permanecieron fieles a la República y muchos de ellos seguían combatiendo como huidos) En esta asesoría prestaban servicio los militares Martínez Fuset y Blas Pérez (futuro ministro de la Gobernación) que eran admiradores de la Guardia Civil y pusieron objeciones a las pretensiones de Franco, recomendándole que, dada la dimensión del objetivo, solicitase otro informe a la Junta Técnica del Estado, lo que implicaba a la más alta instancia del Estado, al tiempo que revestía de legalidad y salvaguardaba la responsabilidad de Franco. Al frente de la Junta Técnica, organismo con rango equivalente a jefatura de Gobierno, se encontraba el veterano general Gómez Jordana, rendido admirador de la Guardia Civil desde los tiempos de la dictadura primorriverista, y P Título: La Guardia Civil. Claves históricas para entender a la Benemérita y a sus hombres Autor: Miguel López Corral Editorial: La Esfera de los Libros Páginas: 532 Precio: 30 Euros Fecha de publicación: 10 de febrero que también desaconsejó a Franco en el mismo sentido que los asesores jurídicos. Franco optó entonces por aplicarse su mejor virtud: la prudencia, y decidió esperar a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos. Por fortuna para la Benemérita, en los primeros gabinetes de Franco había varios militares que también admiraban a la Guardia Civil, a la que consideraban patrimonio de España y parte de las Fuerzas Armadas, y que en algunos casos tenían un amplio sentido de Estado y altura de miras. Destacaban en esta defensa del cuerpo los generales Dávila, Asensio, Yagüe, Varela, el coronel Valentín Galarza y especialmente Muñoz Grandes, este último el más brillante e indisimulado amante de la Benemérita. A ellos se unían otros militares allegados a Franco, como Camilo Alonso Vega y el general Vigón, que ejercían influencia sobre el Caudillo, y que no veían con buenos ojos la pretendida disolución ni tampoco la alternativa al cuerpo. Contemplaba ésta la sustitución por unidades del Ejército y el adiestramiento de falangistas para encargarse de apoyar a los militares en la conservación del orden público, al estilo de la Policía hitleriana en la Alemania nazi. Los falangistas, liderados por Serrano Suñer, encarnaban la defensa de los intereses civilistas, dicho sea con los reparos del caso, frente a los intereses de los militares sobre el modelo de Policía, en general y sobre la Guardia Civil en particular, a la que, además de criticar su actitud durante la contienda, acusaban de haber perdido prestigio y fuerza moral. El peligro residía en que Serrano Suñer no veía con malos ojos el proyecto Miguel López Corral Historiador Franco censuraba el comportamiento de muchos oficiales de la Guardia Civil durante la sublevación, a quienes creía culpables del fracaso del golpe en las grandes ciudades A poco de asumir la jefatura de los nacionales ordenó a la asesoría jurídica de su Cuartel General un informe que contemplase la disolución de la Guardia Civil de Franco y contaba para su ejecución con el asesoramiento de Himmler, el lugarteniente de Hitler y todopoderoso jefe de las SS, que le habría mostrado las bondades de una policía política, extremadamente fiel y muy apta para el Estado totalitario que debía abrazar el régimen franquista. De la idea no participaban los militares citados, que recelaban de las pretensiones y ambiciones falangistas y sobre todo de la conveniencia de utilizar a un agotado Ejército en tareas impropias, como eran las del orden público y la persecución de los huidos que permanecían ocultos en los sectores montañosos del país. Algunos de aquellos militares, como Vigón, Varela, Alonso Vega y Muñoz Grandes, creían una temeridad prescindir en tales circunstancias de una fuerza veterana, que cumplía lealmente la función de garantizar el orden en la retaguardia. En el caso de Muñoz Grandes, se daba además la particularidad de que desde su puesto en el Consejo Nacional de Falange era el encargado de controlar las milicias falangistas, a las que consideraba un peligro para el orden público y una auténtica amenaza en la sombra para el futuro de la Guardia Civil, razones por las que ponía pegas a su potenciación. Sin embargo, temían que la ascendencia de Serrano Suñer sobre Franco, su cuñado, podía influir en la decisión del general a la hora de prescindir de la Guardia Civil, lo que desató una lucha de intereses que se unía a la que caracterizó los primeros años del régimen entre las distintas familias por el control del Estado. Por suerte para la Guardia Civil, la crisis que sobrevino al atentado de Bilbao contra el general Varela en 1941, atribuido a sectores falangistas, provocó el relevo de Serrano Suñer del Ministerio de la Gobernación, al tiempo que propiciaría la entrada en el mismo del coronel Valentín Galarza, hombre vinculado a Varela y como él enemigo de Serrano y de los falangistas, que dimitieron en protesta por el nombramiento de un militar para la cartera de Gobernación. Aun así, Franco se mantenía proclive a la sustitución de la Guardia Civil, y durante varios