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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE IN MEMORIAM Hans Beck El papá Gepeto de los Playmobil Murió a los 79 años, en Constanza, el creador de una humanidad puesta en juguetes a los que nunca quiso añadir dinosaurios, aviones o submarinos por ser impropios de la escala del niño FOTOS AFP POR EDUARDO CHAMORRO reó un pueblo con 2.200 millones de paisanos- -vendidos- -que lucen un cuerpo de monigote, articulado en pequeñas dosis, y una cara reducida a la expresión de los ojos y la boca, siempre curvada en una sonrisa apacible. Unas facciones tan resumidas que la cara de su pirata es un ideograma: sobre la sempiterna curva sonriente, un ojo es un punto y el otro, un parche. Los niños se hicieron con la propuesta en cuanto la tuvieron delante. El demiurgo de aquella fantasía también era consciente de que la propiedad de un niño es lo que le cabe en el puño: un muñeco que nunca pase de las tres pulgadas. Hans Beck se inventó aquella artesanía cuando se vio obligado a mantener el orden entre sus ocho hermanillos más pequeños, procedentes de la reorganización matrimonial de sus padres. Tenía entonces diez años y se le ocurrió que podría entretenerlos haciéndoles muñecos, muebles y camiones en miniatura. Los críos ya no necesitaron otra cosa para no dar la lata. El inventor de aquella animación portátil había nacido en 1929 en Zimdorf, una ciudad alemana junto a Nuremberg, centro tradicional de la industria del juguete. Además de verse en el lugar adecuado, gozaba de la cualidad más oportuna, esa que los alemanes denominan Fingerspitzengefulh y que consiste en tener unos dedos hábiles rematados por unas yemas sensibles. Unas manos con talento. Al terminar la Segunda Guerra Mundial se hizo ebanista y comenzó a trabajar en una línea de aeromodelismo que ni le pareció divertida ni suscitó el entusiasmo de sus patronos, quienes le aconsejaron que echara un vistazo a las posibilidades de las figurillas de juguete. Beck se puso a ello y descubrió un panorama dominado por los severos soldaditos de plomo y unos indios y americanos de go- C ma, más bien chungos por lo mucho que se parecían a la gente de verdad. Eran juguetes que procedían del principio del siglo XIX, sin ninguna capacidad de articulación ni posibilidades para la inventiva de un chaval de finales del siglo XX, saltarín y cuentista. Así que se puso a trabajar con unos prototipos de cuerpo articulado en sus extremidades y un rostro capaz de expresar lo que la imaginación del usuario quisiera poner en sus facciones, tan sólo sujetas a un par de puntos para los ojos y a unos labios trazados en una curva que estaba a punto de convertirse en el emblema universal de la sonrisa y del be happy Casi treinta y cinco años más tarde, hoy cabe decir que Hans Beck tuvo la suerte que tienen todos los fingerspitzengefulh llamados a la fama. Porque cuando andaba de acá para allá en busca de chiquillos ante los que desplegar sus muñequitos para comprobar lo rápido que arramblaban con todos, entonces, en aquellos días de 1973- 74, se desató la crisis del petróleo. Los muñecos en los que trabajaba Beck eran de plástico, un derivado del petróleo más rentable en la escala de sus muñecos que en cualquier otro producto de mayor tamaño entre los que fabricaba su empresa. La Feria del Juguete de Nuremberg de 1974 fue el debut de los muñecos diseñados por Beck, sus Playmobil, un juguete ante el que los especialistas torcieron el gesto, pero que los chiquillos que visitaban la feria se llevaban a puñados. Son muñecos sin nada que imponga unas reglas de juego- -explicó su creador- Los niños hacen con ellos lo que quieren y juegan como les da la gana Una compañía holandesa compró la producción de todo un año, y en 1975 dio comienzo una invasión de indios, caballeros medievales y obreros de la construcción, a cuyas andanzas no tardó en añadirse un suntuoso barco pirata, un castillo y un coche de bomberos al que nunca quiso dotar de una sirena que pusiera nerviosos a los padres La Expo 2000 de Hannover reconoció su talento, y Beck se dejó retratar con las piezas que jamás logró vender: unos trovadores medievales con un oso enjaulado, un grupo de cazadores que han cobrado un ciervo, y un camión cargado con chinos de los que construyeron el ferrocarril transcontinental americano. Con lo políticamente incorrecto no se juega. Y sin poner nerviosos a los padres Para chicos imaginativos y con inventiva En el mundo del juguete Hans Beck descubrió un panorama dominado por unos indios y americanos que se parecían demasiado a la gente de verdad, sin posibilidad para la inventiva de un chaval del siglo XX. Sus muñecos articulados y de rostro esquemático son ideales para dar curso a la imaginación del usuario