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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE A la izquierda, una de las habitaciones antivandálicas del centro Picón del Jarama. La cama y el escritorio están atornillados al suelo y no hay armarios. Las estanterías son de pladur. Las ventanas tienen rejas y los estores están hechos con tela rígida con velcro, sin barras. A la derecha, Juan Carlos Rodríguez y Patricia Beltrán, director y coordinadora de educadores del centro la mano muy educadamente, con cara de no haber roto un plato en su vida. Salvo, quizás, en algunos momentos en que se le han saltado los plomos. Juan, 14 años, de origen marroquí, es uno de los 45 inquilinos- -30 chicos y 15 chicas- -del centro de adaptación psicosocial Picón del Jarama, situado en Paracuellos (Madrid) Uno de los establecimientos señalados por el incendiario informe de 500 páginas del Defensor del Pueblo que se ha hecho público esta semana. Celdas de aislamiento, agresiones físicas, maltrato psicológico, abuso de tratamiento farmacológico... El documento está cuajado de cartas de los chicos, auténticos S. O. S. para escapar de sus hogares de acogida Picón del Jarama está al final de la empinada cuesta que da acceso al pueblo, en una calle cortada. Más allá del antiguo palacete amarillo, del purgatorio, no hay nada. Salvo el infierno. Cuando se dice que éste es el último lugar no significa que sea el peor suspira Juan Carlos Rodríguez, director del centro. Una semana difícil. Mediática. Juan Carlos está acostumbrado a lidiar con chavales muy agresivos, algunos con graves trastor- nos disociales, con tentaciones de estampar al prójimo contra la pared o de arrojarse por una ventana, en fase predelictiva o con el Rubicón ya cruzado. Pero hablar con la prensa para defenderse de las acusaciones del informe le supone un estrés desconocido. Joven, muy joven, como Ángel, el subdirector, como Patricia, la coordinadora de educadores, como la mayoría del personal que trabaja en Picón del Jarama (hasta 105 personas entre tutores, psicólogos, psiquiatras, monitores especializados en talleres, trabajadores sociales, cocineros y guardas de seguridad) defiende la labor que se realiza y niega los hechos que recoge el Defensor del Pueblo. En la visita que realizamos no hay puerta que no abra con su superpoblado manojo de llaves, ni explicación que rehúya, por delicada que sea. Los chicos con los que nos cruzamos por los pasillos se muestran afectuosos y, en ocasiones, le recitan confidencias al oído. Si hay procesión, va por dentro. Hay pupilos con enfermedades mentales que precisan fármacos, y siempre se les suministran por estricta prescripción médica aclara. En cuanto a los conatos de agresividad, no son tantos como se piensa; pero, eso sí, cuando algún chico estalla, lo hace de verdad, y es muy desagradable. Intentamos anticiparnos. Si percibimos que las cosas se calientan ofrecemos alternativas, negociamos con un cómic o con un CD de El Langui... Conseguir el equilibrio es complicado, porque pueden aprender que usando la violencia como elemento de chantaje pueden conseguir sus propósitos. Si hay peligro se produce una retención física a cargo de los vigilantes. ¿Lesiones? Estamos hablando de jóvenes altos, corpulentos y con una fuerza extraordinaria. Llamamos inmediatamente al 112 como ocurriría en cualquier situación de emergencia, y la Policía y los servicios médicos toman la decisión que consideren oportuna Estallidos de agresividad Aunque se les intenta proteger del diluvio, los chavales no son impermeables. Sí, se han enterado del informe. Las reacciones son variadas. Algunos están en contra de lo que se ha escrito. Otros, en cambio, si han discutido con su tutor están de acuerdo con las denuncias señala Rodríguez. Pero esto no es un cárcel. Pueden quejarse a los educadores o recurrir a mí si es necesario; de hecho, me reúno con todos ellos una vez al mes. El psiquiatra y yo tenemos un móvil de emergencia abierto las 24 horas del día. Existe una asamblea de menores donde expresan libremente sus quejas; en caso de considerarlo oportuno, pueden cursar denuncias en la comisaría. Ha ocurrido varias veces, pero hasta el momento el juez las ha archivado todas En los últimos meses las malas noticias rondan Picón del Jarama, abierto en junio de 2006 y cuya gestión comparten la Consejería de Familia y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid y la Fundación Internacional O Belén. En sus instalaciones se suicidó un adolescente en diciembre pasado y otro lo intentó sin éxito. No sorprenden por lo tanto las fuertes medidas de seguridad. Que el hueco de la escalera que conduce a las habitaciones esté protegido por planchas de metacrilato para evitar que alguien salte o haga saltar a un compañero. Que haya habitaciones individuales antivandálicas donde la cama y el escritorio están anclados al suelo y no hay armarios, sino estanterías de pladur, las ventanas tienen rejas y los estores están hechos con tela rígida con velcro, sin barras. Que los espejos de los cuartos de baño sean de plástico y los lavabos estén firmemente atornillados. Que los guardas registren cada movimiento dentro de las instalaciones y las salidas y entradas al recinto. Que los chavales tengan prohibida la entrada a la cocina... Los dormitorios muestran un aspecto normal si dejamos al margen esos accesorios que sirven para evitar tentaciones. En el cuarto de una de las chicas hay pósters en la pared de Cristiano Ronaldo y los Jonas Brothers. Y un orden y limpieza aceptables. Un papel pegado en la puerta evalúa el estado de revista. Los mayores riesgos están ahí, en los espacios pasivos, cuando están solos y le dan al coco, dejando que sus traumas y frustraciones crezcan. Por eso procuramos que estén activos el mayor tiempo posible. No los juzgamos; potenciamos sus habilidades, sean en el deporte, en la jardinería, en las artes plásticas... Esta mañana me ha dado un ataque de ansiedad por la situación que vivimos aquí. A mí personalmente me parece injusto que por un ataque de ansiedad se me ponga falta grave, se me aísle, se me prohiban las salidas y se me quiten los objetivos; lo que yo tengo es un problema de salud, como un ataque epiléptico o un infarto, y ya sé que si me pasa algo de esto más vale que me muera porque si no estoy sancionada, y es muy probable que pase ya que aquí no se llama ni a médicos ni a policías Este párrafo forma parte de una carta supuestamente escrita por Elena, de 16 años, que vive en este centro, y que fue publicada el 29 de diciembre de 2008 por la web www. centrosdemenores. com. No es el único testimonio recogido por este sitio contra Picón y otros establecimientos de la Fundación O Belén. La denomi (Pasa a la página siguiente) Dimes y diretes Cuando algún chico estalla, lo hace de verdad, y es muy desagradable. Si hay peligro se produce una retención física a cargo de los vigilantes y llamamos a emergencias 112 Los menores leen la prensa y están al corriente del informe del Defensor del Pueblo. Algunos no lo suscriben, pero otros, en cambio, están de acuerdo con las denuncias